«Lo que no se comunica no existe»
Gabriel García Márquez

Don Fëde

Peccata mundi | José A. Illanes

Don Fëde no siempre fue ocurrente humorista ni probo locutor de radio. Hubo una época en que no aspiraba a ser la referencia intelectual de la derecha ni a sobrevolar Barcelona comandando una escuadrilla de Stukas. Sí, hubo un tiempo en que la vida de don Fëde era sencilla, rupestre, holgazana, disidente y turbulenta: los lejanos días de su militancia en la revolucionaria Joven
Guardia Roja.

Cabe imaginarlo en la Barcelona de los 70, tumbado en la desconchada esquina de una tasca obrera, tocando la guitarra o la flauta, fumando marihuana o quién sabe si algo peor. Un perrillo perdiguero al lado meneando el rabo, un plato con tres pesetas, la litrona a medio acabar… Una vaharada a grifa y a orines amoniacados emana de un antro cercano donde a intervalos suenan Janis Joplin, Bob Marley, Mamas & the Papas… California Dreamin… Qué tiempos, camarrrada.

Haz el amor y no la guerra, pasa el pedrolo, tronco, love pace, love peace. Entonces don Fëde era alumno de Labordeta y soñaba con ser escritor y sobre todo con matar a Franco. Lo soñaba de verdad, con furia bolchevique y odio jacobino. Lo imagino por aquellos parques de Dios, casi delirando, cantando Franco a los tiburones, contando chistes de Carrero, compartiendo porros
con titiriteros y diciendo cuchufletas que hoy serían perseguidas por la Fiscalía.

Él mismo las persigue.

Casi cincuenta años después el viejo activista de la Joven Guardia Roja propone bombardear Barcelona, tal vez arrasarla con los Panzer. Tranquilamente, sin temblarle el pulso. Uno se pregunta qué traían de Marruecos los quintos de permiso, aparte de radiocasetes, ajuares para las novias y relojes Casio. ¿Qué fumó el camarada en aquellos parques barceloneses para que
el cerebro le diera semejante vuelco? ¿De qué estaban hechos aquellos pedrolos, por el amor de Dios, para convertir en peligroso fascista a un comprometido comunista que soñaba con matar a Franco?

El efecto de lo que antaño fumó don Fëde, fuera lo que fuese, ha sido demoledor. Le ha hecho perder un valioso patrimonio: la humanidad, la sensatez, el agradecimiento, la vergüenza. Desear la ruina del lugar donde uno ha sido joven, libre y feliz, donde ha conocido los primeros amores, escrito versos sinceros, cometido locuras extraordinarias y concebido grandiosas utopías,
donde uno ha vivido con mayúsculas, es de ser un miserable o de estar muy enfermo.


Son terribles las drogas. Nunca las prueben. Pongan California Dreamin. Love peace.


José A. Illanes.

 

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