Entrevista con José Cenizo

Escritor e investigador del flamenco

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José Cenizo Jiménez (Paradas, 1961) es Doctor en Filología Hispánica y Profesor de Lengua y Literatura desde 1987. El flamenco, la literatura y la música son el objeto de sus investigaciones. Ha publicado varios libros sobre la obra de poetas como Manuel Gahete, Emilio Durán, Ángel Sánchez Escobar o su paisano Javier Salvago. En esta entrevista abordamos su faceta flamenca.

 

Juan Peña / Agenda Atalaya

Fotografías: Archivo José Cenizo

 

¿Cómo surge en ti la afición al flamenco?

El primer paso fue oír cantar en directo a Miguel Vargas en un recital en la peña flamenca de mi pueblo, Paradas. Aunque en mi casa mi padre y mis hermanos oían flamenco por la radio, la verdad es que hasta ese momento —tenía yo cerca de veinte años— no había echado cuenta alguna. Después vinieron otros recitales de otros artistas y algo más tarde el interés por aprender algo de los estilos, historia… Tengo que decir que fue con las grabaciones de El Cabrero, aquellas cintas casete, con las que aprendí al principio. Era mi ídolo de los inicios.

 

Desde tu condición de profesor universitario durante catorce años, ¿cómo valorarías el trato que recibe la cultura flamenca desde las instituciones académicas?

Sigue habiendo mucho prejuicio negativo por parte de las mismas, y, específicamente, por buena parte de los profesores. Piensan muchos que el flamenco es aún algo poco serio, que está asociado a la juerga, que no es propio de ser estudiado al máximo nivel… Yo lo he visto y lo he sufrido cerca, demasiado cerca, por el mismo coordinador del área en la que trabajaba en Filología. Compensa con otras actitudes en sentido contrario. Hubo algunos valientes, como mi amigo y maestro Miguel Ropero, que hicieron su tesis doctoral sobre algo relacionado con el flamenco cuando estaba aún peor visto. Después, más recientemente, se ha creado el Programa de Doctorado Estudios avanzados de Flamenco, la Cátedra de Flamenco y la colección Flamenco y Universidad, en fin, intentos loables pero que deben ser potenciados, apoyados con más ahínco y convicción desde las instituciones. Por ejemplo, el programa citado desaparece por cuestión normativa sin darle otra posibilidad por parte de la Administración Universitaria.

 

Paco del Gastro, Caty León, El Cabrero y José Cenizo (1993).
Paco del Gastro, Caty León, El Cabrero y José Cenizo (1993).

 

Qué debe fomentar o de qué debe huir el cante flamenco: ¿pureza, mestizaje, fusión?

El flamenco es un arte, procede de formas folclóricas pero sublimadas o convertidas en arte, mediante un proceso de aflamencamiento. Por tanto, al tomar de muchas fuentes andaluzas y no andaluzas, ya desde su mismo origen es arte mestizo, mezclado. No tiene mucho sentido seguir discutiendo tanto sobre qué es la pureza o atacando todo lo que huela a mestizaje o fusión. Sí es necesario, en cambio, aclarar cuándo estamos hablando de flamenco y no de otra cosa, no de ópera, tango argentino o balada pop. La frontera es a la vez clara y complicada, pues el flamenco es un arte, como todos, cambiante, diverso, animado, capaz de dejarse influir por otras músicas, siempre sin perder su perfil flamenco. La fusión y el mestizaje no se han inventado ahora, sino que recorren la historia del flamenco. El problema es determinar cuándo hay un enfoque flamenco o cuando algo se desvirtúa hasta ser otra cosa que merecería otro nombre. Yo tampoco tengo la definición o a la fórmula definitiva para esto, habría que ver quizá caso por caso pero con mentalidad abierta.

 

¿El flamenco es hoy una música popular o una música de minorías?

El flamenco hoy es poco conocido, por mucho que parezca lo contrario a veces. Muy poca gente ama el flamenco de soleares, peteneras y tarantas, por ejemplo. Eso sí, todo el mundo conoce las sevillanas o las rumbas, por cierto estilos flamencos si se hacen desde la clave de flamenco y no de folclore (Camarón o Chano Lobato son ejemplos claros). Y la juventud, aún menos, pero desde hace muchos años. Yo lo vengo comprobando como profesor en diversos centros. Sigue habiendo una especie de analfabetismo flamenco y además la competencia de la música anglosajona y otras músicas actuales, estas sí populares, es brutal. De todas formas, algo debe fallar, pues recuerdo cuando fue número uno de las listas un disco de los monjes cantando gregoriano. Por tanto, todo es querer, difundir, potenciar, mostrar. No se puede amar lo que no se conoce. La labor entre los jóvenes es fundamental.

 

Con Fosforito, familiares y amigos.
Con Fosforito, familiares y amigos.

 

¿Qué cantaores sostienen hoy, según tú, los cimientos del cante?

Existen esos cimientos sin duda, y ya están recogidos en grabaciones históricas, desde Manuel Torre y Antonio Chacón hasta Camarón o Antonio Mairena. Esa tradición, más o menos renovada, sigue vigente gracias a cantaores como Rubito hijo, Antonio Reyes, Argentina, etc., si nos ceñimos al cante. Otros prefieren partir de las referencias tradicionales para luego empezar proyectos más innovadores, sobre todo en los campos de la guitarra o el baile. El flamenco clásico no se pierde, porque lo clásico es lo que pervive siempre, lo que siempre dice algo.

 

Al final de sus días, Miguel Vargas te pidió una letra tuya para incluirla en su repertorio. No pudo ser. Cuál fue tu relación con un cantaor al que, sabemos, admiras profundamente.

Sí, me pidió una letra de farruca. Le dije: «Miguel, tengo un montón de letras flamencas, pero de farruca precisamente no tengo». Así que hice una que la muerte le impidió cantarla, aunque luego ha sido grabada por José Manuel Castillo. La letra dice: «Una mañana en tu puerta / gritos le daba a la muerte, / porque te quería llevar del brazo / donde ya no pudiera verte», y luego «Cuarenta voces le daba / a las puertas de la gloria, / pa que me dejara a mí besar / la boquita de mi novia», etc. Miguel, lo vengo repitiendo en público y en privado, es mi cantaor preferido. Tuvimos cierta amistad, aunque no un trato continuado, pero en los últimos años de su vida sí que estuvimos más unidos.

 

José Cenizo con Miguel Vargas, Vicente Cervera y José Luis Postigo en la Tertulia Calixto Sánchez de Sevilla (1997).
José Cenizo con Miguel Vargas, Vicente Cervera y José Luis Postigo en la Tertulia Calixto Sánchez de Sevilla (1997).

 

En 2004, se te encomendó, junto a Miguel Ropero, la tarea de dirigir, para la prestigiosa revista Litoral, un número dedicado a la poesía del flamenco. A ese mismo número lo acompañaba un disco con letras tuyas llevadas al cante por Calixto Sánchez. 

Lo de Litoral, tan prestigiosa revista, fue un regalo, un sueño, en una edición además preciosa, premiada en el Festival de Las Minas de La Unión. Y oír mis coplas en la voz de Calixto, uno de los grandes del cante de los últimos años, más maravilloso aún.

 

Estudioso (has escrito además numerosos libros  sobre flamenco) y eres creador de letras flamencas. ¿Cómo conjugas esas dos tareas y cuál te satisface más?

Además de aficionado, sí, investigo, creo coplas, he organizado recitales en mi peña o en el instituto, incluso en la Universidad, trato de defender la didáctica del flamenco en la enseñanza, doy algunas conferencias, hago críticas de libros y discos, he coordinado el programa de Doctorado Estudios avanzados de Flamenco… Forma parte de mi inquietud como amante del flamenco y de la poesía flamenca, y de mi formación y vocación como docente e investigador. Las dos vocaciones más otras como las apuntadas me satisfacen, por eso las hago. Sí es cierto que la investigación es una tarea ardua, lenta, solitaria, poco recompensada, mientras que cuando organizas algún recital o encuentro flamenco la satisfacción es más inmediata y mayor el contacto con la gente. Y la labor de letrista es gratificante sobre todo si tus versos van de la tierra al aire, como se titula una antología de coplas de diez autores que coordiné hace unos años. Siempre me da a mí más el flamenco, claro está, y dejo constancia de que es una pasión que en mí no tendrá fin ni acabamiento. Es de por vida.

 

 

libros Cenizo

 

En los últimos años te has embarcado en dos proyectos discográficos que al final han visto felizmente la luz: Palimpsesto (2012) y Con pocas palabras (2015). En ambos podemos escuchar algunas de tus letras en la voz de José Manuel Castillo. Sin duda, toda una satisfacción en estos tiempos haber dado forma discográfica a dos sueños.

Bueno, tengo que agradecérselo a los artistas implicados, sobre todo al cantaor José Manuel Castillo, y a Rafael Infante, director de la colección Flamenco y Universidad, donde se han publicado los dos trabajos, en los que yo sólo he puesto las letras, el mérito es de los artistas. Para mí, la música es el arte supremo, y por ello admiro a los músicos, flamencos y no flamencos, claro.

 

 José, aparte de la afición y la investigación sobre flamenco, ¿qué otras áreas son de tu interés?

Ciertamente, el flamenco, como decía, junto a la literatura, especialmente la música, son mis aficiones personales y en las que me he volcado como investigador y profesor universitario. Hice la tesis sobre poesía sevillana, publicada luego en la misma Universidad de Sevilla, y tengo publicados varios libros sobre la obra de poetas como Manuel Gahete, Emilio Durán, Ángel Sánchez Escobar o mi paisano Javier Salvago, entre otros. Precisamente me llena de alegría haber contribuido a difundir la valía de dos artistas de mi pueblo, Miguel Vargas y el citado Salvago, con mi estudio. He disfrutado en el camino, en el esfuerzo, con estos trabajos.

 

José Cenizo, Fernando Rodríguez y Diego Clavel en Bellavista (2009).
José Cenizo, Fernando Rodríguez y Diego Clavel en Bellavista (2009).

 

Llegan a tu pueblo unos amigos para conocer Paradas y debes hacer de cicerone. Cuéntanos el plan y la ruta del fin de semana.

El plan es disfrutar de su gente, sobre todo, pues un pueblo sin calor humano es algo vacío o casi vacío. Creo que habría que pasear por la calle Larga, la calle principal, pero también por alguna de las afueras, por el Cañuelo, con el inicio de la carretera de Marchena, con la vista de olivos y tierra calma, así como por el paseo del puente Birrete. Es fundamental ver la iglesia, espléndida, grande, con un museo que alberga un cuadro de El Greco, La Magdalena; visitar la casa palacio nazarí Carmen de los Arrayanes (aunque yo no he podido hacerlo aún), y, claro, si es posible, entrar en la peña Miguel Vargas y asistir a algún espectáculo flamenco. Y la ermita, y los Jardines… En fin, a divertirse.

 

Las doce breves:

Un lugar cercano y otro de cualquier parte. La vega de Carmona y París, siempre nos quedará París. O Baeza, sí, también, Baeza, me encanta, tengo que volver…

Un libro. La obra poética de Eloy Sánchez Rosillo, poeta actual, por ejemplo.

Un plato. Cocido de garbanzos, «comida« le decimos en casa de mis padres…

Un defecto. Quizá que no soy muy constante en cosas que aparentemente me interesan.

Una película. Muchas porque soy cinéfilo: El padrino II, Doctor Zhivago… pero diré Amélie, por todo, soy ameliense…

Una afición. El flamenco, pasión más que afición.

Una canción. Muchas porque sin música no vivo. Cualquier balada de Elvis, la banda sonora de Amélie, y Canon de Pachelbel, de clásica, y tantas del flamenco… ¿Una? Cientos, por fortuna. “Melina” de Camilo Sesto me recuerda mis 15 años. El recuerdo viene siempre al compás de una música. Es el arte supremo.

Un deseo. Llevarme bien y ser feliz con los que me rodean. Hago intentos…

Una bebida. Aparte de agua, cervecita (con aceitunas) cuando hace calorcillo. Un placer barato y supremo.

Un recuerdo. Mi pueblo cada vez menos visitado pero siempre tan mío…

Un verso, frase o cita. «Yo no nací sino para quereros», Garcilaso; «Tanto penar para morirse uno», Miguel Hernández; «Caminante, no hay camino…», Machado…

Un sueño. Que el mundo sea de verdad habitable y haya más armonía.

 

 

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