«Lo que no se comunica no existe»
Gabriel García Márquez

Amapola

Nuestra flora | José Pérez Dávila

 

Nombre científico: Papaver rhoeas.

Familia: Papaveraceae. El género y muchas de sus especies fueron descrita por Tournefort en 1700, después fue validado por Linneo en 1754.

Origen: Hoy se encuentra extendida por Europa, Asia y norte de África, aunque se desconoce su origen.

Descripción: Hierba anual, cubierta de pelos, con tallos de hasta 70 cm, hojas basales pinnatipartidas, con segmentos lanceolados, agudos y más o menos dentados.

Las flores son solitarias, con pétalos arrugados de color rojo —a veces con una mancha negra en la base—, con muchos estambres y ovario con entre 7 y 12 estigmas. La cápsula del fruto es oboval.

Florece desde la primavera hasta el verano. Su periodo de vida es de unos 10 meses.

Las amapolas con sus bellas flores adornan las cunetas, los trigales y márgenes de sembrados aunque últimamente se está notando alarmantemente su ausencia.

Es una planta que suele encontrarse en zonas de cultivo, por lo que acompaña al hombre en sus colonizaciones (los botánicos las llaman plantas hemerochories). También se la puede encontrar bordeando caminos o en terrenos baldíos.

En otras partes del mundo presentan otro color de pétalos, como la amapola amarilla de California.

Es del mismo género que la adormidera o Amapola blanca (Papaver somniferum), planta del sueño o del opio, de la que España es la segunda productora mundial.

 

PUBLICIDAD

 

Exigencias: Esta planta utiliza la estrategia de lo efímero, es decir, dura muy poco: unas dos o tres semanas en flor; y produce miles de pequeñísimas semillas, unas 20.000, que germinarán  meses después. Meses o años, porque pueden permanecer hasta diez años esperando que aparezcan condiciones favorables (dormición de las semillas).

Ha presentado durante mucho tiempo resistencia a los herbicidas, pero últimamente está desapareciendo de nuestros campos, lo que nos hace pensar en la agresividad de los nuevos pesticidas y herbicidas.

Es una planta que prefiere suelos calizos y terrenos en barbecho, por eso es fácil verla cerca de zonas pobladas y nunca en bosques. También necesita los nitratos del suelo que el hombre utiliza, en abonos o removiendo el suelo. Es una planta nitrófila.

Los botánicos la consideran mala hierba, pues disminuyen los nutrientes de los cereales al germinar al mismo tiempo que ellos. Por eso no es muy querida por los agricultores.

Usos: En Francia se cultiva en macizos como ornamental.

Sus hojas se consumen como las espinacas, aunque son algo tóxicas. Pierden este problema al cocinarse, aunque tiene efectos sedantes. Hoy casi no se usa excepto en Liguria, Italia, donde es un componente principal del preboggión, mezcla de hierbas de la cocina típica.

Sus hojas son venenosas para los animales herbívoros por lo que las evitan.

Las plantas jóvenes se comían como ensalada en Cataluña y Aragón. Sus pétalos se han usado como colorantes de vinos y medicamentos. Con ellos se preparan infusiones que presentan  menos efectos que la adormidera.

También se elaboraron con ellos siropes y bebidas no alcohólicas. En Mazarrón, Murcia, los pétalos se tomaban en ensalada.

Con sus flores se fabricaba un jarabe para las sopas. Para teñir las lanas se utilizan sus flores hirviéndolas en agua.

Sus semillas secas carecen de morfina. Se utilizan en cosméticos, bollería, y se extrae un aceite comestible y usado como condimento. También se usan como especias para dar sabor a las ensaladas de fruta, panes y tartas. En Egipto se emplean para decorar los postres típicos y en el pastel de café.

En el Norte de África se usa para fabricar cosméticos.

 



 

Propiedades medicinales: Se ha usado como planta medicinal desde la antigüedad, igual que la adormidera Papaver somniferum, de la que se saca la morfina y otros medicamentos como la codeína.

Se usa para calmar los dolores de muelas, tanto caries como flemones, tomando buches sin ingerir. También se ha empleado para combatir la inflamación de los párpados  y conjuntivitis.

Los pétalos y cápsulas se utilizan en fármacos.

En forma de jarabe (pétalos, agua y azúcar) se emplea para tratar la tos y el insomnio; y en infusión (cápsulas y agua) con leche también contra el insomnio.

Tiene propiedades sedantes y antiespasmódicas por lo que se utiliza en situaciones de ansiedad y, debido a su efecto suave, se puede usar en niños.

También presenta  propiedades emolientes así como relajante de los tejidos e inflamaciones cutáneas en aplicaciones externas.

Los pétalos se utilizan  para problemas  los bronquiales. Antiguamente se empleó para curar la pulmonía.

Usado para combatir la irritabilidad nerviosa en personas mayores y la hiperactividad infantil. A diferencia de la adormidera no tiene efectos secundarios.

Su consumo puede producir problemas gastrointestinales.

Al igual que la cafeína o la cocaína alteran la mente  del hombre por lo que se la considera planta psicoactiva.

Con sus pétalos desecados y cápsulas sin madurar se prepara la droga llamada Rhoeados flos.

 

PUBLICIDAD

 

Componentes: Contiene rhoeadina, un alcaloide sedante no tan fuerte como la morfina de la Papaver somniferum. También contiene tetrahidroisoquinolina, criptoquinina, ácidos mecónico y papavérico dextrosa, pectinas, sales minerales, albuminosides, ceras, caucho y otros alcaloides como isoquinoleinicos, la papaverina, mucilagos y taninos.

Las semillas contienen un 50% de aceite graso con aceite linoleico y oleico.

 

Historia: Los asirios la llamaban «hija de los campos» y los griegos «flor de Afrodita», diosa de la vegetación.

Los romanos la dedicaron a Ceres, diosa del grano.

La Biblia la nombra en Isaías 40,6-8 y Pedro 1,24-25.

Dioscórides nos cuenta que «El papaver errático llamado Reas, porque se vuela presto sus flores, nace en los campos y entre la cebada la primavera. Su flor es bermeja y a veces blanca y semejante a la salvaje Anemone. Cozeras cinco o seis cabezuelas en tres cuartos de vino y darás a beber a los que quiere que se adormezcan».

En Europa Central con sus semillas se cocinaban pasteles .

Las amapolas inspiraron al pintor francés Monet en uno de sus más famosos cuadros, «Las amapolas».

En Inglaterra, en el funeral de Jorge VI se utilizó una corona de amapolas.

 

Leyendas y tradiciones: En el lenguaje de las flores significan sueño.

En Cartagena, Murcia, se recogen el Sábado Santo para tener suerte.

Por su color y fragilidad de sus pétalos se la ha considerado símbolo de la gloria y de la muerte.

Se la considera símbolo de la Toscana (Italia).

Se cree que con solo tocar sus pétalos, algunas personas sufren de somnolencia, pues la planta le traslada a través de la piel sus principios activos.

En el terreno situado entre las trincheras de la Primera Guerra Mundial no crecía nada excepto amapolas, por lo que se la consideró símbolo de paz y de la también llamada Gran Guerra.

Cada mes de julio, en el rio Somme en Francia, donde tuvo lugar una de las batallas más sangrientas de dicha guerra, se arrojan amapolas a un cráter, La grande Mine, de 30 metros de profundidad y 100 de diámetro,  que quedó como consecuencia de una mina colocada bajo las líneas alemanas.

La costumbre de relacionar la amapola con los muertos en las guerras viene de las guerras napoleónicas, cuando se cubrían de amapolas los terrenos donde se encontrabas fosas comunes de soldados caídos en combate, posiblemente porque la cal usada en dichas fosas facilitaba la proliferación de amapolas, al ser una de las pocas plantas que prefiere suelos alcalinos.

 

PUBLICIDAD

 

En los países de la Commonwealth se guarda un minuto de silencio a la undécima hora del undécimo día del undécimo mes —Día del Armisticio, Día de los veteranos o Día de la Amapola— en el que  se conmemora los caídos en la Primera Guerra Mundial con una amapola de papel. Después ha quedado como símbolo de los soldados fallecidos en otras guerras: la Segunda Guerra Mundial, la del Golfo, etc.

Al cumplirse el centenario del inicio de la Primera Guerra Mundial, se cubrieron los fosos de la Torre de Londres con 888.246 amapolas de cerámica en homenaje a los soldados de la Commonwealth caídos en dicha guerra.

Poema en los Campos de Flandes del Teniente Coronel médico canadiense John McRae, dedicado a su amigo el Teniente Alexis Helmer, fallecido el 2 de mayo de 1915:

«En los campos de Flandes
crecen las amapolas.
Fila tras fila
entre las cruces que señalan nuestras tumbas.
Y en el cielo aún vuela y canta la valiente alondra,
escasamente oída por el ruido de los cañones.
Somos los muertos.
Hace pocos días vivíamos,
cantábamos, amábamos y éramos amados.
Ahora yacemos en los campos de Flandes.
Contra el enemigo continuad nuestra lucha,
tomad la antorcha que os arrojan nuestras manos agotadas.
Mantenerla en alto.
Si faltáis a la fe de nosotros muertos,
jamás descansaremos,
aunque florezcan
en los campos de Flandes,
las amapolas».

 

José Pérez Dávila.

 

PUBLICIDAD

 

La Web de Agenda Atalaya utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y de nuestra política de cookies, Acceda al enlace para más información.

ACEPTAR
Aviso de cookies