Entrevista con Cristóbal Martín

Pintor naïf nacido en Osuna en 1931

Cristóbal Martín en Osuna

 

«Siempre me ha gustado conocer y aprender de los mejores. Eso me ha proporcionado vivir de cerca muchos ambientes artísticos, en la Pintura, la Música, el Humor, el Flamenco… He tenido la suerte de conocer a grandes artistas, de los que guardo con orgullo el tesoro inigualable de su amistad y su recuerdo».

 

Naciste en 1931. ¿Cómo era la Osuna de tu infancia?

Mi madre era maestra nacional y tenía el colegio en la misma casa que le proporcionaba el Ayuntamiento. A los 14 años de edad, yo ilustraba las libretas de sus alumnas, lo que me permitía desarrollar la imaginación y la inventiva. Los años cuarenta en aquella Osuna de calles empedradas y poco iluminadas, fueron los de mis primeros cursos en el Instituto de Bachillerato, en el que tuve como profesor de Dibujo a D. Arturo Garrigó, médico, que fue quien me preparó para cuando hice el ingreso en la Escuela Superior de Bellas Artes de Sevilla.

 

En los años 50 estudias en la Escuela de Bellas Artes de Sevilla.

Yo conocía en Osuna a Miguel Pérez Ramírez, hijo de un retratista, que estudiaba en la Escuela. Miguel, artista ursaonés hoy injustamente olvidado,  fue el que me informó y animó a estudiar Bellas Artes. La Escuela se encontraba entonces en la Puerta Osario, en el edificio que había sido estudio del pintor Gonzalo Bilbao, junto a las cocheras de los tranvías. Tuve como profesor en Preparatorio, a D. Juan Rodríguez Jaldón, que no llegué a ver porque iba por la clase muy temprano, y cuando yo llegaba ya se había ido a su estudio. Otros profesores fueron Alfonso Grosso, Juan Miguel Sánchez  y Miguel Pérez Aguilera. Entre mis compañeros de clase en Preparatorio se encontraban Carmen Laffón, Francisco Cortijo y Santiago del Campo. Allí conocí también a Francisco Moreno Galván, Joaquín Sáenz y a Juan Romero, con el que sigo manteniendo una buena amistad.

 

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Correos y Telégrafos. Osuna.

 

Con veintitantos años publicas algunas viñetas en el Don José (1955-1958) de Tono, Neville, López Rubio, Llopis o Gila.

Mi ilusión de colaborar en La Codorniz de Miguel Mihura se vio compensada con la aparición del semanario de humor Don José, que dirigía Antonio Mingote y admitía colaboradores espontáneos. Comencé a mandar viñetas y, a partir del número 5, tuve la satisfacción de verlas publicadas junto a los grandes maestros Tono y Mihura.

 

Pepe Romero, el conocido pianista flamenco, te llamó para formar un grupo musical en Madrid, en el año 1963.

Todo empezó en la emisora de Radio Juventud de Osuna, a finales de los años cincuenta, para la que grabábamos, él con el piano y yo con la guitarra española, un programa con temas musicales de moda en aquellos años, como Cuando calienta el sol o Sapore di sale.  Más adelante compré una guitarra eléctrica, y cuando Pepe se marchó a Madrid para ampliar sus estudios de piano me llamó y formamos el grupo. Interpretábamos música para bailar, pero a Pepe no le iba aquel tipo de música. Su mayor afición era el flamenco y cuando me reuní con él ya conocía a muchas figuras del cante, como Pericón de Cádiz, Rafael Romero El Gallina y el gran maestro Pepe el de la Matrona.

 

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Antiguo Hospital de la Merced. Osuna.

 

¿Conociste el ambiente flamenco madrileño?

Con Pepe Romero y otros amigos íbamos a locales como la Peña Charló, donde escuchamos a Bernardo el de los Lobitos, o al Bar Los Grabieles, cuando cantó Manolito María, con el que estaba anunciado que le acompañaría Diego el del Gastor, pero éste mandó una carta diciendo que iría su sobrino Paco. Los domingos por la tarde, nos reuníamos en casa del catedrático D. Elías Terés, en una tertulia en torno al gran cantaor, ídolo de los aficionados  madrileños, Pepe el de la Matrona. También asistían dos jóvenes que con el tiempo llegarían, junto con Pepe Romero, a tener un sitio  importante en el  flamenco, cada uno en su especialidad: José Blas Vega, historiador e investigador, autor  junto a Manuel Ríos Ruiz del Diccionario Flamenco, y Enrique Morente, que entonces estaba, como se suele decir, buscándose la vía en Madrid.

 

¿Cómo se sentía el de la Matrona con vosotros?

Se sentía a gusto, porque sabía que le escuchábamos con respeto y le apreciábamos como persona.  A sus 80 años tenía una memoria prodigiosa recordando anécdotas y  cantando letras, que Blas Vega iba apuntando en su libretita. Como esa de Qué bonita está Triana / cuando le ponen al puente / banderas republicanas.

Como buen andaluz, era muy ocurrente y tenía una lengua bien afilada. Años después, cuando yo estaba con Los Beatles de Cádiz, me lo encontré en el Bar Viva Madrid y recuerdo que le dije: «¿Sabe usted que Pepe Menese ha cantado en el Olympia de París?». Y él, muy rápido, me contestó: «Yo no canto donde salen mujeres en cueros».

 

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Estuviste tres años actuando como guitarra, con los Beatles de Cádiz y debutaste con ellos en Los Canasteros.

En 1965 yo me había pasado ya a otro grupo madrileño, con el que me encontraba actuando en el baile de los domingos en El Hogar de Los Músicos, cuando llegó Enrique Villegas con Los Beatles de Cádiz, buscando un guitarrista para debutar aquella misma noche en el Tablao Flamenco Los Canasteros, de Manolo Caracol. Me llevaron a su pensión y, mientras cenaba  un par de huevos fritos, me cantaban las canciones del popurrí que tenía que acompañar con la guitarra eléctrica. Yo sabía que aquello iba a tener un gran éxito y disfrutaba todas las noches escuchando a Manolo Caracol, con Arturo Pavón y Melchor de Marchena.  Enrique Melchor era un niño que estaba siempre sentado en la escalera, haciendo dedos. Al verano siguiente volvieron Los Beatles de Cádiz a Madrid, a la Sala Pavillón de El Retiro, y me llamaron diciéndome que tenía que salir ya al escenario, con Eduardo, el otro guitarrista. En esta sala participamos en la presentación de la joven artista Rocío Jurado. A partir de ahí todo fueron éxitos en las mejores salas de fiestas y tablaos de Madrid, Pasapoga, El Biombo Chino, Villa Rosa, y de toda España. Incluso actuamos en varias películas, como Acompáñame, con Rocío Dúrcal. El repertorio era el clásico de las agrupaciones gaditanas: pasodoble, el cuplé y el popurrí, y otros temas como Charlot que han interpretado varias agrupaciones en los últimos carnavales de Cádiz.

 

En 1968 regresas al Instituto de Osuna como profesor de Dibujo. ¿No echaste de menos aquí la intensa vida madrileña?

Mi amigo y profesor de Química en el Instituto, Mariano Zamora, me avisó que había quedado libre la plaza  de profesor de Dibujo y no podía desaprovechar aquella ocasión. Yo incluso  había comprado ya un piso en Madrid. En Osuna me volví a encontrar con la que era mi verdadera profesión de profesor. Enseguida comencé a amenizar los  recreos con temas de Otis Redding, Elvis Presley o Los Beatles de Liverpool, a dar clases de guitarra a los alumnos y a participar en las representaciones teatrales.

 

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Viernes Santo en la Alameda de Osuna.

 

El flamenco era otra de tus pasiones. ¿Desde cuándo?

A mí me gustaba escucharlo en la antigua Radio Sevilla o en los espectáculos flamencos que venían por Osuna. Con la célebre Antología de Cante Flamenco editada por Hispavox en el 54 empecé a darme cuenta de la importancia que tenía. Pero fue  mi amigo Pepe Romero, antes de nuestra experiencia en Madrid, el que me enseñó muchas tardes, en un bar de Osuna, a escuchar los cantes de Antonio Mairena, al que consideraba el Juan Sebastián Bach del Flamenco.

 

Eres uno de los responsables de la creación en Osuna de la Tertulia Flamenca, ¿no es así?

En el Instituto me encontré con un buen grupo de profesores y amigos que querían saber algo más de flamenco, como Mariano  Zamora, Mariano Rivera y José Luis Navarro, que es  hoy un conocido  conferenciante y autor de varios libros con temas flamencos. Nos reuníamos todas las semanas, y para hacerles conocer los cantes yo utilizaba el libro Mundo y formas del  Cante Flamenco, de Ricardo Molina y Antonio  Mairena, que ilustraba con discos de Juan Talega, Fernanda de Utrera, Mairena, etc. Al poco tiempo ya distinguían lo que era una soleá de Alcalá o una siguiriya del Marrurro.

De ahí surgió la idea de crear una Tertulia Flamenca, de la que fui el primer presidente. Pepe Romero seguía por Madrid, donde había grabado ya, en 1967, su primer disco como pianista flamenco, con la casa Hispavox.

 

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¿Cómo fue la inauguración?

La Tertulia se inauguró en el verano de 1970, con dos recitales de Antonio Mairena y Pepe Romero, en el patio del Instituto, cuando todavía estaba en lo que fue la antigua Universidad. Nuestro amigo el poeta moronense Alberto García Ulecia hizo la presentación de Pepe Romero, con el que le unía también una gran amistad. Y el flamencólogo Miguel Acal presentó a Antonio Mairena.

 

¿Qué era La Pringá?

Nuestro modesto festival flamenco, que llamábamos así, La Pringá, y dedicábamos cada año a un cantaor que aceptaba desinteresadamente, puesto que nunca contamos con subvención. Antonio Mairena, Luis Caballero, Naranjito de Triana, El Lebrijano, María La Perrata, José Menese, Chiquetete, Fosforito, José el de la Tomasa y Calixto Sánchez fueron los cantaores homenajeados.

 

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Diego del Gastor.

 

¿Tuvo mucha relación con Osuna Antonio Mairena?

Para mí Antonio Mairena  fue siempre el mejor, y yo procuraba encontrar  un motivo para traerlo una y otra vez a la Tertulia, manteniendo con él una gran amistad hasta su muerte. En 1980 dio una conferencia-recital, organizada por la Tertulia de Osuna, en la que fue su última actuación en público, en el patio de la antigua Universidad, a la que asistieron numerosos amigos de las Peñas Flamencas de Morón, Los Palacios, Sevilla , Córdoba, Ceuta, Barcelona, Mairena, etc. Alberto García Ulecia dio también un recital de sus poesía en la Tertulia y participó, junto con Pepe Romero, en el acto in memoriam, tras la muerte de Antonio Mairena, que organizamos los Amigos de la Tertulia, ya desaparecida, en el Instituto de Osuna, al que asistieron Manuel y Curro Mairena.

 

¿Conociste a Diego el del Gastor?

En los años 50 actué en un festival que organizó la Caja de Ahorros San Fernando en Osuna, interpretando a la guitarra el tema Romance Anónimo. En aquel festival participó también Diego el del Gastor, que se ofreció a darme clases de guitarra gratis, pero yo no tenía entonces dinero ni medios para desplazarme a Morón. Seguí viéndolo y escuchándolo cuando venía por Osuna, donde tenía una zapatería Joselero, el hermano de Luis Torres Cádiz que se casó con una hermana de Diego. Con Joselero de Osuna y su sobrino fuimos, en su coche, al I Gazpacho de Morón de 1963. Y una vez tuve que pagarle a Diego el traslado de Osuna a Morón, después de haber estado toda una noche de fiesta en el bautizo de la hija de un amigo. Lo que no pudimos conseguir fue traerlo a la Tertulia, pero le hice un retrato que estuvo colocado en el local desde la inauguración hasta el final.

 

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Las lotera de la Puerta del Sol.

 

En Osuna participaste junto con Rodolfo Álvarez Santaló y otros amigos, en la creación del periódico El Paleto II Época.

Rodolfo era el director, escribía las editoriales y hacía los tebeos de El Paleto. Era un buen pintor, buen dibujante y gran conversador. Le gustaba tomar copas con los amigos y cuando montábamos el periódico, no nos faltaba el vino y ya estábamos hasta la madrugada. Yo colaboraba como dibujante y con entrevistas a artistas flamencos como Mairena, Luis Caballero, Naranjito de Triana, Joselero de Morón, Pedro Bacán, La Perrata, Lebrijano, Pedro Peña, José de la Tomasa, Menese, Chato de Osuna, etc.

 

Doña América Martínez también te dio clases de Guitarra en el Conservatorio de Sevilla.  ¿No te consideras muy afortunado por compartir y aprender de personas con tanta valía y tan significadas en el mundo cultural?

Siempre me ha gustado, desde que comencé en la Escuela de Bellas Artes, conocer y aprender de los mejores, y eso me ha proporcionado vivir de cerca muchos ambientes artísticos, como la Pintura, la Música, el Humor, el Flamenco, etc. He tenido la suerte de conocer a grandes artistas, de los que guardo con orgullo el tesoro inigualable de su amistad y su recuerdo.

 

¿Qué haces ahora Cristóbal?

A partir de mi jubilación como profesor de Dibujo, practico la pintura Naïf, con lo que he ampliado el círculo de amistades, dentro de este mundo mágico, con artistas españoles y europeos, como Amalia Fernández de Córdoba, Sema Çulam o Tito Lucaveche.  Participo actualmente en Exposiciones de Arte Naïf Europeo en la Galería Éboli, de Madrid, en la Bakrac, Sanat Galerisi, de Estambul y en la Galería Mía Cara de Copenhague.

 

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