«Lo que no se comunica no existe»
Gabriel García Márquez

Cedro, cedrus deodara

Nuestra flora | José pérez Dávila

Nombre científico: Cedrus deodara, Cedrus libani, Cedrus atlántica Cedro

Familia Pinaceae

Su nombre Viene del griego kédros: enebro y también se nombraba con ese nombre todas las maderas aromáticas conocidas por Homero. Otros creen que viene del griego kaío que significa quemar o sahumar, por el perfume que exhala su madera al ser quemada.

En hebreo viene su nombre de raíz qdr, a la voz qadar, que significa sombrío y oscuro y en árabe magnificencia y poder, sinónimo de grandeza;

Linneo lo llamó Pinus cedrus, Dioscórides nos aclara que el kédro de los griegos era un enebro.

 

Origen: Cedrus libani del Líbano, Cedrus atlantis del Atlas y Cedrus odorata del Himalaya; al que también llaman “Árbol de Dios o árbol divino”.

 

Descripción: En la península se dan tres tipos de Cedros: el cedro del Líbano, cedro del Atlas (que algunos consideran como una variedad del Líbano pues sus diferencias lo atribuyen a adaptaciones al medio) y cedro llorón o del Himalaya, aunque por hibridación hoy se conocen muchas variedades o razas.

 

Usos: Su madera se usó en Grecia para conservar alimentos ahumados.

Su madera resiste la putrefacción cientos de años, por lo que se ha usado en postes, vigas, traviesas etc.

De su madera se obtenía antiguamente un aceite que se utilizaba para cosméticos y bálsamos para la momificación.

Era empleado para impregnar las hojas de papiro, en las que escribían los egipcios para evitar el ataque de insectos.

Desinfectante y limpiador multiusos, ambientador y quitamanchas.

Su esencia se usa en perfumería.

Su madera se ha empleado en carpintería de lujo.

Los antiguos lápices de colores Alpino, estaban hechos de madera de cedro, lo que les daba un olor muy particular que aun recordamos los que tenemos cierta edad.

Su madera contiene muchas cámaras oleíferas por su albura, con un olor resinoso muy aromático, por esta razón fue empleado en la construcción de muchos edificios nobles.

 

Propiedades medicinales: El aceite esencial obtenido de la destilación de su madera, tonifica la piel, favorece la circulación, elimina toxinas, alisa la piel eliminando la celulitis y es usado en el cuidado del cuero cabelludo.

En agua hirviendo, se pretendía que su vapor purificar el aire y así protegerse de la lepra.

En la medicina naturalista, se usa para tratar las afecciones respiratorias, eccemas cutáneos, antisépticos y también en baños y masajes tranquilizantes.

Su aceite esencial se utiliza para cuidados de la piel y el cabello, anticaspa, acné, dolor de muelas, usado en aromaterapia, antiséptico, diurético, fungicida, expectorante, insecticida, sedante, desodorante, vasoconstrictor, antiinflamatorio, regula la menstruación y contra la dermatitis seborreica.

 

 

Componentes: Alfa –cedrenos, beta-decedrenos, cedrol, atlantonas, cariofilenos, cardineneno y sesquiterpenos

 

Historia: El Cedro del Himalaya fue introducido en Europa en el 1822. Homero nos dice que en el palacio real de Troya, había una habitación de madera de cedro. Escritores como Teofrasto, Plinio, Dioscórides o Virgilio confundían al cedro con el enebro.

De cedro se construyó el templo de Éfeso, la estatua de Artemisa, el palacio asirio de Persépolis, la estatua de Afrodita Morpho en el templo de Afrodita en Esparta y puertas monumentales en Egipto y Mesopotamia.

De cedro eran las puertas del templo de Apolo en Delos y las del tesoro de Eleusis.

Darío, rey persa, mandó traer desde muy lejos madera de cedro para la construcción de su palacio de Susa.
El escritor francés Lamartíne, en su libro “Viaje al Oriente”, cuenta lo maravillosos que son los cedros de Ehden, que habían sido mencionados por el profeta Ezequiel como los más hermosos del Líbano. Desde muy antiguo eran venerados por la población, que les atribuía incluso un alma, inteligencia e incluso el poder de previsión del tiempo climático. Cuando visitó la zona en 1833 solo encontró siete ejemplares a los que se atribuyó una edad de unos tres mil años. Esos mismos siete cedros habían sido observados por el naturalista Labillardiére en 1787.

Gustavo Faubet , años más tarde recorrió la misma zona y encontró que los cedros estaban muertos.

Su madera se ha utilizado para la construcción de templos y palacios.

La biblia nos cuenta que el templo construido por el rey Salomón con maderas de ciprés, sándalo y cedros que fueron empleadas en vigas, artesonados, columnas y sus capiteles. Este rey según refiere el “Libro I de los Reyes”, era un gran entendido en árboles y una vez terminada la construcción, mando forrarlo interiormente con planchas de cedro talladas, fue llamado “Palacio del Bosque del Líbano”. Se necesitaron tantos cedros que se cuenta que trabajaron treinta mil hombres en cortarlos. Hoy se cree que no fue el cedro el empleado en el templo sino el alerce, ciprés y enebro que era confundido con el cedro.

Salomón citó a este árbol en el “Cantar de los Cantares”.
Más tarde Fray Luis de León tradujo ese libro y comparó al esposo con el cedro.
Junto a la madera de abeto y pino fue muy apreciada para la fabricación de barcos como en Siria y Fenicia.
Son famosos algunos cedros como el del Museo del Prado en Madrid así como el de la fuente del berro.
Se ha usado su madera para fabricar muebles por su durabilidad, resistente a los insectos y ser aromática.
Leyendas y tradiciones

Al humo que se desprendía al quemar su madera se le suponía propiedades desinfectantes sobre todo para el ganado. En “las Gerorgias” se dice “Aprende a encender en los establos cedro oloroso”.

La mitología asiria se cuenta como los bosques sagrados de cedros eran custodiados por un terrible monstruo Kumbaba el

Fuerte, que le había sido encargado por el dios Bel Marduk, padre de la Creación y más tarde creador del hombre.

El héroe Gilgamesh (compuesto por dos tercios divinos y un tercio humano) mató al dragón, por lo que al desaparecer el guardián los cedros fueron aniquilados por el hacha de los hombres.

De allí se viste el bosque y la arboleda
Y el cedro soberano,
Adonde anida el ave, adonde enreda
Su cámara el milano

 

José pérez Dávila

 


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