Almez, latonero, lodoño

Nuestra flora | José Pérez Dávila

Latonero

Familia: Ulmaceas.

Nombre: Celtis australis L. Su nombre, Celtis, significa céltico, nombre genérico que deriva de céltis y australis: epíteto latino que significa “del sur”.

Se le ha llamado árbol loto.

En España existen varias toponimias relacionadas con este árbol, como el río Guadalmez en la provincia de Córdoba. La localidad de Torrelodones recibe su nombre de la Torre de los almeces o de los lodones, figurando este árbol en su escudo.

 

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Origen: Aunque hoy se considera su origen el Mediterráneo, procede del centro y oeste de Asia, se propagó por el norte de África y de allí a Italia y el sur de Europa en tiempo del imperio romano.

Descripción: Árbol con corteza grisácea y ramas flexibles; pierde sus hojas en invierno, sus hojas tienen forma lanceolada, acabada en una aguda punta y son asimétricas.

Las flores que nacen en las axilas de las hojas son poco llamativas.

Su fruto es redondo del tamaño de un guisante, que pasa del verde al amarillo y negro.

Florece en primavera y madura sus frutos a finales de verano y otoño. Puede llegar a vivir hasta 600 años.

Exigencias: Árbol bastante tolerante a todo tipo de suelos, aunque desarrolla mejor en los sueltos suelto. Indiferente al pH, aguanta la caliza.

Resiste bien la sequía y el calor, pero no el frío.

 

Ejemplar de almez en los Jardines de los Palomitos (Morón). Foto del autor.
Ejemplar de almez en los Jardines de los Palomitos (Morón). Foto del autor.

 

Usos: Se emplea en ornamentación. De sus semillas prensadas se obtiene aceite. Se ha empleado para fijar terrenos.

Según Plinio, de su raíz se hacían mangos de cuchillos y otros útiles pequeños. De su madera se obtiene un tinte de color amarillo para la seda.

En Portugal se usó para fabricar cestos con sus ramas. Se preparan mermeladas con sus frutos.

Por ser su madera muy dura, se han fabricado con ella toneles, bastones, cañas de pescar, mangos para útiles de labranza, cestos… Además, se obtiene leña y un carbón de buena calidad.

Sus hojas han sido utilizadas de forraje para el ganado. También se han fabricado cerbatanas con sus ramas. Su fruto es comestible.

Su madera se utiliza, desde muy antiguo, para fabricar instrumentos musicales de viento y flautas para los pastores, que así creían que alejaban a los lobos.

Propiedades medicinales: Es poco usado como medicinal. Su fruto y hojas aun verdes se han utilizado como astringente contra las diarreas, hemorragias y toda clase de flujos. Se recolectan en junio cuando los frutos están todavía inmaduros. Sus hojas y frutos cocidos se han empleado contra la disentería y para frenar los flujos menstruales muy abundantes.

 

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Componentes: Contiene taninos y mucilagos.

Historia: Teofrasto en su Historia de las plantas nos informa sobre este árbol: “su madera es dura, tanto que junto al boj y al ébano no flotan en el agua. Se dice que en Menfis hay un almez que no puede ser abarcado por tres hombres. En Libia lo confunden con el azufaifo, siendo los dos muy abundantes. Su madera es incorruptible y se le embadurna con estiércol de vaca para evitar su agrietamiento”.

Dioscórides nos dice que la decocción del serrín de su madera, tiñe de rubio los cabellos y frena su caída.

Su nombre fue utilizado por Plinio para denominar a un árbol de frutos comestibles, y cuenta que vino de África y se hizo muy familiar en Italia, y que al comerlo se evita las enfermedades gástricas.

Fue llevado a Italia por Sextus Papinius, cónsul del año 36 d.C.

Según Cornelio Nepote, se fabrica un vino con su fruto pero que no se conserva más de diez días. También nos cuenta que sus frutos machacados y mezclados con harina se guardaban para la alimentación y era utilizado por los ejércitos romanos.

Se ha utilizado para favorecer la dentición de los niños, para lo cual se tallaban unos palillos que se le ataba a la muñeca para que lo usaran como chupete.

En tiempos de escasez los niños masticaban sus frutos como golosina, aunque resultaba bastante astringente.

Sus varas se empleaban para castigar a los alumnos desobedientes.

Los griegos le llaman a sus frutos “frutos de miel”.

Algunos creen que el árbol del escudo de Madrid no es un madroño sino un almez.

En el Paseo del Prado de Madrid se encuentra un almez de 25 m, tanto de altura como de diámetro de copa, y 4 m de perímetro de tronco.

En el Real Jardín Botánico de Madrid existe un ejemplar de almez muy corpulento y de gran altura con otros de menor tamaño.

Está protegido por Ley en Andalucía.

 

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Leyendas y tradiciones: En algunos lugares tienen la costumbre de sembrar un almez cuando nace el primogénito de la familia.

Durante su regreso de Troya, las naves de Ulises y sus hombres fueron desviadas por el viento, que las llevó hasta la tierra de los lotófagos o comedores de loto. Algunos estudiosos piensan que el loto podría ser la almecina, el fruto del almez.

Se cree que de este árbol era la flauta de Pan y Amelis que atraían las aves y ratas.

Se creía que las flautas hecha con madera de almez tenían propiedades mágicas como espantar a los lobos, los malos espíritus y hasta las enfermedades.

El sátiro Marsias, amigo de Cibeles, tocaba la flauta de la madera de este árbol, para quitar la tristeza de ella por la muerte de Atis. Desafió a Apolo a que tocaba mejor su flauta que el dios su lira, y habiendo vencido, este lo mató y descuartizó.

La Mare de Deu del Lledó (almez) es la patrona de Castellón de la Plana, donde hay una iglesia con su nombre, ya que la imagen de la Virgen fue encontrada entre unos lledoners (almeces).

En San Bartolomé de Inca (Mallorca) existen dos personajes venerables; un almez del siglo XVI en el histórico monasterio de las Jerónimas y sor María de Jesús Guar, la “abuela” que lo cuida desde que llegó al convento. La historia cuenta que sor Clara Andreu llegó al monasterio en 1604 con 7 años, con un borriquillo que ató a este almez. Años más tarde tuvo éxtasis y visiones. Aunque no reconocida por la Iglesia, fue venerada por el pueblo.

Localización: Jardín de los Palomitos, avenida de La Alcoba.

 

José Pérez Dávila.

 

Fe de errores:

Por un error no atribuible al autor, en el número anterior confundimos Pino piñonero con Pino carrasco.

 

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