José Gabriel Real publica «Diario de a bordo»

A contracorriente | Rosario Maldonado

José Gabriel Real Diario de a bordo

 

Un par de tickets arrugados en el bolsillo y un bolígrafo. Una mirada inquieta. Un deseo de contar desde la barra del bar. Dentro o fuera. José Gabriel Real viaja a Oxford como alternativa a la situación desesperanzadora que vive nuestro país. Allí, entre cafés y copas, currículos y uniformes, escribe Diario de a bordo. Un libro de viajes que relata sus vivencias en el extranjero con un estilo ágil y cercano.

El periodista villanoveño plasma en su obra una historia en primera persona. Una memoria compuesta por más de cincuenta relatos y crónicas. Con un estilo propio, ligando el costumbrismo, la descripción y un poco de humor, cuenta de forma sorprendente cualquier acción cotidiana. Su mirada, avispada, atenta e incluso crítica, permite trasladar al lector justo al lugar de los hechos y apreciar cada detalle.

José Gabriel Real deja constancia en el libro de su arraigo a la tierra que lo vio nacer y crecer en el Barrio Alto de Villanueva de San Juan junto a su familia, a la que le debe todo el amor por la lectura. «Me reconozco en el niño de aquella campaña del Ministerio de Cultura: si tú lees, ellos leen». En su buhardilla aún resuena el eco de los últimos programas de Onda Pueblo, la radio online de Villanueva, que ahora espera la vuelta de uno de sus creadores. José Gabriel Real aterriza de nuevo en España para comenzar una nueva etapa y emprender nuevos proyectos. Este, su primer libro, ya se ha llevado a cabo y se puede conseguir en formato digital a través de la plataforma de Amazon.

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Diario de a bordo se compone de más de cincuenta relatos escritos en primera persona durante tu estancia en Oxford. ¿Qué te impulsa a llevar a cabo este proyecto?

Cuando empecé a publicar mis crónicas sobre mi vida aquí, no tenía ninguna intención de compilarlas en un libro. Pero un día, buscando un viejo artículo, me di cuenta de que tenía material suficiente para uno. Contacté con varias editoriales y como no recibí ninguna respuesta, me conformé con el formato electrónico de autoedición de Amazon. Siempre he escrito, supongo que es una forma de comunicar todo aquello que me cuesta más por otras vías. Y una experiencia como la emigración, te surte de historias,  anécdotas, escenarios y personas para todas esas crónicas.

Licenciatura en Periodismo y máster en Comunicación Institucional y Política por la Universidad de Sevilla desde el año 2014. ¿Qué motivó tu marcha a Oxford?

Cuando terminé mis estudios superiores empecé a dejar currículos en varios sectores, pero no encontré ningún trabajo, así que volví a mi pueblo, pero ya me rondaba la idea de marcharme fuera de España en la cabeza. También quería mejorar mi inglés y vivir la experiencia de estar lejos de mi zona de confort: familia, amigos, país… Tenía un amigo que vivía en Oxford y quería volver, así que en el verano de 2015 decidí probar suerte; compré el billete, desempolvé un par de maletas y ocupé su sitio.

¿Qué has encontrado?

A la semana siguiente de llegar ya tenía trabajo, que era mi primer objetivo por cuestiones obvias. Al principio también me sorprendió la cantidad de españoles que viven allí. He conocido a gente de todo el mundo. Y un país muy diferente al nuestro en cuanto a los hábitos, el clima, la cultura, las relaciones sociales, el mercado laboral…

 

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En algunos relatos señalas la afición de tu abuela y tu padre por la lectura. ¿Crees que la familia ha sido y es un peso fuerte en tu vocación de periodista y escritor?

Sí, por supuesto. Me reconozco en el niño de aquella campaña del Ministerio de Cultura: si tú lees, ellos leen. Mi padre siempre ha sido un lector voraz. En casa nunca faltaba el periódico y en los anaqueles de la biblioteca puedes encontrar una miscelánea curiosa: novelas, ensayos, biografías, antologías, atlas, cuentos… Mi tío Manuel también es un gran lector, y me ha prestado y regalado muchos libros. Ese entorno motivó mi amor por la lectura. Y como siempre me ha interesado casi todo, pensé que Periodismo era la carrera que más se ajustaba a esa pulsión por hacer preguntas y contar historias. Cuando tenía que hacer algún viaje de niño, siempre le ponía a mis padres una condición innegociable: que me compraran un tebeo de Mortadelo y Filemón, o un cuento en su defecto.

Eres un gran observador. En Diario de a bordo confiesas que te gusta observar tu alrededor e imaginarte la vida de las personas. ¿Qué otras técnicas utilizas a la hora de escribir?

No tengo claro si sigo una serie de técnicas, porque eso me suena a método de escritor consagrado y yo soy un diletante, un juntaletras frustrado, aunque reconozco que casi todo lo que vivo, escucho, siento o padezco procuro grabarlo en la memoria para volcarlo en textos ulteriores y pasarlo por el tamiz de la literatura o el periodismo. Quizás sí me ciña a unas pautas creativas cuando me enfrento al documento de Word: hablar de lo que vivo, fijarme en los detalles, cultivar un estilo ameno y sencillo, huir de los temas que ya he abordado, tirar de recuerdos felices de la niñez y la adolescencia, no imitar a los autores que esté leyendo en ese momento y no obsesionarme tanto por el resultado, porque nunca será tan bueno como me gustaría…

¿Se trata de un libro de narrativa, de no ficción? ¿Quiénes son tus referentes? 

La respuesta a esta pregunta merecería una entrevista kilométrica, de esas que publica Jot Down, o un debate sesudo en algún programa de Sánchez Dragó… No soy muy amigo de las etiquetas, porque incluso los autores que escriben novelas o se mueven en el terreno de la ficción, están hablando de sí mismos en el fondo. La literatura te permite deformar la realidad, maquillarla o darle la vuelta en busca de la fantasía con una pretensión deliberadamente artística. Por mi formación periodística, prefiero ser fiel a los hechos, no inventar nada, aunque la mera elección de unas palabras u otras implique un sesgo y una visión subjetiva de la realidad. Me apoyo en recursos literarios para ganar ritmo y pulso, engatusar al lector o mejorar mi prosa, pero partiendo de experiencias reales, sin adulterar. Tengo algunos textos más líricos, muy malos por cierto… dejémoslo en diario acompañado de artículos costumbristas y reportajes, un batiburrillo febril y feliz.

 

José Gabriel Real

 

Tengo muchísimos referentes y más debería tener y aún no he leído: podría citarte a Julio Camba, que se pateó medio mundo y publicó unos artículos divertidísimos; Josep Pla, que poseía un estilo envidiable plasmando el paso de los días en El cuaderno gris; Azorín, Gaziel o Manuel Chaves Nogales, que cultivaron el reportaje literario mucho antes que Tom Wolfe o Truman Capote; Francisco Umbral por su talento inmenso y su renovación del lenguaje desde la columna…

Sergio del Molino y Manuel Vilas me parecen dos autores contemporáneos muy interesantes tanto en la forma como en el contenido de sus obras; los diarios de Ricardo Piglia son también una maravilla… Podría mencionarte algunos ensayos que me han gustado especialmente: Imperiofobia y leyenda negra de María Elvira Roca Barea, Manifiesro Redneck de Jim Goad o La vida líquida de Zigmunt Bauman. Podría seguir, pero comprendo que hay más entrevistados en Agenda Atalaya.

En Los escritores nunca mueren dices que «los escritores retuercen la realidad hasta que parezca ficción». Observando que los textos denotan gran carga de crítica política y social, ¿crees que la literatura invita a la reflexión?

Recuerdo ese texto con un regusto agridulce. En el descanso del trabajo había estado leyendo los diarios de Ricardo Piglia y al llegar a casa leí en El País que le habían diagnosticado una enfermedad degenerativa. Vuelvo a una de las respuestas previas: no podemos sustraernos de nuestra identidad, origen, filias, fobias, aficiones… la ficción siempre parte de una vivencia real, que nos marca de alguna manera muy concreta.

Hace algunos años sí imprimía una carga más política a casi todos mis artículos, pero descubrí que yo no tengo la solución a esos problemas y, encima, seguía igual de indignado o incluso más, así que busqué un registro más costumbrista, relajado y humorístico. A mí un buen libro siempre me siembra dudas, alimenta mi hambre de conocimiento y me sirve para reflexionar sobre aspectos de mi ser que veo reflejados en la obra. Te hablo como lector. Cuando escribo, me limito a describir un atardecer o a contar una anécdota del trabajo, no sirvo para filosofar sobre los grandes temas del ser humano.

El toque de humor y desenfadado es un leitmotiv que acompaña a la narración durante toda la obra. ¿Tiene que ver con tu carácter? ¿Es algo espontáneo?

Me encanta la comedia y admiro a muchos humoristas, pero soy consciente de que hacer reír es dificilísimo, y muchas veces va ligado al carácter de cada uno. Yo no me considero gracioso, pero cuando escribo se me ocurren símiles, requiebros o trucos que me divierten, o supongo que gustarán y provocarán al lector. Cuando leo algún texto hilarante o desenfadado siempre tengo la tentación de hacer algo parecido en mi línea, pero es mejor si sale solo, sin forzarlo demasiado.

Diario de a bordo aporta confesiones, historias de bares, de hoteles, de entrevistas. Algunas tan sorprendentes que cuesta descifrar si es realidad o ficción. ¿Hay ficción en tus relatos?

Todo lo que cuento es real. Tengo por norma no adentrarme en las procelosas aguas de la ficción, al menos, no todavía. Pero procuro seguir la máxima de Martín Caparrós en La crónica: «ejercitar la mirada». Mirar el mundo de una forma que me permita salir de lugares comunes o clichés, aportando cosas distintas o incidiendo en aspectos secundarios o aparentemente nimios. Es muy difícil, porque todo está contado ya —y seguramente mejor— pero el reto está ahí y procuro no perderlo de vista.

 

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«¿Tenés dientes?, no te los veo, porque nunca abrís la boca», te dice una compañera de trabajo según cuentas en el libro. ¿Es la escritura tu mejor baza para la comunicación? ¿Es una vía de escape?

Sin lugar a dudas me considero un tipo tímido e introvertido. Suelo hablar poco, como me recordaba aquella compañera. Me siento más cómodo escribiendo. Muchas personas me han preguntado: ¿no te da reparo contar ciertas cosas? Siempre les respondo lo mismo: si esa anécdota casa con lo que estoy contando o considero que puede jugar a favor de una historia no me importa lo que piensen de mí, por muy bochornosa que sea la vivencia en cuestión. Hay veces en las que siento la imperiosa necesidad de escribirla, no tanto para agradar o ganar lectores, sino para sentirme a gusto conmigo mismo. Delante del folio o el iPad me desinhibo. Decía Umbral que «la literatura es el reino de la libertad», y no seré yo quien lo refute.

¿Qué buscas con tus textos?

Depende del momento: desahogo, divertimento, evasión, superarme a mí mismo, poner en orden mis ideas, buscar un enfoque original o inusual a un tema que me suscite cierto interés… y por qué no decirlo: que me lean y que me paguen por escribir, aunque esto último se antoja una quimera en los tiempos que corren. Y mejorar mi currículo, demostrándole a los medios de comunicación que, aunque no viva del Periodismo, no he dejado de ejercerlo en muchos de mis textos.

¿Qué te llevas de tu estancia en Oxford?

Unos recuerdos muy bonitos, muchas horas de trabajo, de lectura, de escritura, de tardes en los pubs… Las visitas a otros puntos del país, el cariño y el afecto de las personas que han pasado por mi vida durante estos dos años y medio, las lecciones que se aprenden tras buscarme las habichuelas en el extranjero, un nivel de inglés mejor del que tenía cuando vine y unas ganas local de disfrutar del clima andaluz.

¿Cómo se puede conseguir Diario de a bordo?

Es tan sencillo como teclear Diario de a bordo y/o José Gabriel Real en el buscador de Amazon.es y comprarlo por un módico precio. Bueno, bonito y barato.

¿Qué planes tienes a corto plazo?

Mi plan es volver a casa en Navidades, disfrutar de la compañía de mi familia y amigos, buscar trabajo allí y continuar un libro que he empezado a distancia con un amigo de la carrera.

 

Rosario Maldonado.

 

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