«Lo que no se comunica no existe»
Gabriel García Márquez

En portada La reunión de La Puebla: Corazón de la cultura jonda del cante

Un festival que nació con una clara voluntad ideológica y política

La plaza del Arquillo Viejo se adorna esa noche, pero a lo campesino, al natural, sin pretensiones ni oropeles, agrícola y celosa de la bella sencillez con que la levantaron, y se convierte en un centro neurálgico del arte flamenco, pasa a ser por una jornada, capital del espinoso y vivo imperio de lo jondo. FERNANDO QUIÑONES (1973)

La Reunión de Cante Jondo de La Puebla de Cazalla es un festival distinto. Lo es desde su arranque el 2 de septiembre de 1967, cuando se pusieron por vez primera en escena en la Plaza del Arquillo Viejo las máximas de aquella estética de lo jondo trazada por Francisco Moreno Galván. Él fue quien dio forma a la Reunión desde el mítico Bar Central, en compañía del cantaor José Menese y de aficionados cabales como Miguel Núñez o Fernando del Central, entre otros.

La Reunión es un festival distinto por su apuesta, desde sus orígenes, hacia los cantes esenciales y el flamenco de raíz, sin imposturas. Un festival que nació con una clara voluntad ideológica y política, desde la intención de Francisco Moreno Galván de devolver al flamenco su función de expresión y agitación social, y de hacer de él un medio contestatario frente al franquismo. Un festival con un marcado sentido estético, donde las vanguardias artísticas y la cultura popular se unen en ardoroso abrazo. Así se aprecia en su cartelería inigualable y en su poderosa escenografía, reducida al blanco y al negro, y dominada por el imponente ramillete de farolillos de forja. Un festival donde se cuida con mimo cada detalle y se busca una experiencia estética para todos los sentidos; de ahí que los aromas del romero, el lentisco y el tomillo sigan impregnando el ambiente en esta noche mágica. Un festival donde las figuras del cante, el toque y el baile salen a escena desde un profundo respeto por lo jondo. Una reunión, donde el público y su sobrecogedor silencio son protagonistas, en un acto de escucha casi litúrgico, de comunión entre el artista y el aficionado. Y es que como dijese nuestro paisano José María Moreno Galván: «Este pueblo, rodeado de olivares, está situado en el corazón de la cultura jonda del cante».

Miguel A. Rivero Gómez.

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