«Lo que no se comunica no existe»
Gabriel García Márquez

Alberto Moreno ‘El Cucharillas’. Ritmo y libertad

A contracorriente | Rosario Maldonado

Pies descalzos, nervio interior, sonrisa y boina. Todo listo, al escenario. El Cucharillas se deja ver por las grandes salas y festivales tras haber dejado su esencia en más de doce países y veinte ciudades. Compartir experiencias era el objetivo, intercambiar sensaciones.

Siempre le ha gustado viajar, y desde que su abuelo le regaló un tambor rociero a los cuatro años —que él mismo eligió entre otros juguetes— supo que la música le acompañaría en cada paso que sus pies, descalzos o vestidos, eligiesen dar. De esta forma, cuando cumplió diecinueve inició su primer viaje junto al bajista de un grupo que le marcaría de por vida, la banda arahalense de rock and roll Stinkis, y otro compañero a la guitarra. Un tiempo después, consiguió el objetivo de recorrer Europa hasta llegar a Berlín haciendo música, y esta vez lo haría con su grupo Tres Esfinges de Bikini.

Era pequeño pero pensaba a lo grande. Apenas lo separaban del suelo un metro y treinta cuando aparecía por el local de ensayo de los Stinkis y comenzaba a dar sus primeros pasos como batería del grupo. Tenía once años, y compartió con ellos otra década. Entre risas, cuenta su experiencia con los compañeros, merecedores del Candil de Oro de Agenda Atalaya en 2015. «Aun estando sentados eran más altos que yo». Alberto Moreno creció entre ellos y descubrió su pasión por la batería gracias a Jesús Ontanilla, vocalista y guitarra y sus consejos.

Fue alumno de la Escuela Municipal de Música de Arahal y para él es fundamental reconocer el buen hacer del que fue su profesor, Álvaro Maldonado. También pasó por la Banda de Música haciéndose cargo del bombo y la caja. Pasado un tiempo comenzó a viajar y a «conocer la calle», tocar en espacios públicos y recaudar el dinero suficiente para comida y gasolina. Destaca la experiencia de pasar por el País Vasco, Francia y Berlín. Y aunque en España no le abrían las puertas y casi no le dejaban pisar la calle, siempre recordará la buena acogida en otros países donde pasaban la noche en casa de cualquier transeúnte que detenía su camino al escuchar su música. «Yo no me quiero quedar en tu ciudad, solo quiero pasar y tocar por tu ciudad», responde este músico que se considera nómada ante ciertas leyes restrictivas con la música callejera.

Alberto Moreno es un músico inquieto, al que le gusta crear sonidos y desarrollar melodías para añadirlas en los temas de sus grupos. Porque, además de ser batería freelance, trabaja con artistas de la talla de Capitán Cobarde, Calambres, Mi Hermano y Yo, Antónimo, y su grupo propio, Astropálido, una banda que parte de la metamorfosis de Genérica, proyecto anterior de dos compañeros al que se unió después de pasar por un duro momento profesional. «Cuando terminamos de grabar el disco, pensamos que no tenía nada que ver con lo que se hacía en Genérica. Estábamos ante una nueva etapa, y nos encantaba como sonaba». Así, junto a Rafa Leone, Ale Vigil y Nelo Escortell apuestan por el pop rock. Han participado en festivales como No sin Música, Autumn Music Day y Picnic Interestelar.

La clave del buen oficio de este batería de 26 años se encuentra en él mismo. «Hago música porque es un medio para conocerme a mí mismo. Disfruto y me hace crecer. Si la carpintería me llenara lo mismo, seguro que me haría carpintero». Esto explica su personalidad versátil y creativa; de hecho, El Cucharillas se ganó su apodo fabricándose un set de instrumentos caseros para tocar en acústico junto a Tres Esfinges de Bikini.

Le quedan muchos kilómetros por recorrer a tenor de su proyecto ‘Cinco años, cinco continentes’ que comenzará por Latinoamérica en busca de ritmos tradicionales. Y es que el Cucharillas no para quieto. Siempre le ha gustado perderse con su bicicleta por la Campiña, entre Arahal y Carmona. Le encanta practicar escalada y su canción favorita es «Nos ocupamos del mar» de Alberto Pérez. Por ahora, él se ocupa de seguir su camino, con los pies descalzos o vestidos, con el apoyo de su familia y el respeto hacia la música.

Rosario MaldonadoFotografía de Ana Wedfry.
 

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