Candil de Oro, origen de la leyenda

por Juan José García López, Cronista oficial de Morón

Candil de piquera

 

Publicamos el discurso de Juan José García, popularmente conocido en Morón como «Charrito», tras recibir de manos de Juan Diego Mata —director de la Biblioteca Pública Municipal Cristóbal Bermúdez Plata—  el premio Candil de Oro por su trayectoria, durante el primer Encuentro Cultural Campiña Sierra Sur que tuvo lugar el sábado 30 de mayo de 2015 en El Castillo de las Artes de Morón de la Frontera.

 

«Comienzo confesando que preferiría no encontrarme en estos bretes, pero una vez que llegan, aceptarlo con deportividad y decir, muchas, muchas gracias.

Si hay personas que ven en uno cosas que uno mismo pone en duda, están en su derecho y no vamos a ser nosotros los que les tuerzan el gusto, al contrario. Así que aquí nos encontramos, nada más nada menos que intramuros de las ruinas de nuestro castillo, en el interior de la torre testimonial de tantos actos, funciones, agasajos, que hasta su nombre hace honor a esta función: Torre del Homenaje.

Lo que más me ha deslumbrado de este premio —de verdad— es el fulgor de su propio enunciado, “Candil de Oro”. Y esto, asociado al ecléctico castillo medieval donde nos encontramos, nos lleva a una vieja crónica que de esta fortaleza escribió Cristóbal de Balbuena, hacia 1650 y que se pudo leer impresa, antes de convertirla en leyenda, en una revista que existía en Morón en el primer tercio del siglo XX.

Es una curiosa descripción de la fortaleza y sus diversas dependencias; pero aterrizando en la parte que nos interesa, dice Balbuena:

 

«Todo alrededor del claustro había muchas salas, su grandeza era mucha, los enmaredados de castaño, las puertas y quicios dorados; vi una sala de armas para poder armar quinientos hombres, y en medio un candil que hacía una arroba de aceite».

Y ahí tenemos el candil, que efectivamente debió existir. Cuando el cronista lo cita, no dice nada de que fuera de oro o de plata. Eso lo añadiría la fantástica leyenda que se despertó en el pueblo en torno del candil, que encandilaría a un tal Antonio Copado que mandó a los trabajadores sociales (los del PER) de su época a excavar en todo el castillo, hasta que apareciera el candil, que según la leyenda se dejaron los moros.

 

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Este Copado, según un señor mayor que anda por aquí pero no quiere que revele su nombre, fue un teniente retirado de la Remonta, que una vez jubilado del ejército se arrimó al Ayuntamiento y llegó a ser Jefe de la Policía Local. En 1932-33, persona de confianza del alcalde republicano, Estanislao Gutiérrez Ladrón de Guevara. Copado capitaneó las cuadrillas que buscaba la lámpara reseñada por Balbuena en el siglo XVII. Y el ingenio popular —según la Murga del Chicharrón— le sacó una copla que decía:

 

En el pueblo de Morón / los repartíos excavaron
en el Castillo del pueblo / buscando un candil de oro
que hace una arroba-aceite  / que se dejaron los moros.
Y don Antonio Copao / está loco de alegría
de ver que se pone rico / en cuanto asome la torcía.

 

Diez años más tarde otra Murga, ésta tuvo que ser clandestina, ya en la Dictadura, compuso para cantarla a hurtadillas:

 

En unas excavaciones / que en el Castillo cavaron
vamos a decir, señores / todas las cosas que allí sacaron.
Un candil con su larga torcía  / que los moros tenían pa’lumbrá
y además pudieron encontrar / un traje de picaor
y unas botas de montar, / una ocena escupieras
las que las q’usaba el gran sultán. / Y por último sacaron
de ese Castillo infinito / los alpargates de pita
que se dejaron los Cancanitos.

 

Con todo esto queremos decir que el hecho del candil estuvo siempre presente en el recuerdo de las distintas generaciones de moronenses. Y ahora, por si fuera poco, se instituye el Premio “Candil de Oro”, que viene a robustecer esta mítica leyenda.

Pues nada, que sirva este candil del galardón para que siga iluminando a los soñadores de nuestra casta, porque para mí, como ya lo sería para Osear Wilde, ningún artista ve las cosas como son en realidad. Si lo hicieran, el Castillo de las Artes no se hubiese establecido en este gran mirador de Morón. Si los artistas vieran las cosas como son en realidad y no como la sueñan, dejarían de serlo. Un artista será siempre un soñador. Y nada más; muchas gracias amigos por haberse fijado en este «uno más de Morón» y por todo cuanto hacéis en beneficio de la cultura.

Título original del texto: Premios “Candil de Oro” del Castillo de las Artes. Sábado 24 Mayo 2015.

 

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