Entrevista con Diego de Morón

«La tecnología se está cargando los sentimientos humanos»

Entrevista con Diego de Morón

 

Diego Torres Amaya (Morón, 1947) no necesita presentación. Con una larga trayectoria profesional, sus raíces gitanas, artistas, su pasión por la música en general y por la guitarra en particular siguen alimentando hoy su toque expresionista, un toque revelador de la belleza sutil que nos brinda cada nuevo día. Diego —y su familia— forma parte del orgullo y la idiosincrasia cultural de nuestro pueblo y, al tiempo, es pieza clave en la continuidad del toque, el baile y el cante en las siguientes generaciones.

 

Isa García Morilla / Agenda Atalaya
Fotografías de Fidel Meneses

 

¿Qué está pasando con los sentimientos en el flamenco?

Está pasando algo raro con los sentimientos humanos, ya no es como antes, no es ni mejor ni peor, es diferente. Cada persona interpreta su vida y la música de manera distinta. La tecnología se está cargando los sentimientos humanos. Todo está controlado por el poder. Tocar un instrumento o cantar con pasión es una forma de alejarse de la tecnología que nos está destruyendo, pero son una minoría los que expresan todo lo que tienen dentro.

 

¿Somos más creativos cuando existen menos recursos?

Eso no tiene nada que ver, la creatividad viene desde los genes.

 

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¿Qué queda actualmente de aquel niño que fue?

La única diferencia es que ahora sé más que antes, porque me ha dado tiempo a poder componer y experimentar más en la música. Todo es infinito. La energía nunca se acaba porque necesitamos expresar para poder soportar la existencia humana.

 

¿El artista nace?

Depende. Para mí el arte es genético, aunque entiendo que puede ser de la otra forma, una persona puede aprender a tocar un instrumento con una técnica extraordinaria, pero no puede faltar el sentimiento que tienes que transmitirlo con seis cuerdas, eso tiene que llegar a tu público como un pellizco que te emociona. Hoy en día se toca muy bien pero falta mucho sentimiento. Los que hayan conocido lo que había antes entenderán bien lo que digo.

 

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¿Tocó otros instrumentos antes de la guitarra?

Con cinco o seis años, mi padre vendía cosas de bisutería, trajes, zapatos, etc… Me gustaba quitar las gomitas de las cajas de zapatos y amarrarlas en un platero de palillitos, una las ataba más fuerte y otras menos hasta templarlas. Iba probando hasta que sacaba música.

Con diez años aprendí a tocar el xilófono con dos porretas, que es mucho más difícil. Luego toqué la armónica (sonríe), me la metía tan adentro de la boca que sólo se veían los dos piquitos de madera. Era la única forma de poder colocar correctamente la lengua para llevar el ritmo y el compás.

También iba al arroyo San Cristóbal cargado con botellas de vidrio que llenaba de agua a diferentes alturas, y con un palillo de olivo las templaba vaciando o llenando cada botella hasta sacar música.

Me sentaba a escuchar en la calle Nueva a músicos que tocaban el piano como los ángeles, todos los días. Ellos se dieron cuenta de que la música me gustaba con locura, tanto fue así, que uno de ellos me dejaba tocar su piano diariamente a cambio de venderle los periódicos.

Mi tío, Diego del Gastor, tenía mucha intuición musical y supo ver como yo sentía por dentro. Él tenía la certeza de que yo sería bueno tocando la guitarra y que llegaría a componer. A mis 27 años ya había compuesto diez cosas preciosas, pero no eran flamencas, eran clásicas. Y es curioso porque mi primo Paco del Gastor me decía que esas piezas sonaban gitanas, a pesar de no serlas, porque esa capacidad la había heredado de mi tío Diego.

 

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El grupo Son de la Frontera llevó el toque de Diego del Gastor un poco más lejos. ¿Qué le pareció aquello?

Me pareció extraordinario, no debemos dejar que se olviden las cosas de antes. Tienen que seguir para que el cante y el baile queden eternamente, aunque no sea exactamente igual. Lo importante es pasar a la Historia.

 

Diego, ¿ha aceptado algún consejo en su vida?

Muchos me han dado consejos, algunas veces he estado de acuerdo y otras no. Cuando encontré la sensibilidad con la música sabía que no iba a ser rico, porque veía a mi tío Diego del Gastor que tocaba como los ángeles pero ganaba poco dinero. A mi padre (Joselero de Morón) le pasó lo mismo. Dejé de tocar la guitarra y me fui a trabajar al campo. Fue mi hermano Andorrano el que me hizo recapacitar, aunque me costó volver. Me advirtió de que la guitarra no me iba a dar nada, pero el campo me daría menos. Una tarde nos encontramos y me preguntó: «¿Diego, qué, echas de menos la guitarrita?». Y no pude negarlo porque era mi pasión.

 

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Diego, cuando era joven, ¿qué lugares le gustaba frecuentar con sus amigos?

Íbamos a la zapatería de Gregorio y al bar de Pepe en San Miguel. Morón era precioso, cualquier lugar por donde paseábamos era bonito, pero para mí esto ya no es Morón, le pueden ir buscando otro nombre. Aquel pueblo blanco que recuerdo se acabó cuando unos cuantos de fuera — con muchos billetes— negociaron con el ayuntamiento y empezaron a hacer rascacielos eliminando las casitas bonitas. Ya no hay esa belleza de antaño.

 

Tocó en la primera edición. ¿Han contado con usted con ocasión del cincuentenario?

Yo no voy a tocar más públicamente en Morón de la Frontera. No es por el dinero, bueno sí, porque cuando viene alguien de fuera se lo dan todo en bandeja y a los aficionados guitarristas y cantaores de aquí —que lo hacen que quitan la cabeza— no le dan apenas nada.

 

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¿Qué le parece la plaza del Ayuntamiento para la celebración del festival?

Pienso que los que dirigen el ayuntamiento son una pandilla de tontos que no se aclaran, porque cuando comience el espectáculo se va a escuchar por todas partes, al no ser un espacio cerrado. La gente se podrá sentar en las terrazas de alrededor a tomar algo y a escuchar. Entonces ¿qué dinero van a sacar? La entrada tendrá que ser más barata.

 

¿Cómo recuerda los primeros Gazpachos en la Alameda?

Ya no se canta tan bien. Antes no había tanta maldad, eran como niños, más puros, cada uno de los artistas sabía que el otro tenía algo especial, no había envidia. Al escenario salían los cantaores de tres en tres, o cuatro en cuatro, como si fueran hermanos; mientras uno cantaba otros jaleaban, era una fiesta. Ahora se critican entre ellos. Yo trabajé pocas veces en el Gazpacho porque me pagaban muy mal y dejé de ir. Antes gustaba el arte más que ahora.

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El año pasado hubo polémica con la barra del bar, ¿Qué le pareció?

Ambas posturas las entiendo. Por una parte, cuando una guitarra suena en el escenario —pueda transmitir o no— hay que oírla, y con la barra abierta es complicado; pero en verano también necesita el público tomar algo para refrescarse y poder hablar en los descansos.

 

Háblenos de su último disco, ¿está a la venta ya?

Lo vendo en mi casa. La idea surgió de Domi y se ha grabado en su estudio. He vendido 200 discos en una semana. En principio iban a venir seis guitarristas, al final fueron tres: Raimundo Amador, Paco Cepero y otro muchacho, José Antonio Rodríguez.

 

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5 comments on “Entrevista con Diego de Morón

  1. Muy buenas; me gustaría escuchar a Diego de Morón en directo. ¿Cómo podría enterarme de las fechas de sus recitales? Gracias.

    1. Hola Ana

      Si quieres, puedes ponerte en contacto con su mujer, Aurelia Fields Marsden .

      Diego dará un recital el sábado 29 de octubre en la Casa de la Cultura de Morón.

      Salud(os).

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