El Loco

Tea Tarot | Antonio M. Morales sobre ilustración de Ramón J. Lobo

El Loco de Ramón J. Lobo Tea tarot

Una peluquería.

Un hombre va a cortarse el pelo.

El peluquero lo mira con asombro, porque el  hombre que va a cortarse el pelo está calvo. Completamente calvo.

El loco se sienta frente al espejo.

El peluquero no sabe si reír o si llorar.

 

LOCO.- Haga usted lo que quiera.

PELUQUERO.- Como no haga un milagro…

LOCO.- Los rizos ya no me dejan peinarme.

 

El peluquero no da crédito. Mira el espejo. Mira la cabeza del loco. Ríe.

 

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PELUQUERO.- ¿Está usted loco? ¿De qué rizos habla?

LOCO.- Se me enredan por todas partes. Envidio a los calvos. Las noches de luna llena mis cabellos lucen más vigorosos que nunca. A veces parece que tienen vida propia. Una vez anidaron en ellos unas golondrinas.

PELUQUERO.- Pero qué me está contando, hombre. Levántese ahora mismo.

LOCO.- En otra ocasión un pobre chaval iba en su bici tan tranquilo y una de sus ruedas se enredó con mis rizos, desapareciendo en la maraña. Todavía lo están buscando. Yo sé que está en mi pelo, pero no digo nada porque seguro que me echan la culpa.

Y uno tiene la culpa de lo que la tiene.  Pero de lo que no la tiene…  no la tiene.

PELUQUERO.- Haga usted el favor de salir ahora mismo de mi peluquería. No estoy para bromas.

LOCO.- ¿Y sabe usted que me ocurrió otra vez? ¡Me quisieron podar!

PELUQUERO.- ¿Cómo que lo quisieron podar?

LOCO.- Estaba yo tan tranquilo sentado en los jardines y llegó un jardinero a cortarme el pelo con las tijeras de podar. Me confundió con un naranjo.

PELUQUERO.- ¿Y qué pasó?

LOCO.- Pues le dije que no me apetecía que me pelara y salió corriendo. No paraba de gritar: ¡Un árbol me ha hablado! ¡Un árbol me ha hablado!

 

El loco se señala la sien y mira al peluquero.

 

LOCO.- A la gente se le va la pinza.

 

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PELUQUERO.- Por favor, ¿puede usted levantarse?

LOCO.- No me voy de aquí sin que me pele. Eso lo puede usted tener claro. Lo que hace falta es que me vuelva a pasar lo de ayer. ¿Sabe usted lo que me pasó? Se va a quedar de piedra cuando se lo cuente.

PELUQUERO.- ¿Qué le pasó?

LOCO.- Se me cayó un pelo en la sopa.

PELUQUERO.- (Agotado). Eso le puede pasar a cualquiera.

LOCO.- (Angustiado). Pero mi pelo se bebió la sopa. ¿Cree usted que hay derecho a eso?

PELUQUERO.- Está usted como una chota.

 

En ese momento entra otro cliente. Le da una palmadita en la espalda al loco.

 

CLIENTE.- (Dirigiéndose al loco). Ya era hora. Hace tiempo que necesitabas un buen corte.

 

El barbero, que  no sale de su asombro, coloca una capa sobre los hombros del loco, no vaya a ser que el pelo al caer lo haga desaparecer del mundo. Agarra las tijeras y piensa que, la mayoría de las veces, la realidad es opaca, como el montón de cabello que se amontona sobre el encerado blanco.

 

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Texto de Antonio M. Morales. Ilustración de Ramón J. Lobo. 

 

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