«Lo que no se comunica no existe»
Gabriel García Márquez

Entrevista con Carlos Azagra

«La Fonda Pascual era el vestigio de un tiempo ya pasado, en una época en que buscábamos libertad»

Preséntanos a Encarna Revuelta. ¿Cuánto hay de Revuelta y cuánto de Azagra en el tebeo Fonda Pascual?
Bueno, Encarna es la persona que da color a los dibujos y a mi vida. Ella conoció la fonda en el verano de 1980 y cada verano ha seguido viniendo.

Siendo este «el mejor y más personal tebeo de Azagra y Revuelta», ¿cómo te has sentido, con tantos recuerdos sobre la mesa, durante su elaboración?
Ya hacía tiempo que le quería dar un homenaje a ese espacio, hoy ya desaparecido, no tanto por mis aventuras de niño sino por lo que representaba: un vestigio de un tiempo ya pasado, una época en la que buscábamos libertad, cada uno a su manera y como podía.

Un puesto en el Mercado de Abastos de Morón y sus tebeos usados de Boixcar, que a tu madre no le parecían tan buenos, están en el origen de una importante decisión: «Un día haré yo mismo mis propios tebeos».
Allí era, en la Plaza, donde conseguía esos viejos tebeos. Ya de joven me interesaban otro tipo de revistas que las podías encontrar en la librería Abril, por ejemplo.

¿Influyó Labordeta en tu amor por la historieta?
Ya me gustaban los cómics cuando le conocí. Labordeta fue mi profe de Historia y tutor de COU en aquel viejo Instituto Mixto nº1 de Zaragoza, el primero donde pudieron estudiar chicos y chicas. Él fue quien me introdujo en la revista Andalán, donde cobré mi primer dibujo, y eso no se olvida.

 

 

La Fonda —la conocí en los 80, con Puerto Pescao— da para un relato o guion con espacios y personajes tan sugerentes como los de Delicatessen, ¿no te parece?
La Fonda da para mucho, sobre todo la primera, que era más antigua y dieciochesca que la renovada, edificada por mi tío Emilio de Córdoba. Cuando abrió Puerto Pescao era ya la nueva, un hostal al uso. Siempre me acuerdo de lo fácil que era recordar el número de teléfono, pues era el 1.

Si para Encarna la Fonda era un inmenso vergel con olor a jazmín, ¿qué fue la Fonda Pascual para ti?
Pues lo mismo pero como más grande. Al ser un niño pequeño se recuerdan las cosas más grandes. En Feria me montaba en esos autocares llenos de luces, los coches locos; ahora ni harto de vino cabría dentro.

¿No encuentras también algún paralelismo entre el 13, Rue del Percebe de Ibáñez y la Fonda Pascual?
Había clientes fijos que sí que daba la idea de ese 13, Rue del Percebe, desde luego, y gente que solo veía en verano, ¡esos veranos de cuatro meses, desde junio a septiembre! Tengo en mente a Don Pedrito, un profesor que se asemejaba a Rompetechos; unas maestras que me parecían las hermanas Gilda; un alcalde que me recordaba a McCloud… bueno, esto es ya de otra peli.

En el tebeo hay una cita sacada de La Barcelona de los años 70, de Nazario, que fue profesor en Morón y huésped de la Fonda. ¿Te imaginas un encuentro con él en la mesa de recepción donde te gustaba dibujar?
Sería divertidísimo, aunque hubo otros artistas por allí con los que sí pude hablar. Incluso alguno que, al no poder pagar la habitación, lo ha hecho ¡mediante dibujos! Eso sí que es arte aplicado.

 

 

A García Márquez le preguntaron: ¿qué te gustaría observar por el ojo de una cerradura sin ser visto?
Uf, lo dejaremos ahí. Aunque nosotros éramos muy inocentes y nos gustaba más jugar que estar mirando por la cerradura. Con todo, eso de ser invisible y que nadie te vea tiene su encanto.

Y «había parejas que no buscaban habitación».
Había de todo, tampoco estabas todo el día ahí para fijarte. Muchas tardes iba a la Biblioteca Municipal a leer esa colección de Tintín, o Astérix, o te ibas al Castillo o a la piscina todo el día…

¿Qué pasó con las fotos que hiciste de la Manifestación del agua, el sábado 23 de agosto de 1975 desde la azotea de la Fonda Pascual?
Pues por ahí las guardo todavía. Ya no era tan niño y me iba interesando lo político y lo social. Más tarde conocería las canciones de Gente del Pueblo que tanto me marcaron, la creación del SOC, etc. Eso da para otro libro sobre la Transición.

En la viñeta a página completa dedicada al Cine Central apenas aparece el color. Alguna vez has afirmado que te gusta más el blanco y negro.
Es que aquel tiempo lo imagino en blanco y negro y con muchos grises, ¡sobre todo grises!

 

 

¿Hay algo de aquellas películas de infancia en tu estética como dibujante o cuentista?
Algo se te pegará. Veíamos pelis repetidas y no nos importaba, nos seguían encantando.

¿Te pasa como a John Wayne, que no confías nunca en un hombre que no beba?
Son frases épicas. No las recuerdo todas, aunque la mejor era «yo que tú no lo haría, forastero». Sí tengo recuerdo claro de la sensación de libertad reprimida que me transmitió la película Los chicos con las chicas, de Los Bravos, como otras tantas de los 60: Modesty Blaise, etc.

La contraportada del tebeo es una viñeta en una maginada playa de Morón. ¿A ti también te dejó profunda huella aquel cuadro de Monguillén en la Heladería?
Por supuesto, siempre me impresionó ese cuadro. Años más tarde conocí a Luis Monguillén en un instituto de Gavá, me llevó a echar unas cervezas a Castelldefels, donde vivía ¡en el Castillo de Castelldefels! Era un tipo interesante. Le pregunté si volvería a Morón y me contestó que no lo haría nunca. Eso me llamó la atención. Luego supe que era tío de mi amigo Mendoza, un dibujante y pintor moronense que dibujaba a su personaje Morbaote en la Peña del Gallo.

En una viñeta aparecen Diego del Gastor y José de La Goleta. De ambos tienes recuerdos, ¿no?
Claro, y de José más todavía. A Diego y todo ese mundo del flamenco, Anzonini, Joselero, etc., lo recuerdo de cuando niño; a José de La Goleta lo conocí luego, cuando me gustaban más las cervezas que los caramelos.

 

 

«La patria es la niñez, ese mundo que ya nadie te puede quitar».
Eso me decía mi profe Labordeta, y es así. Por eso soy tan poco nacionalista de nada. Somos un poco de todos lados.

Vivís en Cataluña desde hace muchos años. ¿Cómo vivís el procés, o estáis ya hasta la coronilla del tema?
Es un tema complejo. Se han cometido muchos errores por parte de unos y otros. Creo que debería respetarse el derecho a decidir, y siguen faltando más referéndum, sobre todo el principal, sobre lo que nunca nos preguntaron: Monarquía o República.

Tuviste dos demandas judiciales por dibujar. Hoy siguen condenando a artistas por sus expresiones.
Nada nuevo bajo el Sol. Antes la censura era política y ahora es económica. Si te metes con Telefónica, no nos anunciamos en tu revista; si te metes con el Ayuntamiento, no te contratamos el cartel de Fiesta Mayor; meterse con las marcas tiene su penalización.

¿Están desfasados hoy Pedro Pico y Pico Vena?
No, siguen publicándose en la revista Malavida, de Zaragoza. Eso sí, son otros tiempos. ¡Ahora hay más policía que antes! Lo decía Víctor Jara, «canto que ha sido valiente, siempre será canción nueva», y la rebeldía está siempre ahí. ¡Viva Andalucía re-verde!

¿También está desfasado Ovidio, otro de tus personajes, o este es universal?
Ovidio siempre ha sido un personaje al que le gustaba desfasar, no le pilla por sorpresa. Hay personajes de barra que son eternos, ahí tienes al Mata.

 

 

Leemos sobre otra de tus publicaciones, Macaria, las chicas son guerreras, actualmente agotada: «el mundo femenino siempre ha estado muy mal retratado en el cómic, y más si es en clave feminista».
Pues sí, una lástima. Cuando aún teníamos libros de Macaria ya lo avisaba: cuidado. Entonces no había móviles, ni internet… y eso permitía que se vendiese más. Yo tengo tres hijas, hacer un personaje feminista como Macaria no me costaba demasiado, pero en una revista como El Jueves se hacen encuestas y mi público es muy abstencionista, ¡que se le va a hacer!

La trilogía cocinica tiene dos ingredientes fundamentales: el humor y la buena cocina. ¿Cómo se come eso?
Je, je, je, se come con cuchara o tenedor. No, en serio, esto de la cocina lo han convertido cuatro listillos en una especie de secta. Nosotros no somos cocineros, somos cocinicas, o sea, gente que lo pasa bien bebiendo y contando lo que cocina, pero no somos teólogos de la nouvelle cuisine esa o como se llame. Si no tienes orégano, pon otra cosa, la autogestión empieza en tu nevera. Siempre recomendamos cocinar a tu manera, o decir: ¿y por qué no? ¿Pepinillos en la ensaladilla rusa, y por qué no? Arguiñano nos pirateó varios eslóganes de estos.

 

 

Volviendo a Fonda Pascual, ¿se presenta por aquí?
Pues miramos a ver… Ya me gustaría presentarla en mi pueblo, pues claro. Ya hablaremos con quien sea, a ver si en el Módulo Azul… o donde sea.

Mientras tanto, ¿dónde podemos comprar el tebeo?
En la web de Malavida: www.asociacionmalavida.com

 

Un lugar. El puente aquel del río Espartero donde tantas veces iba a pescar o a bañarme.
Un libro. Opiniones de un payaso (de Heinrich Böll) que me lo regaló Encarna.
Un plato. La ensaladilla rusa o el gazpacho (difícil elección).
Un defecto. Ser demasiado criticón.
Una película/obra de teatro. Cualquiera de John Ford, El hombre tranquilo, por ejemplo.
Una afición. Beber cervezas con chochitos.
Una canción. Cualquiera de La Polla Records.
Un deseo. El socialismo bien aplicado, sobre todo en la Banca.
Una bebida. Otra cerveza.
Un recuerdo. Aquellas noches escuchando la radio hasta que te dormías.
Un verso, o cita. Derrota tras derrota hasta la victoria final.
Un sueño. Sueño blanco.

 

Fotografía cabecera de Ferrán Nadeu.


 

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