Entrevista con Fran Reina

Coautor del blog Historias de Morón

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Francisco Javier Reina Salas nació en Morón de la Frontera, el 18 de septiembre (viernes de Feria ) de 1970. Cuando una tarde frente a la pantalla, no sabemos cómo, descubrimos su blog —historiasdemoron.blogspot.com.es— y leímos la primera entrada, supimos de inmediato que habíamos encontrado algo valioso: un sitio colmado de buenos escritos, un blog donde se conjugan en sus post la añoranza y la cocina, la intrahistoria moronera, sus bares y rincones, con los recuerdos y cavilaciones de dos amigos que comparten el gusto por la palabra. Historias de Morón es la tertulia que Fran Reina, el Anchoíta, y el Niño Gilena —en los cuarenta y tantos años—  mantienen con algunos de sus mayores, como Luis Camacho Carrasco, Alberto García Ulecia, Juan José García López o Pedro Font, pongamos por caso.

De acuerdo con los dos autores, una vez por semana publicaremos aquí sus textos. Sirva esta entrevista para conocerlos más de cerca e inaugurar la sección Cavilaciones desde mi azotea, no sin antes invitar a quien leyera esto a sumergirse de lleno en el original. Y que lo disfruten tanto como aquí lo hacemos ya.

 

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Roble centenario en los bosques del valle de Ulzama en  Navarra, cerca de donde resido. Archivo Fran Reina (2015).

 

Fran, sabemos que vives fuera desde hace algún tiempo. ¿Cómo fue tu infancia y juventud en Morón?

Pues llevo fuera de Morón algo más de veinte años, aunque se han pasado muy deprisa. La verdad es que tengo muy buenos recuerdos de mi infancia. Aunque seguro que malos momentos también hubo, pero esos por suerte, se han difuminado con el tiempo.

Yo me crié en la Alameda, en los pisos que llamaban de Fajardo, así que entre la barriada de la Paz y los Jardines de los Palomitos pasaron los días de mi niñez. Todos esos rincones de la Alameda de mi infancia, quedaron grabados como estampas en mi cerebro. Son recuerdos de juegos con los amigos del barrio, Enrique y Joaquín Salas y otros tantos que por allí vivían. Días de escuela en Los Grupos, donde pasé casi toda la EGB y del que me vienen imágenes de aquel tiempo en el que ahora se me antoja todo tan sencillo e inocente. Sencillo en el entorno familiar con mis hermanas mayores que tanto me cuidaron y con mis padres.

 

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Cruce de Cuatro Caminos con el Castillo de Morón al fondo.  Sin fecha. Archivo Biblioteca Pública Municipal Cristóbal Bermúdez Plata.

 

También puedo decir, que yo fui de los primeros alumnos del colegio Reina Sofía, donde fui a hacer octavo de EGB y del que guardo un cariño especial, pues fue la época de mi vida en la que se despertó una cierta consciencia, una rebeldía y una forma de pensar que luego con el tiempo se fue modelando. Gran culpa de esto la tuvo mi querido maestro, Joaquín Albarreal y otros profesores jóvenes que allí estaban. Siempre he considerado que fue aquí donde terminó mi niñez y comenzó mi adolescencia y juventud.

Lo mejor de mi juventud sin duda, fueron mis amigos. Esos mismos que lo siguen siendo hoy día y con los que compartí gustos y pasiones, horas de charla sobre libros, historias y curiosidades de nuestro entorno. Días en los que nos movíamos por todas partes buscando aventuras. Lo mismo íbamos a la Biblioteca Pública en busca de libros o documentos, que a un cortijo abandonado o a bañarnos a cualquier charca o río. Y aquí hago mención especial de nuestro amigo que se fue, Juan José Serrano, el Yumi, que hizo de conexión entre mis amigos y yo.

 

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Mayo de 1978. Primera Comunión de Fran Reina. Realizada en Ronda de la Trinidad con la barriada de la Paz de fondo. Archivo Fran Reina.

 

Pero luego llegó la mili, tiempo aciago que vino a determinar todo aquello que hice después, como retrasar mi formación y que al final por una cosa o por otra me hicieron salir de mi querido pueblo. Aunque la razón principal fue la falta de posibilidades que en aquellos años había, y que me da la impresión de que o sigue igual o ha empeorado.

En general tengo muy buenos recuerdos de mi pueblo y por eso siempre tengo en mi interior un punto de nostalgia, que me lleva no sólo a escribir un blog junto a mi querido amigo el niño Gilena, sino que a diario escucho Radio Morón y leo todo lo que cae en mi mano que trate de nuestra villa. Me imagino que una parte de mí nunca salió de allí.

 

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Morón de la Frontera.  Sin fecha. Archivo Biblioteca Pública Municipal Cristóbal Bermúdez Plata.

 

Cuál ha sido tu formación. ¿A qué te dedicas profesionalmente?

Mi formación es de técnico superior en delineación industrial, aunque mi trabajo actual es de ingeniero de diseño. Trabajo en una empresa multinacional de diseño y fabricación de aerogeneradores. La empresa es GAMESA EÓLICA y la verdad es que estoy contento con mi trabajo y me gusta.

 
 

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¿Por qué creas el blog Historias de Morón?

Nuestro blog surge allá por noviembre de 2009, así que hace seis añitos ya. En un principio, el blog lo crea un amigo del grupo, Juan Solano, para que entre todos fuéramos escribiendo aquellas cosas que recordásemos de nuestro pueblo, pero luego tan solo el Niño Gilena y yo continuamos haciendo entradas.

Este blog surge como una inquietud y una pasión que hemos tenido siempre en el grupo de amigos. Siempre nos ha gustado la historia de nuestro pueblo, pero no sólo su historia oficial o la que están en los libros, sino aquella que habíamos oído contar, que habíamos vivido o que por alguna razón nos había llegado, aunque luego hemos escrito de muchas otras cosas relacionadas con Morón, desde cocina, bares, rincones del pueblo e incluso ideas que se nos pasan por la cabeza. Por este motivo, el de hablar de cualquier cosa, creé las entradas que llamo cavilaciones en mi azotea.

 

¿Cuál es la temática predominante en tus entradas?

Bueno, creo que los temas más recurrentes en mis entradas son el recuerdo de lugares y cosas de mi infancia, aunque utilizo cualquier cosa que me venga al pensamiento, sobre todo en esta última etapa de cavilaciones.

 

A veces publicas bajo la denominación Niño del Anchoa. Cuéntanos esto.

Esto me hace mucha gracia y el motivo es porque mi padre es conocido como el Anchoa, ese es su mote. Desde que yo era muy pequeño, los compañeros de trabajo de mi padre, de la fábrica de cementos, se referían a mí como Anchoita o el niño del Anchoa. En la fábrica todos tenían motes y esto siempre ha despertado en mí un sentimiento entre gracia y admiración, pues todos se trataban con tanta confianza que se llamaban con su tercer apellido.

Pero lo que hizo que firmara mis entradas así, fue una muy buena del Niño Gilena de diciembre de 2009, El tercer apellido, el cual me dedica.

 

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Caseta de la Fábrica de Cementos. En el centro mi padre, el Anchoa. En la derecha de la foto, mi cuñado Antonio y a su lado Paco. A la izquierda los hermanos Juaniquito. Fotografía publicada en el blog Historias de Morón.

 

Preséntanos a tu compañero de viaje, el Niño Gilena.

Pues además de ser un gran amigo, es sin duda el alma mater del blog, ya que  él fue el precursor de todo esto. Él se dio cuenta de que siempre estábamos hablando de todos estos temas, así que por qué no escribir de Morón, su Historia e historias, las cosas de antaño que habíamos oído hablar a nuestros mayores y, sobre todo, aquello que por ser de diario y estar tan cerca parece que no existe, pero que si miras con otros ojos está ahí, envolviendo nuestra vida de cada día. Esas cosas que percibes cuando te das un paseo tranquilo y observas a una velocidad más lenta, aquello que se mueve a tu alrededor. Para esto de observar, mi amigo el Niño Gilena es un lince y capta ese mundo inapreciable de forma casi instintiva.

Gran aficionado a la lectura y a escribir, amigo de buena conversación y ratos de charla, compartimos gustos y pasiones, recuerdos y aventuras. Grandes momentos he vivido con él y otros amigos que componían nuestro grupo.

 

¿Qué importancia ha tenido, o tiene aún, la azotea para ti?

El gusto por una azotea me viene desde pequeño y, aunque pueda parecer gracioso, me encanta y es algo que echo mucho de menos. Aquí en el norte no hay azoteas. Desde siempre me ha resultado evocador y me ha gustado dejar volar mi mente contemplando el paisaje, el horizonte o el cielo desde estas atalayas. Pero a quién no le gusta apoyarse en el muro y ver caer la tarde dejándose llevar por una brisa, el vuelo de palomas o golondrinas en primavera y el sonido sordo de fondo de una calle o un barrio. Mirar la silueta inconfundible de nuestro pueblo, Castillo, San Miguel y Peña del Gallo o la de nuestra maltratada sierra.

Cuando era niño, y luego de joven, me gustaba subir a la azotea, sobre todo cuando la tarde caía, y ver ponerse el sol en el horizonte de la campiña sevillana, mientras los pensamientos, sueños e ideas surcaban mis cavilaciones. Lo mejor era ver aproximarse las tormentas y apreciar a lo lejos, entre los olivares, la cortina de lluvia que se acercaba.

Aún hoy, cuando vuelvo a casa de mis padres, siempre busco tiempo para subir a la pequeña azotea, apoyarme en el muro y observar los tejados colindantes con la silueta de la Sierra de Esparteros al fondo, o dirigir la mirada al maltrecho Castillo y dejar volar recuerdos y sentimientos con el sonido lejano de la tarde.

 

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Restaurante del Palacio de Guendulain en Pamplona. Recomendable a cualquier visitante, aunque un poco carillo. Archivo Fran Reina (2015).

 

Tienes talento para la escritura.

Desde que era bastante niño me han gustado los libros. Aún guardo el primer libro que me regalaron en mi primera comunión, La isla del tesoro. Luego siempre leía lo que caía en mis manos. Pero recuerdo que mi afición por escribir surgió en octavo de EGB, donde solía escribir mucha poesía. En fin, era la época de los primeros amores y a uno le entraba la vena poética. Todavía hoy escribo algo de poesía, pero es algo que guardo para mí.

Luego, cuando conocí a los que son mis amigos y se despertó mucho más la pasión por los libros, ya que a todos nos gustaba y compartíamos esta afición por la lectura. Fueron los tiempos en que empecé a comprar mis propios libros, y si algo me gustaba era ir con mi dinerito ahorrado a la librería Abril a gastármelo en letras. Muchas veces he dicho que aquel señor tras el pequeño mostrador de la librería, tuvo mucha culpa de mi afición por las letras y me consta que a mi compañero de blog también le influenció. Me refiero, cómo no, a Juan José García López, Charrito.

Desde entonces siempre he escrito, aunque sólo fueran pensamientos que acababan en la papelera. Pero cuando llegó internet y los blogs, se abrió una puerta nueva para publicar, para dar salida a las ganas de escribir y que hubiese la posibilidad de que alguien lo leyera. Ahora cuando tengo tiempo y ganas, escribo en el blog y es algo que me encanta.

 

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