«Lo que no se comunica no existe»
Gabriel García Márquez

Dorantes y Marina Heredia

Con la colaboración especial de la Banda Sinfónica de la Hermandad de Los Gitanos de Sevilla

El poder de la esencia

La reunión del pianista David Peña Dorantes (Lebrija, 1969) y de la cantaora granadina Marina Heredia (1980) sobre el gran escenario del Teatro de la Maestranza anuncia una velada con pliegues tan intensos como sutiles y poéticos.

De un lado, Dorantes ha catapultado al flamenco desde un instrumento tan singular -para el género- como el piano y, de otro, Marina Heredia ha sido celebrada por la crítica especializada por regenerar el cante flamenco con una potencia musical “estilizada e hipnótica” marcadamente poética. Dos herederos de sendas sagas flamencas que han cautivado al público con su renovación del género vienen a proclamar sus Esencias.

En la renovación de las propuestas flamencas de las últimas décadas, Dorantes se sitúa en una posición única, pues su propuesta pianística transciende los experimentos llamados habitualmente de “fusión”. Es más bien el acento jondo heredado de su saga familiar -su abuela paterna era La Perrata y en su casa había un piano que David comenzó a tocar de niño- el que ha impregnado a su formación en el conservatorio, para acabar perfilando una visión muy personal de la música con raíces flamencas. “Dorantes deja patente su virtuosismo y su capacidad de compositor, partiendo de las raíces de los estilos, infundiéndole un tratamiento libérrimo, sin perder nunca de vista, digámoslo así, los sones originarios”, señaló ABC. 

Desde la publicación de Orobroy (1999), David Peña ha desplegado una intensa carrera internacional plagada de colaboraciones con grandes artistas -Miguel Poveda, Eva la Yerbabuena, Israel Galván, Rocío Molina, Gloria Gaynor, etc…- y de reconocimientos como el de la Bienal de Flamenco que a un solo espectáculo le concede cuatro “giraldillos”: Mejor Solista, Mejor Música Original, Mejor Espectáculo y Giraldillo Especial del Público. 

Por su parte, Marina Heredia, hija del cantaor Jaime Heredia “El Parrón” y nieta de la matriarca gitana Rosa Heredia “La Rochina”, comenzó bailando en la escuela de Mariquilla y a los 12 años  ya debutó en el espectáculo de inauguración del Palacio de Congresos de Granada. Abierta a nuevos lenguajes, Marina Heredia cantó flamenco en una ópera del compositor contemporáneo Mauricio Sotelo o colaboró con la coreógrafa contemporánea Blanca Li en una versión de El amor brujo de Falla, que también ha interpretado junto a la Sinfónica de San Francisco. Ha tendido puentes con la música magrebí o ha cantado junto a Luis Eduardo Aute en un recital compartido entre flamenco y poesía, género literario al que Marina Heredia ha prestado una atención preferente -como en su disco La voz del agua– y actuando en certámenes literarios. Fue Premio Giraldillo al Cante en la Bienal de Flamenco de 2016. 

→Teatro de la Maestranza

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