Brasil o el golpe

Memorias del destierro. Raúl Cortés

109 Memorias del destierro. Raúl Cortés

 

Vivo en una casa de madera en mitad de la espesa mata atlántica. Por las noches, los golpes de mar en mi ventana son el arrullo que me adentra en el sueño. Por la mañana, el compañero chileno que estudia a Heidegger me despierta bien temprano, al otro lado de la pared, con los inmortales golpes de la guitarra de Víctor Jara. Y en este decidido otoño, la tempestad golpea con furia los endebles muros de la casa y todo cruje como un barco a punto de naufragar. Sin embargo, ha sido otro el golpe que ha hecho zozobrar la casa y el país entero: el que se ha perpetrado en el gobierno.

Los golpes modernos son más asépticos, con menos ruido de botas y sin aparato de sables. A estas alturas, el capital detesta ciertas ostentaciones formales. Ya no precisa que los tanques desfilen por las calles, ni que señores bajitos, de contrastada mediocridad y medallas en el pecho, frunzan el ceño para asustar a los vecinos. Hoy los golpes son ejecutados por el poder financiero. Y eso es lo que ha sucedido en Brasil, cuya política es tan compleja como su geografía.

Hasta ahora en Brasil gobernaba el Partido de los Trabajadores, al que encumbró Lula como gran esperanza de la izquierda sudamericana. Pero, en los últimos tiempos, el PT —acuciado por la corrupción— ha precisado de algunas amistades peligrosas para formar gobierno: grandes empresarios, claramente conservadores y con una amplia hoja de corrupciones en su haber. Obviamente, mantener a estos socios tenía un coste: abrazar las políticas neoliberales, adelgazando el programa real de izquierdas.

Y los socios han sido socios hasta que les ha dejado de convenir esa sociedad. Ya se sabe que en la política tradicional es inconsistente la línea que separa la alianza de la traición… Así que, hace unas semanas, el gobierno brasileño sufrió un golpe folclórico-financiero y, desde entonces, gobierna Temer. La primera decisión del nuevo ejecutivo fue formar un gobierno completamente de hombres blancos. Ni mujeres ni indígenas ni negros, en un país donde la negritud es mayoría. Toda una declaración de principios.

 

109 Memorias del destierro. Raúl Cortés

 

La segunda decisión fue suprimir algunos ministerios, entre ellos el de cultura (MINC), que ha sublevado a los artistas brasileños. En todos los estados del país, los artistas han okupado edificios del MINC reclamando la restitución del ministerio y la dimisión de Temer. La presión social ha sido tal que el nuevo presidente ha tenido que dar marcha atrás. Sin embargo, el movimiento de okupación no ha aflojado, más bien al contrario. Fortalecido por la temprana victoria, los artistas se están organizando de norte a sur, plantando cara al gobierno ilegítimo y colmando de actividades culturales —y autogestionadas— los edificios ocupados.

Un contragolpe artístico que hay que celebrar, porque cada vez son más escasos las oportunidades de sonreír. Hoy toca bailar sobre el gesto mohíno de los que siempre ganan. ¿Mañana? Mañana tal vez sea otra cosa, pero ya llegará; mientras tanto que alegre la samba los días inciertos de la resistencia…

 

Raúl Cortés / Fotografías de Eduardo Valente.

 

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