«Lo que no se comunica no existe»
Gabriel García Márquez

Entrevista con Juan Diego Martín Cabeza

«El culmen de la idea de lo jondo en el siglo XX es Picasso»

El morisco Juan Diego Martín Cabeza (Sevilla, 1976) es licenciado en Filosofía y doctor por la Universidad de Sevilla en el programa «Flamenco: un acercamiento multidisciplinar a su estudio», con la tesis La obra literaria y pictórica de Francisco Moreno Galván. Es autor del libro «Jondo» (Barataria, 2004) y ha escrito diferentes artículos y reseñas en revistas sobre flamenco. Actualmente trabaja como gestor cultural en el CICUS de la Universidad de Sevilla.
Hoy viernes 16 de noviembre presenta en la Bodega Antonio Fuentes de La Puebla de Cazalla «Estética de lo Jondo. Poesía y pintura de Francisco Moreno Galván», un libro que recupera una parte de la historia reciente pero muy desconocida del flamenco de la segunda mitad del siglo XX, profundizando en la obra y personalidad de Francisco Moreno Galván (La Puebla de Cazalla 1925-1999), aficionado cabal, pintor y poeta que aunó un férreo compromiso por la libertad frente a la Dictadura, una reinterpretación de las corrientes de vanguardia pictórica en su tiempo y un respeto absoluto por la tradición estilística del flamenco, a la que supo dotar de nuevas letras que expresan reivindicaciones eternas.

 

Francisco Moreno Galván: pintor, poeta, urbanista…

Un hombre. Nada menos que todo un hombre, como escribió Unamuno. Una persona que quiso hacer de la pintura su oficio pero en la cual el flamenco jugó un papel fundamental arrebatándole, en muchos casos, el tiempo que hubiese dedicado a configurar una obra mucho más cohesionada como artista plástico. Fue solidario hasta el límite con lo que creaba, creía realmente que la creación tenía que tener un fin social. Siempre que pensó en esa utilidad lo hizo teniendo a su pueblo, La Puebla, como referente.

«Lo jondo encubre una ideología flamenca […] una ascensión en la escala estético-moral del flamenco». ¿Es posible definir lo jondo en pocas palabras?

Dudé mucho con el título. En el año 2004 yo ya publiqué un libro que se tituló Jondo y me parecía demasiado reiterativo volver a usar la palabra. Pero creo que lo jondo es lo que mejor define la tradición a la que se adscribe la obra de Francisco Moreno Galván. Una tradición que por otra parte ha sido despreciada por tirios y troyanos en el mundo del flamenco y que tiene muy poca aceptación hoy en día. El concepto de lo jondo trasciende las manifestaciones básicas de cante, toque y baile. Abarca la poesía, la pintura, la puesta en escena y para mí también lo político, o cómo el flamenco se relaciona con el tiempo en el que vive. Hablar de lo jondo es hablar de artistas como Lorca, Falla, Luis Rosales, Bergamín, Picasso, García Ulecia, Antonio Saura

¿Qué tiene la cosmovisión flamenca de Moreno Galván de Falla y Lorca y qué tiene de Antonio Mairena?

Falla y Lorca representan la raíz de esa estética de lo jondo de la que hablábamos. Mairena, por otra parte, además de ser uno de los cantaores que Francisco más apreciaba, le ayuda a él y a otros muchos a organizar el corpus flamenco. Para un aficionado de aquellos años Antonio Mairena significó un magisterio insustituible. Su capacidad para la recopilación, categorización y recreación de cantes no ha sido superada ni creo que lo vaya a ser en mucho tiempo.

¿Y Picasso? ¿Cuál es su influencia en la pintura de Francisco?

En el libro incluyo un texto de su hermano José María Moreno Galván que es algo largo pero muy clarificador. Para José María (que como sabes fue crítico de arte y de alguna manera lleva el peso teórico frente a Francisco, que es más práctico), Pablo Picasso es el culmen del carácter expresivo de lo español en el arte. Ese concepto lo definía José María como lo jondo. Una característica que atravesaba desde el Beato de Liébana hasta la más desgarradora seguiriya pasando por la dolorosa de un palio o Del sentimiento trágico de la vida de Miguel de Unamuno. Pero el culmen de esa idea de lo jondo en el siglo XX es Picasso, porque recoge toda esa tradición y la revoluciona con una libertad creativa sin parangón. Con esto quiero decirte que la influencia de Picasso es clara y reconocible, Francisco nunca la negó, por supuesto, pero esa influencia va mucho más allá de lo estético. Es casi más aun ética. Igual que le pasa con otros poetas con los que se identifica como son Antonio Machado y Francisco de Quevedo.

Para Francisco, «la tradición y la modernidad, lo popular y la vanguardia conviven de una manera natural y solidaria en beneficio de una visión contemporánea del flamenco». Quienes, más recientemente, han pretendido algo similar han recibido de lo lindo. Pongamos a Morente por caso, y de Menese, sin ir más lejos. ¿Recibió también Francisco algún rechazo por su voluntad renovadora?

Quizás no tanto en aquellos años, y mucho menos directamente. En ese sentido creo que vamos un poco hacia atrás. Creo que la afición flamenca es más intransigente ahora que antes. El flamenco es algo mucho más complejo que lo que nos quieren hacer ver, y del mismo modo que se confecciona un flamenco del presente a medida de gustos de moda, se está confeccionando una historia del flamenco a la medida que interesa a un determinado sector.

¿Estás con García Ulecia cuando afirmaba que Francisco era un cantaor «quizá frustrado, pero sabio y exigente, cabal»?

De alguna manera sí, pero el temperamento y la forma de ser de Francisco no le hubieran permitido nunca ser cantaor. Quiero decir con esto que Francisco fue el cantaor que quería y que podía ser. Cantaba y lo hacía bien aunque con poca voz. Conocía el cante porque era un aficionado cabal… pero si las condiciones lo hubiesen acompañado no creo que nunca se hubiese subido a un escenario a cantar, su atávica timidez se lo hubiera impedido. Aun teniendo las condiciones vocales creo que hubiese seguido cantando en reuniones íntimas, cuando estaba a gusto, cuando alguien le pedía que le recordase tal o cual cante…

¿Qué significó Madrid para Moreno Galván en su crecimiento artístico?

Los hermanos Moreno Galván llegaron al Madrid de mediados los años cincuenta, un Madrid que por fin se desperezaba de la posguerra y en la que muchos artistas reivindicaban nuevas formas de expresión. En ese Madrid, Francisco se reencuentra con el flamenco. Imagina que por un lado él allí conoce a aficionados no andaluces como el escultor Jorge Oteiza o el humorista Chumi Chúmez que le abren nuevas perspectivas. Por otro lado hace amistad con otros andaluces con los que comparte afición como Caballero Bonald (este ya amigo desde la época sevillana), o Fernando Quiñones… pero además es que en Madrid viven los artistas flamencos más importantes de aquel tiempo, sus admirados Perico del Lunar, Rafael Romero, Pericón de Cádiz, Juan Varea… Gracias a que José Menese entra a trabajar en Zambra tiene ocasión de disfrutar y aprender con artistas de esa talla.

Volvamos a La Puebla. Su afición a las antigüedades ¿puede estar en el origen de la cuidada estética de muchos bares moriscos? Un puñado de ellos están diseñados por Joaquín Arriaza, quien reconoce a Francisco como una de sus fuentes.

Por supuesto. Hay una aportación clara por parte de Francisco en esos elementos decorativos. Pero habría que ver exactamente cuánto es aportación y cuánto es conservación. Muchas veces, tanto en lo decorativo como en lo arquitectónico, no se trataba tanto de intervenir como de conservar aquello que ha sido siempre de una determinada manera. No es ya lo que él aporta sino que nos señala lo práctico de aquello que durante siglos se ha hecho de una determinada forma. El uso de la cal, el hierro y la madera, por ejemplo, en la construcción.

¿Cómo sería hoy La Puebla si no hubiera nacido Francisco?

Como decía, creo que jugó un papel muy importante en la conservación en unos años muy complicados, finales de los setenta y principios de los ochenta, cuando se cometieron muchos desmanes urbanísticos en Andalucía. Aportó elementos muy reconocibles en la arquitectura morisca, claro que sí, pero siempre desde un criterio de mantener las técnicas de construcción de antaño que a la postre se han demostrado que son más prácticas y eficientes, además de más estéticas.

¿Tiene que ver eso con una fotografía que pudimos ver en la revista Sevilla Flamenca en la que aparecía Francisco señalando una pintada: «Galván ere un hijo de puta»?

Pues sí. Recuerdo también haber encontrado entre sus libros hace muchos años algún anónimo amenazante… no debió de ser fácil en aquel tiempo, y seguramente se granjearía más de una enemistad, pero él estaba convencido de que debía conservarse La Puebla y su paisaje. No siempre lo consiguió, algún que otro sofocón se llevó. Pero de alguna manera persiste en el pueblo una manera de entender la arquitectura, la blancura, los herrajes… que creo que es una herencia que él nos ha inculcado.

¿Crees que la Reunión de Cante Jondo de La Puebla sigue siendo fiel a lo que Moreno Galván ideó?

En lo esencial, por supuesto. El público que viene sigue siendo respetuoso con las peculiaridades de la puesta en escena, se mantienen el ritual, la puntualidad, y algunos elementos que la hacen francamente especial. Han habido aportaciones, como los actos previos, que hacen que el pueblo entero se imbuya poco a poco de ese espíritu de Reunión, de lugar de encuentro, de aprendizaje… Otra cosa es el apartado artístico. Habría mucha tela que cortar ahí, pero yo he estado en la comisión de la Reunión de Cante y sé lo difícil que es escoger artistas que cuadren con lo que se busca.

El libro que presentas está profusamente ilustrado. Háblanos de este aspecto que, sin duda, enriquece su lectura.

Es que yo pienso que la obra de Moreno Galván se defiende sola. Toda ella, la poesía, pero también la pintura, la cartelería, la tipografía… Eso aporta un valor al libro del que espero estar a la altura con mi texto. Mi tesis tenía dos partes: una teórica que iba ilustrada, y una segunda parte que consistía en un catálogo de la obra. En el libro he tenido que reducir parte de ese catálogo por cuestión de costes de producción, pero yo espero que alguna vez podamos ver reunida la mayor parte de la obra plástica de Francisco en otra publicación. Ojalá.

«Uno espera que esa novela o biografía pueda ser escrita algún día por otra persona porque completaría lo que aquí tratamos». Déjanos algunos apuntes para un primer guion.

Escribí eso porque durante muchas etapas de la tesis me apetecía abordar temas que tenían que ver con cuestiones más personales de Francisco que también son importantes. Sus miedos, sus anhelos, su genio, muchas cosas de las que me han hablado sus amigos. Es muy emocionante la huella que ha dejado en los que le quisieron, los que le conocieron bien… este libro quizás no sea más que una introducción a otros que pueden profundizar más aun en su obra, pero también una invitación a adentrarse en un personaje fascinante. Francisco tenía un ansia infinita de libertad, sin embargo, no sé si llegó a disfrutar de la libertad en toda su vida. Sabía lo que era, la buscaba en todas sus facetas. Para mí esa cuestión es vital en su vida y su obra. Lo dejó muy claro en letras como esta: «Un sí o un no qué más da/ una cosa es que te dejen/ y otra tener libertá».

 

Un lugar. El Puerto la Loba, cerca del pantano de La Puebla, donde me contaron que iba mi abuelo Diego de cacería, pero luego dejaba la escopeta y se pasaba allí horas mirando el paisaje.

Un libro. Juan de Mairena, de Antonio Machado.

Un plato. Solo uno es imposible: mollejas con patatas, sopa de tomate, callos (si están bien hechos), cola de toro, papas a lo pobre…

Un defecto. Además de la gula, a veces creo que parezco esquivo o poco cariñoso, pero es porque soy muy tímido.

Una película. Annie Hall, de Woody Allen.

Un olor. Cuando se llena toda la casa con el aroma de un guiso al fuego o de magdalenas en el horno.

Una afición. Las librerías de viejo.

Una canción. Love is here to stay, de Ella Fitzgerald y Louis Armstrong.

Un deseo. Que gane el Betis.

Una bebida. Agua del Tempul.

Un recuerdo. La casa de mi abuela en la calle el Sol. El que la conociera sabe que era un lugar mágico.

Un verso. «Amo la libertad. Y mi amada no es fácil», que es el final de un poema de Fernando Ortiz.

Un sueño. Cualquiera que me cuenten que han tenido mis hijas Lucía y Candela.

 

 

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