«Lo que no se comunica no existe»
Gabriel García Márquez

Entrevista a Raúl Rodríguez

Para acercarnos al nuevo disco y cuaderno de trabajo del compositor, contaor y tresero Raúl Rodríguez Quiñones (Sevilla, 1974) hablamos con una baraja de amigos suyos y les pedimos una o dos preguntas sobre el músico fronterizo. Así hemos conformado una especial rueda de prensa que lo interpela con cariño sobre sus inquietudes, recuerdos, vicisitudes, encuentros, propósitos o instrumentos. Raúl Rodríguez presenta en directo su Razón de Son, unánimemente aplaudido por la crítica cabal, el sábado 14 de febrero en el Teatro Oriente de Morón. Todo apunta a que el concierto se convierta en un viaje gozante, un enorme acontecimiento de música y vida celebrada con su gente y en su pueblo.

PACO LEIVA¿Cuándo decides que tienes que utilizar tu voz como un instrumento más para contarnos el recorrido de tu viaje de estos últimos 20 años? ¿No habría sido suficiente hacerlo instrumentalmente, como en el caso de las Alegrías de Currito?

En este trabajo es muy importante la información y el discurso poético que hay en las letras y, cuando empecé a escribir, entendí que debía atreverme a trasmitir esas pequeñas cosas que había encontrado por el camino, como pudiera, así que empecé a hacerlo desde un terreno de contaor, intentando que se entienda lo que se dice y buscando que la voz tenga un poquito de compás y un poquito de dulzura, no mucho más. Estoy situándome más cerca de los juglares, los griots o los bluesmen, contadores de historias a compás. Respeto muchísimo el valor de tantísimos buenos cantantes y cantaores que hay, pero me reservo el derecho de levantar mi copla, como antiguamente hacían muchos tocaores. Intento encontrar un hueco para transmitir mi forma de ver el mundo.

Hace tiempo hablábamos de que querías hacer música para que la gente bailara, los mayores, los jóvenes, los niños… Al ver en tus conciertos ese baile colectivo dirás «Ahora sí, éste soy yo, éste es mi Son, ésto es Rock and roll».

Casi todas las músicas de baile popular que tenemos hoy están basadas en el ritmo binario de los Tangos o la Rumba. Sin embargo, en aquellos siglos del protoflamenco, del XVI al XIX, los bailes más extendidos eran ternarios. Creo que hay varias formas de encarar hoy los compases de la Bulería, la Soleá o la Seguiriya que pueden hacer que esos géneros sean bailables por una mayoría no especializada y entiendo que eso es necesario que pase, para que tengamos más terreno donde exponer nuestro sonido. En este trabajo estoy profundizando mucho en ese terreno, tomando algunas soluciones de otros géneros vecinos en lo rítmico, como el Punto cubano, el Joropo venezolano o la Petenera veracruzana. E intento buscar con el Tres patrones que construyan tumbaos para que se puedan bailar esos ritmos con facilidad, para que puedan rodar… y sí, lo estoy viendo, en los conciertos estamos tocando ritmos en bulería y el público está moviendo todo el cuerpo sin parar y, efectivamente, ahí sí digo… «ésto es Roll, dansez», como decía el gran Silvio explicando la relación de los pasos de Semana Santa con el Rock and Roll: «si bailas, es la única forma de que no te pese nada».

NINO. ¿Por qué has elegido el Tres cubano para este trabajo, cuando tú dominas muchos otros instrumentos?

Afortunadamente, querido Nino, yo no domino ningún instrumento, ellos me dominan a mí. Y con este Tres Flamenco nuevo que tengo, hecho en Triana por Andrés Domínguez, que conjuga elementos de Guitarra flamenca y de Tres cubano, he podido encontrar una veta propia, una forma personal de poder tocar todas las músicas que me gustan desde una postura libre, porque es un instrumento nuevo. Y a mí lo que me gusta es la libertad.

¿Cuál es la inquietud que te ha llevado a hacer el trabajo en solitario, cantando y tocando, de dónde te ha venido la influencia ésa?

Probablemente de los años trabajando con grandes cantautores, como Kiko Veneno, Santiago Auserón o Javier Ruibal, gente que lanza su verdad al mundo desde su propia voz. No creo que sea necesario que uno sea un virtuoso del cante para poder levantar una copla, todos podemos hacerlo si sentimos esa necesidad y hay un poco de compás. Y si tenemos algo que contar, hay que quitarse los miedos, aprender y atreverse poco a poco a hacer lo que uno quiera hacer en la vida.

JOSÉ CASTRO. Has podido amalgamar en este trabajo tuyo todas tus ideas o se te ha quedado algo en el tintero?

Bueno, querido José, me he quedado muy tranquilo de saber que he podido echarlo todo para afuera, que he sudado la camiseta y que no me ha quedado nada importante que mostrar. Entre las coplas y los textos hay mucho material recogido de estos años y, si esperas 22 años para hacer tu primer disco, te da tiempo a recoger algunas cositas.

¿Qué motivos te ayudan cada día a seguir creando y embriagando mentes enfermas de música?

Sin duda, mi niña Lua me ilumina el camino. Desde que ella llegó tengo esa sensación de tener que dejarle un cante propio, para que continúe la rueda de la creación colectiva que creo que es la tradición, para que mi hija pueda decir «yo canto el cante de mi papá», que es lo que siempre pasó en nuestras casas… Así se hizo la música popular, poquito a poco y uno a uno. Y me alimenta el alma verme con los amigos, el cariño de verdad, la risa… y la pasión por la música, con esa idea programática de «hacer lo que se ama y amar lo que se hace».

PERETE. ¿Te acuerdas del día de las visicitudes? Dime si te causó efecto.

Óle, Perete, gran día, el de la presentación de Cal en la Bienal de 2006. Estábamos pasando fatiguitas dobles por la tarde y tú me dijiste algo que me reveló la verdadera verdad: «¡Las visicitudes, Raúl! Las visicitudes son las que nos hacen grandes». Y claro, al momento desperté, y comprendí que todo iba a ir bien y que, en el fondo, en la vida se aprende a base de superar los miedos, de remontar el partido constantemente, de ir al contraataque con las penas y combatir, darlo todo, como el torero que tú eres, y salir vivo y feliz del lugar. Y así fue, y vivimos una noche estupenda, empetados de música, con una luna llena en el Hotel Triana que creo que todavía debe de estar allí encima, encendida. Grandes momentos.

JORDI GONZÁLEZ-RACERO. Cuando nacemos somos libres y creativos. Con la educación nos vamos poniendo un poquito más torpes. ¿Cómo trabajas tú esa recuperación de la libertad a pesar de la Cultura?

La Música, en el fondo, es un juego. To play en inglés es sinónimo de tocar y jugar. La actividad musical despierta en tu mente ese nervio de la Razón creativa, que es el verdadero motor de nuestro cerebro, la inventiva, el ingenio, el áje. Hay muchas formas de agarrarse a esa sensación, cada uno conoce las suyas. Yo no me pierdo ni un motivo para alucinar, en cualquier ramo de la vida, para que el niño interior esté siempre despierto, siempre contento, y esté atento al chispazo creativo, que siempre aparece.

¿Cómo es tu relación con las mordazas de la ortodoxia? ¿Cómo lo llevas tú interiormente?

Yo fui de los primeros niños que dimos Ética en vez de Religión en el colegio, de manera que mi mitología se basa en la igualdad de todos, en el reparto justo de los tiempos, para lo viejo y para lo nuevo, en la co-operación. Creo que en la música, en el acto de hacerla, no funcionan las leyes de la ortodoxia; las reglas que mandan en el arte son la emoción, el ingenio, el compás. Y creo que en la vida hay tradición y hay creatividad interviniendo al mismo tiempo, no son tan lejanas, y yo trato de tenerle el mismo respeto a ambas. Respeto a las tradiciones ancestrales y respeto (doble, porque no cuenta con la antigüedad como aval) a las cosas nuevas, a las ideas fértiles, al mundo de ahora, que es en el que vivimos. Y claro que hay lucha, querido Jordi, es un terreno minado de conflictos, tanto interiores como sociales, pero creo que estamos destinados a superarlos y sólo lo superaremos a golpes de creatividad, a base de que nuestra generación continúe creando sus cantes propios, que fue lo que hicieron los maestros, para que todo esto continúe vivo. Yo creo en que la creación es la madre de la tradición.

MANOLITO FLORES. Amigo Raúl, ¿a qué sabe la sangre y el alma de Cuba?

Cuba es una tierra hermana, hemos tenido mucho contacto y nos hemos hecho los unos a los otros, hemos estado 400 años juntos y sólo unas cuantas décadas separados, de manera que somos culturas muy parecidas. Y con aquel Tres traído de La Habana, tocando música de Morón, hemos pasado grandes momentos juntos, querido Manuel… Pero aquel es el Nuevo Mundo, donde todo puede suceder. Para mí, Cuba sabe a imaginación.

¿De dónde nace tanta originalidad comprimida en un artista tan grande?

Yo voy buscando, ése es mi ambiente, y no sé de mucho más. A poquito a poco, sin hacer ruido, se van metiendo cosas dentro de la boca de la guitarrita y cuando te quieres dar cuenta ya tienes dos o tres falsetitas tuyas… ésto es muy largo y muy ancho, es muy difícil… hay que caminar y trajinar sin descanso. Para mí, lo único importante es que la música que uno esté haciendo se la crea, que uno sepa que lo que está haciendo es verdad y que no está engañando a nadie, sino intentando descubrirse a sí mismo mediante el arte. Y poquito a poco, con un poco de suerte, puede que encuentres algo que tenga algo de valor para los demás y lo quieras compartir con alegría.

PACO PAVÍA. Con respecto a Razón de Son, ¿cómo has conjugado algo tan vacilón como el Son con algo tan racional como la razón, valga la redundancia?

Compadre mío, éso lo llevábamos haciendo 20 años y no nos habíamos dado cuenta. Cuando estudiábamos juntos en la facultad, ya estábamos mezclando los apuntes de Antropología con las fiestas flamencas… No es incompatible el rigor con el disfrute, son polos opuestos que se necesitan, el Apolo y el Dionisos que todos llevamos dentro se tienen que poner de acuerdo por lo menos una vez en la vida… yo he tratado de hacerlo conmigo mismo, y de ahí ha salido esta Razón de Son. Creo que, además, necesitamos una ciencia más lúdica, una Antropología más bailable y una música de baile que tenga más discurso, más contenido. He tratado de aproximar esas dos lógicas aparentemente irreconciliables y lo que ha salido de ese encuentro son cantes nuevos.

El pueblo este nuestro de Morón… ¿qué te ha dado? Ya explicas en tus textos que te ha servido mucho, pero dinos algo más de este pueblo. Porque la parte teórica la expones estupendamente en tu libro, y en tu música desde que empezaste, pero échate al fango y dinos con las tripas qué te ha dado este pueblo a ti.

La verdad y la amistad. Aquí yo he aprendido lo que es saber decirse las verdades a la cara con cariño y respeto, con educación y con vergüenza. Mi historia de amor con este pueblo es muy linda, en mi vida Morón siempre ha sido un lugar mágico que funciona como un espejo que revela las verdades, un reflejo siempre sincero de lo que uno es, en el fondo, como esos lugares iniciáticos en los que todo lo que sucede es real. Aquí he aprendido mucho de la vida y de la música, llegué como aprendiz de la música de aquí y me fui con mi propia música entre mis manos, me descubrí a mí mismo en estas calles y en estas casas, aprendiendo, viviendo. En aquellas noches gloriosas que pasamos escuchando a Diego hasta las claras del día, en una de aquellas madrugadas, en el bar del Perete en Los Caños, Diego me cedió la guitarra después de varias horas y ahí descubrí mis primeros acordes propios, como si la guitarra fuera Excalibur y tuviera poderes, viniendo de las manos del Mago…como si esa música ya estuviera escrita en el aire y la estuviera leyendo. Tuve que venir hasta aquí para encontrar mi música, como si me estuviera esperando. Aquellos acordes son los que están al principio de la Bulería del corazón que hicimos con Son de la Frontera.

Morón me ha dado mucho, demasiado, mucho cariño con mucha gente, muchas momentos memorables, muchos abrazos… No estoy nada seguro de que pueda devolver nunca lo que he recibido de este pueblo. Pero lo intento: os quiero mucho.

MANUEL MATA. El que me tiene loco, con el disco que ha formao, me tiene medio loco, y estoy volviendo loco a medio Morón, por mor de tu disco, me cago en tus muertos… Vaya, es que voy a perder la cabeza, por mor tuya. Además, que estoy acabando con mi paciencia, que tienes aquí arruinao a la mitad diciendo… ¿quién es ese? Ese es mi amigo Raúl, el que más quiero en el mundo, el mejor, que sois unos cabrones, que ese es el mejor que hay en to España, el que toca la guitarra con cojones y va a matar a ustedes a la mitad… ¡de alegría! y no sé cómo no sabéis quién es. ¿Qué pasa, no es ese? Ese es Raúl, el bueno, el que yo quiero… y ya no digo más ná, que me tenéis harto.

Qué te voy a decir, Mata… que yo también te quiero. Eres un fenómeno del mundo, no hay quien pueda contigo. Aún me acuerdo el día que te conocí, que me diste un bocinazo en la oreja y me dijiste, a voces: «Tú me tienes a mí que ayudar a cambiarlo tó!!!»… pues en eso estamos, Manuel.

JOSÉ DE LA GOLETA. Raúl, ¿cómo recuerdas los dos días que estuvimos en La Goleta grabando a Diego y disfrutando de su música y la tuya?

Grandes momentos, querido José, en La Goleta, ese barco legendario. ¡Qué pena! Lugares como aquel debían ser declarados Patrimonio cultural, sólo por la calidez y la calidad de lo que ha pasado allí. Aquellas noches con Diego en aquellos años fueron de las experiencias más fuertes de mi vida. Las tengo grabadas a fuego en la memoria más profunda, por el gusto tan grandísimo de escucharlo y de alucinar con su música de esa manera, que nos hace llorar a todos. Él sí es un mago verdadero, que conoce las cuerdas que hacen temblar al corazón. Es mi gran maestro, aunque yo nunca fui su alumno, nunca tuvimos clases, sino encuentros. De Diego aprendí lo fundamental en la guitarra, un código ético: no se puede tocar de mentira.

¿Tú sigues teniendo la sangre verde, como yo?

Claro, Manque pierda siempre, y ahora más que nunca. Esa es una filosofía fantástica para la vida, que constantemente nos está dando leñazos que tenemos que resolver, y los béticos estamos muy entrenados en pasar fatigas. De hecho, estoy seguro que los béticos estamos llevando un poquito mejor estos tiempos de crisis, por lo acostumbrados que estamos a pasar el quinario.

KIKO CORONADO. Como músico que has dado la vuelta a los seis continentes esos que hay en el mundo, siempre llevas algo de Morón. En todo lo que haces siempre metes algo y éso para cualquier moronero… le hace sentirse orgulloso. ¿Tú te sientes moronero aunque no hayas nacido aquí?

En el sentido musical, sin duda, aunque en realidad creo que soy más de la frontera… pero claro, me identifico totalmente con Morón, me siento en casa, tengo los mejores amigos aquí, familia del corazón, adoro este pueblo y su música y donde quiera que vaya siempre hay alguien que dice a lo lejos «¡Óle Morón!». Además, el Toque de Morón es como si fuera el Betis del Flamenco, ¿no, Kiko?

 

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