Encina, chaparro, carrasca

Nuestra flora | José Pérez Dávila

Encina de Pérez Dávila

Familia: Fagáceas.

Nombre: Quercus rotundifolia Lam. El nombre de su género viene del céltico quer = bello o cuez = árbol, lo que significa ‘árbol hermoso’ por la belleza e importancia que se le daba a encinas y robles. Del griego kercaleos que equivale a duro, áspero; del latín querquerea que significa gravedad o solidez, por sus cualidades.

Otros creen que su nombre viene de, griego choiros (cerdo) por el aprovechamiento que este animal hacen de las encinas o chaparros.

Ilex era el nombre con que los romanos nombraban a este árbol.

Origen: Árbol típico mediterráneo, aunque se piensa que su origen está en el Mediterráneo oriental.

 

Quercus-encina chaparro

 

Descripción: Árbol con corteza negruzca resquebrajada. Hojas simples, correosas (para soportar los rigores del clima sin perder humedad), redondeadas –que lo distinguen de la especie Quercus Ilex, que las tiene más elípticas y peludas–, con margen a veces espinoso, de color verde oscuro por el haz y blanquecino por el envés, pierden sus hojas poco a poco renovándolas todas en cuatro años. Las hojas de la parte exterior del árbol son más gruesas y pequeñas que las del interior, para resistir mejor la fuerte insolación del verano. Además emplean una estrategia parecida a la de las plantas suculentas y los cactus, teniendo su máxima actividad por la mañana y última hora de la tarde, cerrando sus estomas en las horas de más calor para evitar la pérdida de humedad, con lo que nos demuestra su perfecta adaptación al clima mediterráneo.

Las flores nacen en primavera agrupadas en ramillos colgantes (amentos) de color amarillo-ocre.

Sus frutos, que son dulces, están cubiertos por una cúpula en un tercio de su longitud. Fructifica en otoño e invierno del mismo año de la floración.

Es de lento crecimiento, por lo que las encinas presentes en nuestros campos suelen ser centenarias y pueden durar más de mil años, y por ello se merecen nuestra protección y respeto formando parte principal de nuestra cultura mediterránea.

 

Quercus rotundifolia

 

Con copa redondeada, densa y amplia. Crece desde el nivel del mar hasta los 1300-1400 ms. n. m.

Forma las dehesas que configuran el paisaje de buena parte de la Península y da cobijo a muchísimos animales, por lo que es esencial para la vida de gran parte de la flora y fauna española. Es el árbol más representativo de la Península Ibérica.

Mantiene la humedad del suelo evitando la evaporación de los acuíferos, por lo que es muy útil en climas áridos.

Le suelen aparecer agallas en la parte del envés de las hojas producidas por la avispa Cynips tinctoria. El nombre de la especie nos indica que se han usado estas agallas en tintes.

Hoy se encuentran protegidas por ley pero, a pesar de ello, se siguen talando impunemente o desaparecen por los temibles fuegos, dejando terrenos que pasarán a ser desiertos en poco tiempo.

 

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Disal

 

Exigencias: Es el principal componente del bosque mediterráneo. Soporta bien tanto los fríos extremos como las sequías prolongadas. Puede vivir en cualquier tipo de suelos e incluso en barrancos y depresiones del terreno.

Admite la compañía de todo tipo de plantas, no presentando casos de alelopatías.

Usos: Da un buen combustible y se ha usado para la fabricación de carbón vegetal por los carboneros, oficio tradicional de los campos españoles y que requerían de una gran experiencia transmitida de generación en generación. Este carbón era el principal combustible de los hogares hasta la primera mitad del siglo XX.

Su madera, pesada, dura y compacta se usa para fabricar herramientas, parquet, carros, arados, etc., así como en pequeñas obras hidráulicas y en la construcción, a modo de pilares o vigas. Sumergida aguanta muy bien sin podrirse. De su madera se construyeron los antiguos arados romanos.

Su raíz cocida se usó para teñir de negro los cabellos.

Sus frutos son el alimento ideal de los cerdos alimentados para conseguir jamones de primera calidad, denominados “de bellota”.

Se ha obtenido aceite comestible de las bellotas.

Por su riqueza en tanino, la corteza se ha empleado para curtir pieles.

Son muy resistentes tanto a incendios como a talas, creando suelos que mantienen la estabilidad de los ecosistemas.

Propiedades medicinales: Su polen es responsable de muchas alergias.

Por contener taninos, sus frutos son astringentes y ha sido usado desde la antigüedad por esta propiedad.

Según nos dice el doctor Leclerc: “Se utilizó contra la hemorroides, hemorragias determinadas por la metritis y los fibromas uterinos, leucorrea, blenorragia, fisuras del ano y hemorragias”.

El mismo doctor Leclerc recomendaba contra la disentería beber vino de roble (1 onza de corteza pulverizada, 1 litro de vino tinto y 10 gramos de ácido clorhídrico).

Para lavar llagas, aliviar irritaciones, sabañones y úlceras.

 

Chaparritas en Morón
Ejemplares jóvenes en la Barriada El Rancho, ladera del antiguo supermercado Champion y Parque Borujas. Morón de la Frontera. Fotos del autor.

 

Las bellotas cocidas con grasa de cerdo ablandan las durezas y sana las llagas malignas.

Se creía que las bellotas provocaban la orina.

Sus hojas y bellotas machacadas y cocidas se emplean para desinfectar heridas.

El doctor Andrés de Laguna nos informa de que Dioscórides decía que comer las bellotas en abundancia “dan dolor de cabeza y engendran ventosidades, aunque son útiles para las mordeduras de animales que arrojan venenos”.

Las bellotas cocidas y bebidas con leche se consideraban un buen antídoto contra todos los tóxicos.

Su corteza pulverizada se usó para combatir la tuberculosis pero, por causar graves irritaciones en las vías respiratorias y digestivas, motivado por contener ácido cuercitano, se dejó de emplear.

Aspirando el humo de sus ramas al quemarse se alivian resfriados y jaquecas.

Con sus agallas se prepara la Pomada de la condesa o pomada virginal, de la Farmacopea matritense (1823): agallas de encina, corteza de granada, hojas de mirto y nueces de ciprés, usada como astringente externo por comprimir el esfínter.

Componentes: Contiene ácido gálico, comercianticos y elágico.

Su corteza es rica en materias tánicas, pero no se trata de ácido tánico sino del ácido cuercitano.

El llamado rojo de roble, presente de distintas cantidades en las especies del género Quercus, es una especie de flobafeno, cuercinita, levulina, diversos azúcares, pectinas, etc.

Las bellotas contienen 50% de fécula, varios azúcares, grasa y tanino.

En las agallas, ácidos gálicos y taninos.

 

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Historia: Han sido consumidas las bellotas desde la Prehistoria tanto en la Península como en el norte de África.

Los celtas los consideraban árboles sagrados y bajo su sombra celebraban los druidas sus ceremonias religiosas.

Los sacerdotes del templo de Dodona, en el norte de Grecia, hacían sus oráculos oyendo el ruido del viento en las hojas de las encinas, y su religión se basaba en encinas sagradas.

En la antigua Grecia se castigaba con la muerte la tala injustificada de una encina.

Los romanos cultivaban en sus jardines diversos tipos del género Quercus. Los hispanoárabes solían tener encinas en sus jardines.

Hoy se pueden ver en algunos jardines pero debido a su lento crecimiento a veces son víctimas de agresiones y vandalismo.

En la Biblia es nombrada varias veces como árbol sagrado, así en el Génesis (XII, 6) “Abrahán atravesó el país de Siquem, hasta la encina de Moré”. Sobre la encina de Mambré, los tres ángeles anuncian a Abraham la destrucción de Sodoma y Gomorra.

El hombre ha ido seleccionando las bellotas más dulces para sembrarlas y así eliminar las más ásperas y con mayor cantidad de tanino a las que llamó Quercus ballota Desfontaines.

Según Plinio, las bellotas tostadas eran consumidas por los romanos en Hispania como postre y en épocas de escasez se dejaban secar, se mondaban y trituraban obteniendo una harina con la que fabricaban pan.

Hasta la llegada de la patata, las bellotas asadas, junto a las castañas, componían el alimento base de las poblaciones.

En la hambruna de 1709 en Francia, el pan de bellota socorrió el hambre de muchas personas y evitó un buen número de muertes.

Muchos escritores y poetas españoles, como Unamuno o Azorín en su obra La Ruta de Don Quijote, le han dedicado bellas páginas. Antonio Machado le dedica este poema:

¡Encinares castellanos
en laderas y altozanos,
serrijones y colinas
llenos de oscura maleza,
encinas, pardas encinas:
humildad y fortaleza!

 

Orden-de-la-encina

 

Leyendas y tradiciones: Su madera se ha usado en las hogueras de la noche de San Juan, antiguamente para celebrar del solsticio de verano, el día más largo y la noche más corta del año.

Para los celtas, la encina estaba relacionada con el dios supremo; incluso algunos acabaron adorando al árbol.

Estuvo consagrada a Júpiter y Cibeles como símbolo de fuerza.

Una leyenda griega cuenta que de una bellota procedente de la encina oracular de Dodona nació una encina de la que caían hormigas que, transformadas por Zeus en hombres –los mirmidones– conquistaron la isla de Egina. Estos mismos mirmidones son los que, según Homero, lucharon en la guerra de Troya junto a Aquiles, vestían de negro y entraban en combate en una rápida carrera como sus antecedentes las hormigas.

En la antigüedad casi todos los países de Europa contaban con algunas encinas sagradas, que consideraban habitadas por espíritus, ya que bajo su sombra enterraban a sus santos. Estas creencias fueron combatidas por las grandes religiones (cristianismo, islamismo y judaísmo). Pero el cristianismo siguió tomando algunas encinas como lugares sagrados. La virgen de Fátima se apareció sobre una encina, al igual que la virgen de Begoña, patrona de Bilbao. Según la leyenda, en el siglo XVII se intentó cortar la encina de la aparición y la Virgen gritó: “Gegoña” (“quieto ahí”).

En Cataluña, las jóvenes que habitaban en la ribera del río Fresser (Gerona) creían que podían convertirse en hadas bebiendo agua de siete fuentes con la hoja de una encina tocada por un rayo.

En Aragón se quemaba un trozo de tronco, poco a poco, desde el día de Nochebuena hasta Reyes; después lo colocaban en las cuadras para que protegiera a los animales.

En muchos lugares de España las mujeres creían que abrazando una encina quedarían embarazadas.

La mitología asturiana cuenta que en las encinas habitan las lavanderas, que lavan sus ropas a la luz de la luna y causan muchas desgracias a quien tiene la mala suerte de verlas.

En Peñamellera (Asturias) existe una encina en la que se celebraron aquelarres.

Un antiguo dicho de la Península Ibérica dice: “Para tener éxito en los negocios se cogerán, en domingo, cinco bellotas que se quemarán, y las cenizas se colgarán dentro de una bolsa de seda amarilla que se llevará encima”.

 

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En muchos lugares de España se consideraba su sombra maléfica, por creer que las brujas de reunían allí.

El rey de Navarra García Jiménez en el 722 tuvo una aparición de una cruz sobre una encina en víspera de una batalla que ganó, y por ello fundó la Orden de la Encina a la que pertenecerían sus caballeros. Esta es la orden militar más antigua de España.

Hasta hace poco, en Cataluña, en la noche de san Juan, abrían con hachas un hueco en el tronco de una encina por donde pasaban un niño quebrado. La madre lo metía diciendo: “roto te lo doy” y el padre lo recogía por el otro lado diciendo: “curado te lo quito”. Se repetía tres veces, a continuación se envolvía el agujero con la faja del niño, arcilla, y se ataba con cuerdas; si al cabo de un tiempo la encina seguía viva era señal de que el niño se curaría.

 

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Chaparro de la Vega en Coripe.


 
Localización: En Morón hay algunas encinas en jardines, pero los ejemplares más importantes se encuentran en Arenales y la Ramira.

En Coripe se encuentra el Chaparro de la Vega, declarado Monumento Natural por la Junta de Andalucía, con más de 200 años de antigüedad –aunque algunos creen que puede tener 700 años– y 30 metros de diámetro de copa, 18 de altura y un perímetro de 5.7 metros. Se trata de un chaparro utilizado como referente para actividades de Educación Ambiental en toda la comarca.

En 1994, Canal Sur, la televisión andaluza, en el primer programa dedicado a récords regionales, congregó a 1.250 personas bajo su sombra y aún quedó sitio.

Junto a este Chaparro de la Vega se celebra anualmente la Romería de Fátima en el mes de mayo.

Se encuentra junto al río Guadalporcún y forma parte de la Vía Verde de la Sierra, cercano a la Reserva Natural del Peñón de Zaframagón.

Aunque siempre ha sido símbolo de su pueblo, los vecinos de Coripe están tan orgullosos de su chaparro que lo incluyeron en su escudo oficial junto a un caballo, creado en 1983.

 

José Pérez Dávila.

 

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