José A. Illanes presentó en Morón su novela más reciente

El acto fue introducido por Isa García y Antonio M. Morales

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Miércoles 21 de octubre 2015. Casa de la Cultura ‘Fernando Villalón’ de Morón de la Frontera. 20:00 h
Acto organizado por la Biblioteca Pública Cristóbal Bermúdez Plata y Agenda Atalaya.

 

En primer lugar, me gustaría dar las gracias a la revista Atalaya por la encomiable labor que realiza día a día en pos de difundir la cultura en nuestra comarca, y que nos posibilita a nosotros, simples mortales, para poder disfrutar de acontecimientos como éste: la presentación de la novela El preferido de Dios, de José Antonio Illanes.

Illanes ya es para nosotros como de la casa. Su sección en Atalaya, Peccata Mundi, es esperada por sus incondicionales, entre los que me incluyo, como agüita de mayo.

Sus numerosos premios, nacionales e internacionales, le hicieron recoger el Candil de Oro en El Castillo de las Artes el pasado verano. Ay… El Castillo de las Artes… También aparece en la novela de Illanes. Y también recibe en su costado cañonazos terroríficos y certeros. Con cuanta frialdad se amalgama la historia a veces sobre los pliegues del tiempo.

Los pliegues del tiempo…

 

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Con La trastienda de la memoria recorrió Illanes al estilo del viajero romántico los confines míticos de la Vía Verde, y consiguió hacer llegar con su prosa sinestésica el latido del paisaje a cada uno de sus lectores. Vaya ahora un ejemplo por delante de cómo salva el escritor esa distancia serpenteante que traza la orografía entre Morón y Montellano:

«En este sendero que lleva de Montellano a Morón de la Frontera —dice Illanes— los sueños, del tipo que sean, son obligatoriamente blancos. Morón es el pueblo de la Cal. Desde la noche de los tiempos, la cal de Morón ha enjalbegado los pueblos de Andalucía, dotando a nuestra memoria del color de la pureza, como si fuera un don. Al final de este camino  aún se conservan las caleras y los antiguos hornos donde nuestros abuelos cocían la cal a golpe de afán y sudor».

La cal de Morón ha enjalbegado los pueblos de Andalucía, dice Illanes. La oralidad es una presencia totalmente reconocible en su obra. ¿Qué persona que no haya prestado atención al lenguaje de sus mayores sabe ya lo que significa el verbo enjalbegar? Afirma José Antonio que los cuentos al calor de la lumbre o las anécdotas evocadas por su abuela en la puerta de su casa, sentados todos al corro de la fresca, funcionan como motor generador de sus ganas de inventar mundos. La estructura de su narración se sustenta en una infancia rodeado de contadoras de cuentos, arropado por las historias que nacían al amparo de la imaginación colectiva, una imaginación que no necesitaba de territorios exóticos, sino que se hacía grande una mijita más pallá del zaguán, junto al umbral de cada casa. ¡Un poquito más pallá del zaguán! Era allí donde las historias de la abuela se mezclaban con las de Salgari para construir al escritor que hoy tenemos sentado con nosotros.

 

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A la sangre que asola los lodazales en el fragor de la batalla huelen las páginas de El preferido de Dios. Uno detiene a veces su lectura atragantado por la pólvora, que se acumula en la garganta como en los corazones del enemigo. Parece que Illanes no ha calculado bien la dosis y se ha pasado de rosca para meterse a Galdós en vena. Cuánta verosimilitud en el arranque de su novela. Como muestra, un botón:

«Aquella noche, durante la huida, Bobinot escuchó a su espalda al soldado Félicien llamándolo a gritos en medio de una negrura pavorosa sobresaltada por alaridos desgarradores y fogonazos de disparos. Se volvió torpemente, arrastrando sus garrafales pies, percochadas las botas de sangre y barro mientras sus compañeros lo arrollaban en la retirada. Y vio a Félicien tumbado de costado en el suelo, extendiendo la mano hacia él en un gesto angustioso que le paralizó el corazón. A tan solo pocos metros, cien veces quiso alcanzar aquella mano y cien veces lo hicieron retroceder los empujones de los soldados huyendo despavoridos, buscando el amparo de la vanguardia. Y cuando ya creía alcanzar a su amigo lo vio cerrar los ojos y caer definitivamente en un charco de agua fría que pronto se templó con la sangre de un soldado que juraba no haber matado a nadie en la guerra desde que la ley Jourdan lo arrastró de su pueblo junto al soldado Joevin Bobinot».

 

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El autor afirma que la novela histórica es para él una auténtica pasión, y por eso con El preferido de Dios ha disfrutado no sólo en el proceso de escritura sino también en el de documentación. Y ese rigor histórico se nota, pero nunca condiciona la fuerza de una prosa profundamente literaria, admirablemente cincelada, siempre al servicio de una trama que se sirve del hallazgo de unos pergaminos, al más puro estilo cervantino, para abrir una brecha de mil años de historia que hace que el lector se reconozca como puente entre dos tiempos, que se sienta importante y necesario,  porque gracias a él, a su lectura, a su reconstrucción, la ficción existe.

Illanes comprende que los adjetivos “cómplice” y “lector” comparten el mismo campo semántico.

Roger Galisteo, en su prólogo a esta edición, afirma: «ésta sí que es la auténtica Historia de Nuestro Pueblo, escrita en forma novelesca con un gran conocimiento de la historia. Nuestro pueblo fue desamparado, desatendido, humillado…
 

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El poder mira desde los altos terraplenes con acrimonia, petulancia y menosprecio cómo se apilan por debajo de él los artesanos, mercaderes, campesinos, mendigos y esclavos apiñados entre los pocos recovecos que aquellos han decidido que los resguarden del viento, del frío, del hambre…».

 

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He elegido para concluir este párrafo, estas palabras porque creo que pulsan una de las teclas fundacionales de la escritura de José Antonio Illanes: la ideología. El discurso, escrito normalmente por las manos dominantes, ensalza y perpetúa la voz del vencedor, de aquel que puede anotar o imprimir su versión de los hechos, su opinión, sus matices y sus ideas.

De esta manera, el silencio acentúa la invisibilidad de los dominados y de los vencidos, y de aquellos que no tienen forma o espacio para hacer perdurar su realidad, su lucha o sus memorias.

Illanes quiere que conste la voz de los vencidos.

Yo creo que ese es uno de los núcleos de convicción de su obra.

No sólo de esta.

 

2015.10

 

Mientras escribía estas líneas sobre El preferido de Dios me ha venido a la cabeza su última Peccata Mundi. En ella se nota mucho que le gusta la novela histórica. Habla de los tiempos de los romanos. Y dice lo que sigue:

«Y si tenemos convenios, y leyes, y sindicatos, y políticos elocuentes, y modernidad, y Andalucía imparable, ¿por qué coño seguimos en los tiempos de los romanos? ¿Es que nadie pone freno a esto? ¿Aquí nadie cumple las leyes ni las hace cumplir? ¿A todo el mundo le parece normal? ¿Dónde está el aceitunero altivo? ¿Viendo el baloncesto? ¿Y los sindicatos oficiales y sus principios y su historia y sus estatutos y las subvenciones que reciben? Desde que yo tengo luces estoy viendo esto. ¿Nadie ha podido arreglarlo desde entonces?»

Concluye Illanes.

Y yo creo que para eso escribe él.

Para intentar arreglar algo.

Para que los globos no se hinchen hasta explotar.

No sé si me equivoco. Pero si lo hago, aquí está él para desmentirme.

Con todos vosotros, José Antonio Illanes.

Muchas gracias.

 

Texto de Antonio M. Morales / Fotografías de Fundación Vía Verde de la Sierra, Valischka y Jordi Bru.

 

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