"LO QUE NO SE COMUNICA NO EXISTE"
Gabriel García Márquez

De costaleros y el tiempo

Eduardo J. Pastor | De frente y de perfil

El padre está repasando una revista mientras que el teléfono de su hijo, que está sentado frente a él, no deja
de soltar pitidos y musiquitas varias —pitíos, le dice el padre. El chaval levanta la cabeza del teléfono móvil y le dice al padre que acaba de llegarle el guasa citando a la cuadrilla para la igualá. El padre deja la revista sobre la mesa de camilla y mira al techo. Por su cabeza empiezan a cruzarse recuerdos y sentimientos encontrados. Maldice los años que tiene metidos en los huesos porque ya no puede ser costalero mientras que, por otro lado, agradece a la Virgen tener salud para poder ver a su hijo ocupar su puesto bajo las trabajaderas cada año.

Pero han cambiado tantos los tiempos que no reconoce ya ni a su propia memoria. En sus tiempos, pasados y
caducos sin lugar a dudas, era el capataz el que repartía las cartas, puerta a puerta, para la reunión. Ahora la
carta ha dado paso a los pitíos del guasa y la reunión a la igualá. Definitivamente eran otros tiempos. Seguro que
no mejores, pero sí distintos. Al menos, piensa el padre en silencio, eran los míos, mis tiempos.

Hoy el mundo del costal gira en torno a Sevilla. Desde luego, no hay mejor lugar para hacerlo tu espejo. Pero
las cosas de aquellas cuadrillas del pueblo —gente del andamio y el campo— eran nuestras. Mejores o peores.
Seguramente peores. Pero nuestras.

Ahora todo ha cambiado. Hemos llegado al costal de colorines y a los ojos tapados desde las mantas en las trabajaderas casi sin darnos cuenta. Tenemos coreografías imposibles en los pasos y aun no se nos ha olvidado del
todo el empujar pa´rriba y bailar el paso de palio. Estamos en los repertorios de sesenta marchas y aun no conocemos bien ni Soleá dame la mano ni Estrella Sublime.

Han cambiado los tiempos. Hemos cambiado todos. El padre mira a su hijo, que sigue embobado con la luz infernal del teléfono móvil. Ha echado su vista atrás y es cierto que malditos sean los años que ya le van pesando
tanto. Y benditas sean las primaveras que han pasado para que sus recuerdos sigan tan vivos en su memoria.

Eduardo J. Pastor.

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