De en Casa Paca

Navegar por los recovecos del pensamiento sin poner rumbo fijo

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Hay un rincón en Morón que desde que lo conocí me quedé prendado y, aunque supe de él no hace mucho, cada vez que vuelva por mi pueblo pienso acercarme por allí, no sólo por el encanto del lugar, si no también para saludar a quien regenta tan sublime sitio, el Sr. Ulecia, antiguo amigo y compañero de escuela.

Me encontré con él hace un tiempo en una escapada que hice a Morón en tiempo de carnaval. No lo había visto desde hacía años y aunque al principio no estaba seguro de si era él o quizás uno de sus hermanos, en cuanto me saludó salí de dudas y os aseguro que el corazón me dio un vuelco, pues de repente me invadieron las imágenes de la niñez, de los tiempos de escuela en el Primo de Rivera. Fue entonces cuando me habló de su bar y prometí hacerle una visita.

 

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Tras el encuentro, un par de veces lo visité cuando mis viajes a Morón me lo permitían y ya desde entonces empezó a llamarme la atención; entre charla y charla miraba yo de reojo todo lo que el local jalona. Pero cuando más gusto le cogí fue en mi última visita, allá por el mes de septiembre, cuando tras dar un largo paseo por el pueblo con mi amigo el niño Gilena, fuimos a dar allí para aplacar la sed que el Sol del verano había despertado en nosotros.

Tan digno bar se encuentra allí donde la calle Diego Bermúdez termina su amarga cuesta para descansar en la planitud de San Francisco, mirando de soslayo al Hospital y la casa de la Virgen de Loreto. El local no es grande, aunque no da sensación de estrechez, si no todo lo contrario, pues es luminoso, y por las veces que estuve se me antojó cálido cuando el frío arrecia y fresco cuando Lorenzo castiga.

 

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He de reseñar lo mucho que me atrajo su decoración, muy de mi gusto, con fotos antiguas de Morón donde se muestran cosas y quehaceres de nuestro pueblo, así como con objetos que en otro tiempo fueron el acompañante habitual del vivir de cada día de las gentes que los poseyeron. Gusto da pasearse por sus paredes y mirar, bien de cerca, aquellas ventanas al pasado que nos cuentan curiosidades de otro tiempo y de un mismo lugar, nuestro pueblo. Bueno es que al tiempo que la vista va de hito en hito buscando curiosidades, regalarse con una formidable tostá y un cafelito o refrescar la añoranza de lo no vivido con rubia fría.

Me pareció Casa Paca lugar acogedor y apto para buena charla y tertulia de amigos, de lectura solitaria y sosegada de diarios y libros o, simplemente, un sitio donde navegar por los recovecos del pensamiento sin poner rumbo fijo. Si tienes suerte y el bueno de mi amigo Ulecia anda aliviado de trasiego, entabla conversación con él, pues es hombre —aunque joven— sabio y de afable charla, amigable y acogedora, como la barra que gobierna.

 

Fran Reina en el blog historiasdemoron.blogspot.com.es. 08/01/2012.

Fotografías de Fidel Meneses para Agenda Atalaya.

 

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