«Lo que no se comunica no existe»
Gabriel García Márquez

Bodega La Mazaroca en Arahal

Adentrarse en la aventura del sabor en La Mazaroca es exponerse a la sensibilidad de unos platos que traen paladares de siempre, hechos con las maneras de ahora.

Si en esta bodega la flamencura se respira en el ambiente y se destila a base de ratitos mágicos, esa presencia de lo jondo está también en su cocina. Porque teniendo en cuenta que ser flamenco es pisar en la vida de una determinada manera, enfrentar las cosas a las cabales formas, en los fogones de La Mazaroca está la claqueta, el ritmo, el corazón y el alma de esta bodega.

Tan es así que, por mucho que la bulla quiera comerse la barra, la claqueta del chef acompasa la maestría con el buen servicio, el paladar con las buenas maneras y el gusto en el estar con la redondez de los sabores.

Y así, envueltos en la magia del tres por cuatro, los cuidados productos de la mar y de la tierra se maridan en atrevidas, fantasiosas e inolvidables propuestas culinarias que le destapan las esencias al más pintao.

Jorge Blanca, maestro de esa flamencura gastronómica, se reinventa a sí mismo cada día, como los grandes maestros hicieron siempre en el universo de lo jondo.

En definitiva, asomar por La Mazaroca es entregarse al blanco, a los Blanca, en una rendición sin condiciones ante unos platos, un servir y un entender la vida que te conduce a ese absoluto, a esa unidad y esa paz que se condensan en el color de colores.

Y si por suerte, allí te topas además con el flamenco… el blanco se te puede terminar descomponiendo en toda la gama cromática, porque en La Mazaroca presenciar la magia de lo jondo es como pasear por el cielo en Arco Iris.

bodegalamazaroca.es / Fotografías de Fidel Meneses.

 


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