Diego y la verdad honesta de un pueblo

De frente y de perfil | Eduardo J. Pastor

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Era 4 de febrero de 1938. En Alemania, Hitler se autoproclamaba comandante supremo de las fuerzas armadas, mientras que en los Estados Unidos Walt Disney estrenaba su primera película, Blancanieves y los siete enanitos. El mismo día, en Madrid –desde Fuencarral a Chamberí, desde Hortaleza a Aravacaseguían cayendo bombas a diestro y siniestro –una lluvia negra de plomo y metralla. Y allí, en la Villa y Corte, nacía Diego Gallegos Redondo. Un niño que dejó Madrid para venirse junto a su familia a vivir a Paradas, pasando por El Carpio —en las estribaciones de Sierra Morena—, Palma del Río —cuna de Manuel Benítez El Cordobés— y Arahal, con su Casino y Pepe Pinto y Pastora. Se fue a vivir a Paradas para ser comandante supremo de los juegos y los sueños limpios y claros de los niños y para crear una familia junto a Concepción.

Porque por muchos pueblos en los que Diego haya vivido sus correrías desde pequeño, su personalidad siempre estará dibujada por el aire solano de Paradas. Su vida ha estado desde que llegó a Paradas unida al olor de sus plazas y al color de sus calles. Y a la esencia misma de sus tradiciones más enraizadas. ¿Que hay que ponerle voz al cartero real una mañana fría de invierno? Ahí está la soltura y la facilidad de palabra de Diego. ¿Que hay que preparar la cabalgata y tirar cohetes y ser Rey Melchor en 1982? Ahí está Diego y su mirada de niño feliz. ¿Que hay que preparar los juegos populares de la Feria en el mes de las flores? Diego prepara la cucaña y los búcaros y las carreras de sacos y los premios de los chiquillos.

 

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Diego es una de esas personas fundamentales en nuestra memoria de niños de pueblo dormido y callado, colorista y bullanguero. Diego ha ayudado a su pueblo y ha servido lo mismo para un roto que para un descosido, pues su verdad de pueblo le hace hacer las cosas con la dignidad y seriedad que ello requiere. Por eso, su silueta sus sonidos estarán por siempre unidos a nuestros recuerdos más puros.

Eduardo J. Pastor.

 

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