El Pinalejo

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En el sureste del término municipal de La Puebla de Cazalla, encontramos una zona de sierras y serranías de 9.378 hectáreas de superficie, continuación geológica de las sierras de San Juan y de Las Encarnaciones. El Pinalejo es considerado el tesoro natural de La Puebla de Cazalla, conteniendo una rica flora mediterránea, cuyo integrante principal son los esbeltos pinos piñoneros (Pinus pinea), algunos de los cuales alcanzan portes considerables elevando sus regulares copas sobre el resto de integrantes en el cortejo florístico. Los pinos son acompañados aunque en menor número por encinas, de manera que el verde intenso de las acículas de los piñoneros se complementa por el apagado verdor de los pequeños y endurecidos foliolos de los chaparros, que junto al diverso matorral mediterráneo que monopoliza las zonas en las que debido a los aprovechamientos agrarios y ganaderos se eliminan o aclarean los ejemplares arbóreos, conforman el polícromo tapiz de esta sierra.
 
Ese sotobosque está constituido fundamentalmente por las típicas especies arbustivas y herbáceas: la jara Blanca, (Cistus albidus), la retama, (Retama sphaerocarpa), el gamón, (Asphodellus albus), la lavanda, (Lavandula spp.), el romero, (Rosmarinus officinalis), los lirios, (Iris Xiphium), aulagas, (Genista spp.), espárragos amargeros, (Asparagus acutifolius), mejorana silvestre, (Thymus mastichina), narciso blanco, (Narcissus papyraceus), el acanto, (Acanthus mollis), la olivilla, (Teucrium fruticans), el torvisco, (Daphne gnidium), el matagallo, (Phlomis purpurea), el lentisco, (Pistacia lentiscos)… como ejemplares más abundantes.
 
El conjunto formado por los árboles, arbustos y herbáceas generan los nichos necesarios para el desarrollo de la fauna típica del monte mediterráneo incrementándose la diversidad vegetal con la adición de la vegetación típica de ribera, que si bien en algunos tramos se encuentra bastante dominada por los eucaliptos, aún posee gran riqueza en otras especies. Esta banda riparia es la que acompaña al Corbones pues atraviesa literalmente el Pinalejo constituyendo incluso un lago artificial, un embalse, resultado de la acumulación de sus aguas por una presa que controla su caudal y permite el riego a lo largo del curso fluvial. Esta presa situada en el corazón de Pinalejo determina este inmenso lago, de más de 60 metros de profundidad en algunas zonas y que posee un potencial turístico y recreativo por gestionar de manera sostenible compatibilizando los nuevos usos con la conservación de los recursos naturales que precisamente le otorgan ese gran valor al conjunto del Pinalejo.
 
La mejor forma de acceder al Pinalejo es precisamente a través de la carretera que lleva a la presa. Durante nuestro trasiego, dejamos atrás la suave campiña y poco a poco nos vamos adentrando en esta formación serrana que es delatada por la sinuosidad, por las curvas que esta carretera va adquiriendo conforme nos adentramos en él. El paisaje que se nos regala está marcado por montes y valles en los que se vislumbra el curso del Corbones cual brazo que penetra, que avanza en la lejanía hacia nosotros rodeados de pinos y chaparros que flanquean nuestro avance nos dejan asomar de vez en cuando en las cerradas curvas la visión de la cercana Campiña, adornada de olivos, llena de cultivos que nos recuerdan el inmenso valor del monte en el que nos encontramos como reliquia de una diversidad perdida.
 
Así es el Pinalejo, situado en el extremo noreste de una banda orográfica que nos ha servido como referencia en nuestro recorrido por las formaciones serranas de estos territorios de la provincia de Sevilla, vínculo entre campiña, sierras y ríos que denota una cada vez más antropización en lo más profundo de sus valles.

 

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