Entrevista con Alejandro Cruz Benavides

«El arte y el escenario tienen una fuerza descomunal para ayudarnos a ser mejores personas»

Alejandro Cruz Benavides. Foto de Paola Evelia.

Alejandro Cruz (Sevilla, 1979) es pianista, compositor, actor y director musical, faceta esta por la que recibió un premio MAX en 2012.

La pasión por el oficio le viene desde niño, en Osuna, por su familia, muy ligada a la música, la literatura y, sobre todo, al teatro.

Suele poner su talento al servicio de otros artistas —conoce bien la carretera y el escenario—, pero el cuerpo le pide grabar su propio disco, mientras sueña cada noche con ser cantaó flamenco.

 

Isa García Morilla / Agenda Atalaya. Fotografías de Paola Evelina.

 

¿Cuál de todas sus facetas se desarrolló en primer lugar?

Quizás el teatro, por lo inmediato de ponerse, pero la música siempre estuvo presente y de manera muy natural. Estoy en los escenarios desde que tengo uso de razón. En casa hacíamos teatro desde muy niños, escuchábamos música a diario, mi madre nos dirigía en el colegio y yo me sentía muy orgulloso de ella, como ahora. A los seis años, mis padres me apuntaron por obligación en una banda de cornetas y tambores. De veras, me obligaron. Yo no quería música, sólo pegarle patadas a un balón y hacer karate. Ahora agradezco en el alma que insistieran tanto; la música me ha hecho mucho bien.

¿Cómo fueron llegando las demás?

Comencé tocando el tambor, después la corneta, el bombardino, y a a los 12 años empecé a estudiar piano. Conservatorio, primeros grupos de rock, Ursaunitas Blues Band, Al-Alba Teatro, La Carbonería, afición al flamenco, estudiar, el jazz, Arte Dramático, siempre estudiar… Con el tiempo comprendí que aquellos primeros años fueron fundamentales en mi carrera. Era una esponja, quería estar en todas partes y empaparme de todo.

Conociendo los aspectos artísticos de su familia, ¿ha sido ella el primer laboratorio de investigación artística?

Sí. Y sigue siendo mi laboratorio, donde pregunto, recibo críticas y apoyo constante de mi madre, mi hermano y mi padre, que siempre nos ha apoyado y ya es todo un experto. Imagina una comida en casa… A veces tenemos que decir ¡para!, hablemos de otra cosa. Siempre con el teatro y la música en la boca.

 

Al-Alba Teatro comenzó como un sueño de mi madre. Hoy lleva 23 años tirando del carro, girando y ofreciendo sus obras a lo largo de la geografía española.

Alejandro Cruz Benavides. Foto: Paola Evelina.

 

¿Cómo ha influido en su carrera ser cofundador de la compañía teatral Al-Alba en Osuna?

Al-Alba teatro comenzó siendo un sueño de mi madre, Estrella Benavides, que se fue fraguando en casa, entre libretas, obras de teatro, poemas de Lorca, Machado… mientras yo aporreaba el piano y mi hermano pequeño, Fali Cruz, inventaba coreografías y dibujaba escenarios imposibles. Era 1993, ahora es una realidad, Al-Alba lleva 23 años tirando del carro, girando y ofreciendo sus obras a lo largo de la geografía española. Hoy dirige el carro mi hermano Fali, un amante del teatro y un conocedor del oficio, al cual admiro profundamente. Yo vengo de ahí, es mi esencia, mi escuela, mis padres, mi hermano, mi apoyo, mi apretaera, mi vida, mis maneras, mis miedos y mis alegrías.

En su faceta como actor, ¿con qué papel se identificó más?

Con uno de los primeros personajes que hice, Manué, un jornalero andaluz salpicado por la injusticia de los caciques y capataces en el campo. Luchaba contra la desigualdad y la pobreza de los jornaleros. Ese personaje me marcó por siempre. Quizás Alejandro adulto siga teniendo algo de ese Manué que interpreté en la juventud. Pertenecía a la obra Espigas y Olivos, que nos dio muchas alegrías, y con la que aprendimos mucho. Además tocaba la flauta, percusiones, incluso salía de escena para tocar el piano. Todo eso hizo que cogiera confianza y experiencia para incorporar todos esos recursos en el escenario. Por otra parte, en aquella época nació una amistad de un grupo de jóvenes que hoy somos como hermanos. Eso es el mayor regalo.

Su imagen cuando toca el piano es curiosa porque no se sabe muy bien dónde acaba Alejandro y dónde empieza el instrumento. ¿Cuándo fue la primera vez que sintió que juntos sois uno?

Creo que la primera vez fue con 17 años, improvisando con los Ursaunitas Blues Band. Recuerdo esa época con mucho cariño, tenía pocos conocimientos de armonía y pocos recursos técnicos, pero con ellos aprendí algo importante, disfrutar de la música de una forma pura y verdadera.

Recuerdo muy bien a Jesús Zamora, Gonzalo Crossa, Dani Bocio… Eran mayores que yo y los admiraba muchísimo por cómo tocaban y disfrutaban de la música. En esa época, sentir tu cuerpo y el instrumento al unísono surgió pocas veces.

 

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¿Es esa una sensación efímera?

Ahora es mi objetivo diario cuando salgo a tocar, si bien depende mucho de con quién comparto escenario, qué música esté haciendo, la calidad de sonido, el espacio y el público que me encuentre… Si se dan buenas condiciones se crean momentos únicos y hermosos, algo parecido a la felicidad.

MujeresLuz fue un proyecto convertido en realidad. Historias de coraje y fuerza dedicado a mujeres heroínas cuyas historias viven en la sombra de sus desgracias. 

Tengo grandes amigas. Las mujeres han sido fundamentales en mi vida y sentía la necesidad de homenajearlas, de decirles lo importantes que han sido para mí. MujeresLuz se ha convertido en algo más que un espectáculo, es una plataforma para reivindicar el camino que nos queda por recorrer hacia la igualdad.

¿Qué le impulsó a crear una obra de estas características?

El impulso fue mi madre, mi mujer, mi hija, mis amigas y, sobre todo, esas heroínas calladas, que a veces no son protagonistas ni de su propia historia.

Hay mujeres que al día siguiente de vernos actuar han dado el paso importante en su vida que tenían que dar. Después del espectáculo, muchas mujeres —y hombres— han compartido con nosotros sus historias personales, historias que nos llegan al corazón y nos confirman que el escenario, el arte, es transgresor y tiene una fuerza descomunal para ayudarnos a intentar ser mejores personas.

 

Tuve la gran fortuna de pertenecer a Laví e Bel, una de las mejores compañías de teatro de España.

Alejandro Cruz Benavides. Premio MAX.

 

Ganar el premio Max (2012) a la mejor dirección musical por La Barraca del Zurdo, ¿le abrió las puertas de nuevos proyectos?

Sí, me abrió algunas puertas, y fue un impulso a mi carrera, aún lo sigue haciendo; el gremio tiene en cuenta esas cosas, un Max no se gana todos los días. Tuve la gran fortuna de pertenecer a Laví e Bel, una de las mejores compañías de teatro de España, y lo digo a boca llena, porque lo han demostrado. La Barraca del Zurdo es una pieza llena de contrastes y lenguajes escénicos que reivindica la resistencia en el oficio y en la vida misma. Fue un regalazo encontrarme con esa obra, con sus componentes y el visionario director y creador Emilio Goyanes.

¿Conoció al pianista ursaonense José Romero?

Sí, fue un gran maestro de las formas musicales andaluzas, como él decía, y nos abrió una puerta enorme a todos los que nos dedicamos hoy al piano flamenco. A José Romero lo busqué siendo joven, y le pedí que me diera clases particulares, pero no se encontraba bien de salud. Aún así pude conocerlo y mantener algunas conversaciones musicales con él de las cuales guardo un gran recuerdo.

Usted ha acompañado musicalmente en directo y en televisión por todo el mundo a importantes artistas como Raphael, José Mercé, Falete o Nacha Guevara, entre otros. Es autor de importantes BSO de producciones de cine, teatro y TV. También ha trabajado en numerosos programas televisivos como QTTF (Telecinco), Tu Cara me Suena (A3), Menuda Noche o Se Llama Copla (Canal Sur). ¿Cómo le ha hecho crecer esto profesionalmente?

Todas y cada una de ellas y de manera muy particular me han hecho y me hacen crecer cada día. Este es un oficio de fondo, de largo recorrido, y no dejas nunca de aprender.

¿Recuerda su primer escenario a nivel nacional?

Comencé pronto actuando a nivel nacional, antes de dedicarme de lleno a la música, con Al-Alba Teatro.

 

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Morón cuenta desde hace poco con un Taller Municipal de Teatro. ¿De qué forma creció Osuna culturalmente a través del taller?

El taller de Teatro en Osuna que imparte Al-Alba Teatro es una realidad cultural, social y educativa que acoge cada año a más de 70 alumnos y que ha hecho crecer en afición a nuestro pueblo y a la comarca, afición a las artes en general. Del taller de teatro hemos salido, y me incluyo, muchas personas que a día de hoy nos dedicamos de manera profesional a las artes: actores de cine y teatro, músicos, escritores, regidores, escenógrafos, iluminadores, sonidistas, etc..

En el taller se enseña a descubrir el mágico mundo del escenario. Me alegra que los ayuntamientos y las instituciones apuesten por la cultura; en Osuna a día de hoy es así, nos sentimos apoyados y me alegro de que en Morón esté pasando también.

¿Cómo surge el encuentro Voces de Osuna?

Nace de la necesidad de hacer algo en Osuna, para mi pueblo, para mis gentes. Se ha convertido en un acontecimiento muy esperado durante el año. Personas que no han pisado nunca el escenario nunca, o muy pocas veces, se reúnen para encontrarse y compartir desde la música, para disfrutar con el público, sin miedos. Como su propio nombre indica, se trata de un encuentro, no un concurso ni un certamen. Me siento orgulloso de poner mi granito de arena con Voces de Osuna para que muchas personas puedan cumplir su sueño de cantar en un escenario. El balance es muy positivo, ya han participado centenares de vecinos y en cada edición tenemos lista de espera para cantar con nuestro acompañamiento.

 

Creo que es el momento de plasmar mi forma de sentir y ver la música en un disco, mi disco.

Alejandro Cruz Benavides. Foto: Paola Evelina.

 

¿Qué opina de la situación actual de la enseñanza pública en la materia de música?

Es un tema muy complejo y delicado. Hay mucha institucionalidad al respecto con la música. En los conservatorios se enseña mucho, pero es importante y necesario que vayan introduciendo otras músicas, no sólo la música clásica. El flamenco o el jazz está entrando poco a poco, pero debería tener más importancia.

Algo que me parece injusto, una falta de sentido común, es que a los pequeños que quieren entrar en los conservatorios le hagan pruebas de actitud. Entiendo que hay mucha demanda, pero los niños se ponen nerviosos y no están preparados, tan pequeños, para pruebas. Deberían tener unos meses para jugar con la música, para que disfruten y descubran de qué va esto. Si en mi época me hubieran hecho una prueba para entrar al conservatorio ahora mismo no sería lo que soy.

Me gustaría que la música y el teatro fueran asignaturas obligatorias desde primaria. He viajado por todo el mundo y en muchos lugares es así.

¿En qué nuevos proyectos está trabajando?

Tengo un nuevo espectáculo entre manos, con mi impronta, que quiero terminar antes de que acabe el año. Este 2016 ha estado cargado de trabajo. Llevo la dirección musical de El Legado de Canal Sur. Estoy inmerso en la composición de la música de Entre Olivos, nueva serie de ficción coproducida entre México y España que se emitirá en Latinoamérica y Canal Sur. Me encargo de la dirección musical de Falete y Antonio Cortés, y he estado de gira con Joana Jiménez, Triana, David Parejo, Álvaro Díaz y un largo etcétera. Mi subconsciente me está susurrando que tengo que grabar un disco, mi disco, creo que es el momento de plasmar mi forma de sentir y ver la música. Tengo que hacerlo.

 

Me gustaría que la música y el teatro fueran asignaturas obligatorias desde primaria.

Alejandro Cruz Benavides. Foto: Paola Evelina.

 

Un lugar. Las canteras de Osuna y Santorini (Grecia).

Un libro. Obras completas, de Federico García Lorca.

Un plato. Huevos trufados con foie que hacen mis amigos del Mesón del Rey Arturo.

Un defecto. La impaciencia.

Una película. Relatos salvajes, de Damián Szifron (2014).

Una afición. La música.

Una canción. Gracias a la vida.

Un deseo. Mi mujer.

Un cuadro. La tentación de San Antonio, de Dalí.

Un recuerdo. Pasear de niño de la mano de mi padre, preguntándole mil cosas… De todas tenía respuesta.

Una cita. «Las cosas no se dicen, se hacen, porque al hacerlas se dicen solas», de Woody Allen.

Un sueño. Sé que es inalcanzable, pero lo sueño despierto: ser cantaó flamenco.

 

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