"LO QUE NO SE COMUNICA NO EXISTE"
Gabriel García Márquez

Entrevista con Gregorio Moreno

«Cuando se te ponen los bellos como juncos, uno tiene que soltar algo de corazón»

Gregorio Moreno Moreno (La Puebla de Cazalla, 1961) sostiene alto el testigo de su padre en la Taberna Palazón, sita en el callejón del viento, donde se comparten la estrecheces —de ahora y siempre— con Cabello, Lamarca y Camarón. La Taberna de Gregorio es un cubículo puro, sonoro, hecho a tiempo lento, amplio de humanidad y radio por las mañanas. Más que bar, altar ateo, y recreo de los niños con avellanas.

Agenda Atalaya / Fotografías de Fidel Meneses.

Tenía ganas de entrevistarte. Siempre nos has tratado muy bien y nos hablan de ti con mucho cariño.

Hombre, yo os trato como os merecéis, la buena gente desde lejos se ve. Como casi todos nosotros, somos acogedores. Hay que estar un poquito en el mundo, y aquí nos juntamos muy buena gente. Malajones ninguno. Aquí hemos pasado ratos muy buenos y nos hemos dado algún que otro homenaje. Abro a las seis de la mañana hasta las tres, y después abro por la tarde a las ocho hasta las once por ahí, menos el domingo.

¿Qué historia tiene este local, la Taberna Palazón?

Este local se lo dejó un tío suyo a mi padre —Diego Moreno Palazón— que nació en 1921, así que esto es capaz de ser del siglo pasado no, del otro. Yo empecé con 10 años ayudando a mi padre. Antes estaban mis hermanos, pero empezaron a trabajar y yo —que era el más chico— venía a ayudarle antes de irme al colegio. Ya mi padre lo tenía hablado con el maestro y entraba yo un poquito más tarde. Entonces iba con la dos manos a repartir los cafés y las tostaíllas, ahí en la Plaza (de Abastos), a la gente de los puestos, que entonces había 40 o 50 puestos y tenía una vida…

Tú conoces bien este pueblo. Dame una vuelta por La Puebla que más te guste.

Yo es que no soy de bares; voy a dos sitios nada más… Pero bueno, primero daríamos una vueltecita por la Fuenlonguilla y luego iríamos al Central a ver a Fernando y comernos una tapita de carne frita, que eso no puede faltar. Después iríamos al bar del Piru, que allí quedo con el Andresmi para ir a ver el Sevilla con los Biris, y a la vuelta pasaríamos por el Zeppelin. Para comer ancá Juan Ortiz o lo de José el Perry.

Siempre te he visto relacionado con el cante.

A mí es que me gusta mucho, de estar siempre tan metido en el Central, porque Fernando es mi segundo padre, y ya te digo que yo de aquí allí y de allí aquí. De chico jugábamos en el Central a las maquinitas de bolas, cuando tenía uno, y si no tenía, hacíamos trampa metiendo una moneda a la que le hacíamos un agujerito y le dábamos las partidas. Y claro, antes se cantaba mucho en los bares, y más en el Central. Se te pegan las cosas, porque el roce es lo que lo hace todo.

Entonces Gregorio, el viva tu boquíbulo, el only you y esas cosas que a ti te salen…

Eso es que me llenaba tanto que le tiraba flores a los cantaores que a mi me gustaban. Es que cuando se te ponen los bellos como juncos tiene uno que soltar algo de corazón.

¿Aquí se canta?

Algunas veces. Pero hay que cantar bien, que es lo difícil, por eso se canta tan poco. Aquí como no sea Menese… que ha llegado tres o cuatro veces diciendo «apaga la radio, quita eso, cierra las puertas». Y ahora pega un leñazo que hasta vibran los cristales, y tengo que decirle «Pepe, un tono menos».

Ventajas e inconvenientes de no tener servicios aquí.

Hombre es que como Fernando los tenía, ¿para qué los voy a hacer yo? Y por eso decimos «a mear al Central». Aquí no se hace obra desde yo qué sé. Mi padre puso los azulejos y ya está. Lo que sí haré, cuando nos toque el pelotazo, es quitarlos, encalar, y las vigas de madera, como es lo suyo.

¿Cómo vives la Feria?

Uy muy bien, a mí me encanta la Feria. Cierro el jueves a mediodía y ya hasta el martes, que son mis únicas vacaciones, más un día y medio en Semana Santa.

El jueves 5 de Feria hay una buena convocatoria aquí.

Sí, la gente trae la comida. Yo solo pongo la bebida, que es lo que hay aquí, y sirvo. La música cada uno pone lo que quiera, tenemos un equipo ahí. Ponemos los farolillos para que nos creamos que estamos en la feria de verdad, y hasta que haya cerveza, porque normalmente se acaba todo y nos tenemos que ir por cojones, porque nadie quiere irse.

¿Y qué es eso de que este año puede que hasta haya hielo?

Aquí nunca, nunca ha habido hielo. No hay cubatas, el tinto de verano lo pongo con el vaso, el tinto y la Casera todo frío. Es que como no tengo congelador pues no puedo tenerlo.

Un lugar: la Fuenlonguilla. Y de fuera Ibiza, que fui quince días a ver a mi mujer, entonces mi novia, y lo pasé muy bien.

Un plato: el potaje que hacen todos los lunes en el Central.

Un libro: lo único que leo son las revistas de flamenco, porque es que no tengo tiempo.

Una película: tampoco he ido al cine, muy poco.

Una afición: el flamenco.

Un cante: el cante por bulerías.

Un cantaor: Caracol.

Un recuerdo: haber conocido a Camarón y estar con él.

Una cita: Only you.

Un personaje: Fernando el del Central.

Una bebida: el whisky.

Un defecto: que me lo bebo todo.

Un deseo: tener salud.

 

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