Entrevista con Alberto San Juan

«El teatro es mucho más libre que el cine o la televisión»

«El teatro es más libre que el cine y la TV»
Entrevista con Alberto San Juan

 

Cuando llegamos al teatro con el fin de provocar un encuentro con Alberto San Juan, éramos conscientes de que íbamos a abordar al actor con poco margen de antelación como para esperar de él una charla que durase más de dos minutos, en esa franja de tiempo sagrado que antecede siempre a la catarsis.

Lo vimos llegar apurado junto a Marta Calvó, su compañera en Masacre. Una historia del capitalismo español, y decidimos no molestarlo y dar un paso atrás. Ya habría quizás lugar para la charla después de la función. Pero cuando nos marchábamos, mientras los actores probaban la acústica del Teatro Oriente, con el rabillo del ojo nos advirtió y nos instó amablemente a que permaneciésemos allí. Se acercó y nos invitó a que preguntásemos lo que quisiésemos. Y eso hicimos. Almazara Teatro entrevistó a Teatro del Barrio. Alberto San Juan (que podría haberlo hecho) no quiso escaquearse.

Tu teatro tiene mucho que ver con el teatro documental y con el teatro periodístico. ¿Tiene además algo de autobiográfico?

Yo hago un monólogo de un joven capitalista español que sí tiene autobiográfico; esto no, esto es Masacre, una historia del capitalismo español y no, no hay nada autobiográfico. Todos o casi todos los personajes son reales, históricos, salvo la pareja protagonista que es una pareja inventada: una pareja de clase media donde el hombre podría ser yo mismo; la diferencia es que él trabaja en un banco y yo en un teatro, pero al fin y al cabo el lugar que describo, donde vive él, es donde vivo yo. Cualquiera que escribe o expresa por el medio que sea se basa en su experiencia personal y en lo que ve, pero no hay nada autobiográfico en esta obra.

 

Alberto San Juan en Morón foto de Jesús Carrasco

 

Cuando hablamos de lo contemporáneo en el teatro algunas veces da la sensación de que hay muy poca distancia para captar lo inmediato. ¿Hay algún tipo de distanciamiento provocado en la escena?

Se utiliza humor, a veces hasta el absurdo; hay personajes que están en los años 50 y hablan de lo que sucederá en el 2000. Hay muchos elementos no realistas. Para empezar, no hay escenografía y los personajes están en lugares muy diversos, con lo cual es necesario que el espectador aporte con su imaginación, y espero que nosotros estimulemos suficientemente la imaginación de los espectadores. Cualquier elemento no realista distancia. Pero el mismo hecho de estar en un teatro ya provoca cierta distancia, con lo cual hay que conseguir acercarse por otros medios complementarios al realismo.

¿Se produce alguna llamada a la acción ciudadana desde la acción dramática en vuestro espectáculo?

No, no, no hay una propuesta sobre qué hacer. Hay un intento de entender cuál ha sido el camino hasta llegar a la situación actual de desigualdad social y comprender por qué el poder económico y la riqueza están concentrados en tan pocas manos; por qué esas manos han pertenecido a las mismas familias a través de los siglos y cuál ha sido su relación con el poder político, porque hoy parece evidente que el poder económico concentrado en muy pocas manos tiene una enorme influencia sobre el poder político, lo cual atenta contra la idea de democracia. Hay un intento de aproximarse a esa historia, sobre todo desde el Franquismo hasta hoy, pero no hay una exhortación para hacer una cosa u otra. Es solo un intento de comprender.

 

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En la época en la que estamos tendemos a aceptar muchas cosas que nos vienen impuestas. Tú tuviste un posicionamiento claro contra la ley Mordaza en el caso de los titiriteros. ¿Es el teatro una forma de insumisión?

Pienso que vivimos en un momento de cambio de ciclo histórico, político y social. Eso significa que hay una confrontación entre distintas posiciones y entre el sistema que, hasta ahora, ha gobernado nuestras vidas. Un sistema que ahora mismo está en cuestión, contestado desde muchos ámbitos —entre ellos el teatro—. Digamos que nuestro teatro participa de esa contestación social y, por lo tanto, cuando decimos que algo no es bueno estamos diciendo que hace falta pensar otra cosa.

El Teatro del Barrio piensa las cosas en la Universidad del Barrio. Háblanos un poco de ella. ¿Cuál es tu opinión sobre la situación del teatro en los planes de estudio?

Me parece que las artes, salvo el dibujo, no existen en la educación obligatoria, y eso es una desgracia absoluta. Es una desgracia que no exista el teatro, que no exista la danza, que no exista la música; es una desgracia que no se les dé la misma importancia que a las matemáticas o a la lengua, cuando está claro que la tienen. Es que por no existir no existe ni el cuerpo, salvo en la educación física, pero no en ningún sentido que tenga que ver con la libre expresión a través de él. Así que me parece una desgracia absoluta que provoca que nuestro sistema educativo —esta es solo una de las muchas razones— sea muy deficiente.

 
Masacre
 

Afecta la censura económica en tu forma particular de hacer teatro? ¿Cuándo planificas una obra te pones algún cortapisa?

No. Yo hago obras baratas porque de lo contrario no habría capacidad para producirlas. El Teatro del Barrio tiene pocos recursos y solo puede producir obras baratas; cuando lo hago yo solo, aún tengo menos recursos, con lo cual… Pero las compra la suficiente gente, las programan los suficientes teatros como para poder vivir de ellas. El teatro es mucho más libre que el cine o la televisión porque en él hay mucho menos dinero en juego (salvo en el teatro comercial que no pretende arriesgar, ni en el teatro público que tiene muchos recursos). Es más fácil decir lo que uno quiere, porque nunca hay millones de euros en juego…

Mirad el escenario…

 

Miramos el escenario y comprendemos que el discurso de Teatro de Barrio no va a entrar en contradicción con su propuesta escénica. Tan solo una silla y ráfagas de luz sobre el fondo negro. Alberto no mira el reloj, pero nosotros sabemos que es hora acabar una conversación que podría haber durado días. Lo acompañamos a tomar un café y lo dejamos en la puerta del teatro. Faltan tan solo cincuenta minutos para que se abra el telón.

 
Antonio M. Morales / Almazara Teatro. Fotografías de Jesús Carrasco y Teatro del Barrio.
 
Crítica de «Masacre. Una historia del capitalismo español». Por Antonio M. Morales (Una butaca en Oriente).

 

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