Entrevista con Laura Pintado

Artista multidisciplinar

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En el mes de noviembre, la obra pictórica de Laura Pintado (Benavente, 1987) fue portada de nuestra publicación. Una portada que no dejó indiferente a nadie por su gran belleza e impacto visual.

Su trabajo a través de la femineidad y la cultura árabe nos acerca a una versión profunda del ser humano y de la incomunicación a la que se encuentra sometido.

 

Entrevista de Isa García Morilla / Fotografías: Archivo Laura Pintado

 

Aquella portada nuestra pertenece a su trabajo Grito, ¿Qué representa exactamente?

Grito fue el título de mi última exposición individual. Esta muestra abordaba el tema del dolor y el sufrimiento y la incapacidad de expresarlo a través del lenguaje verbal. Ante esta incapacidad, el grito se transforma en un medio de dar forma a esos sentimientos, en la máxima expresión del dolor. Como escribía David Le Breton: «El dolor es un fracaso del lenguaje. […] Suscita el grito, la queja, el gemido, los lloros o el silencio, es decir, fallos en la palabra y el pensamiento»

Aquel trabajo seleccionado para la portada tiene relación con esta temática. Los símbolos que conforman la figura representan todas esas experiencias y vivencias que somos incapaces de transmitir mediante el habla y que nos definen como personas. Nuestras marcas en la piel. Se trata de un grito mudo, una extrema voluntad de comunicación imposible. Bajo esa simbología yace todo un lenguaje que palpita, se queja, grita todo lo que no puede decir.

 

Una de las características que la define como artista es el concepto de incomunicación, a pesar de la existencia del lenguaje verbal. ¿Existen grandes diferencias entre el trabajo contemporáneo y el pasado en relación a este tema?

En mi trabajo es fundamental el concepto de incomunicación entendido desde dos puntos de vista o perspectivas. Por un lado, podríamos hablar de la incomunicación individual, es decir, la incapacidad del ser humano de expresar, a través de las palabras, sus sentimientos más profundos, lo que denominamos inefable. Y, por otro lado, una incomunicación, podríamos decir colectiva y relacionada con las máscaras sociales, que se produce tanto en nuestras relaciones interpersonales como en la relación con nuestro entorno, y que surge como consecuencia del uso que habitualmente hacemos del lenguaje. En ambos casos, esta incapacidad ha llevado al hombre, a lo largo de la Historia, a la constante búsqueda de nuevos lenguajes que le permitan expresarse a través de diferentes disciplinas artísticas como la poesía, la música, la danza, la pintura o el cine. Ejemplos concretos que hayan sido un referente para mi trabajo pueden ser Bécquer, Pina Bausch, Saura, Bacon, Juan Muñoz, Shirin Neshat, Michelangelo Antonioni o Ingmar Bergman.

Pero la incomunicación es un término ambiguo y puede interpretarse de diferentes maneras. En la actualidad, este concepto se utiliza generalmente para referirse a la incomunicación como resultado de las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación, por lo que los trabajos que se realizan tienden a utilizar dispositivos como móviles o tablets para realizar una crítica sobre esta problemática. Mi trabajo se aleja de estos planteamientos y se centra en lo que, para mí, supone la génesis del problema: el lenguaje. Lo que supondría la gran diferencia sería la vuelta a lo primitivo, al origen de la expresión.

 

«Mi trabajo sobre la incomunicación se aleja de planteamientos relacionados con las Nuevas Tecnologías para centrarse en la génesis del problema: el lenguaje»

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¿Por qué se expresa a través del rostro femenino en la mayoría sus obras?

Me interesa el rostro. Decía Bernardí Roig que «es donde quedan grabadas las marcas del deseo insatisfecho», que «la cabeza es donde ocurre todo, donde se da la brutalidad de los hechos», y la verdad es que es algo que comparto totalmente. Es cierto que en mi trabajo el rostro femenino tiene un papel importante pero en ningún caso haciendo referencia a planteamientos o discursos de género. Mi trabajo es muy personal e intimista. Mi obra soy yo, una proyección de mí misma y, al ser mujer, simplemente me siento más identificada y cómoda trabajando con el rostro femenino. Aún así, hay trabajos en los que la figura representada no tiene género porque lo que importa realmente es el individuo y no el sexo al que pertenezca.

 

La incomunicación lleva a la soledad, ¿le ha sido necesario experimentar este tipo de sentimientos para plasmarlo en su obra?

La soledad es una consecuencia directa de la incomunicación. Ante la incapacidad de expresión o los temores a expresarnos tal y como somos a la hora de comunicarnos con los demás, nos vamos aislando cada vez más y convirtiéndonos en seres individuales, individuos, solos, independientes del resto. Como seres sociales que somos, esta individualidad genera en nosotros un sentimiento de angustia puesto que nuestro deseo de expresarnos nunca está satisfecho. Este tipo de sentimientos son inherentes al ser humano y, por supuesto, yo los he experimentado en mayor o menor medida y han sido y son uno de los pilares de mi trabajo. Soy una persona muy emocional y todo ese trasiego de emociones puede verse con facilidad reflejado en mi obra.

 

«Ninguno de los elementos que utilizo en mis trabajos supone una crítica a la cultura árabe. Siempre son utilizados como símbolos o metáforas de la incomunicación»

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Según usted, no somos conscientes de la incomunicación a la que estamos sometidos, ¿qué nos lo impide? ¿Cómo tomar consciencia de ello?

Afirmar tan tajantemente que vivimos en una incomunicación constante y total sería osado, además de exagerado por mi parte. La comunicación existe pero la mayoría de las veces nos comunicamos de una manera superficial y parcial tanto con nuestros interlocutores como con la realidad que nos rodea, y eso se traduce en incomunicación. Nuestras relaciones personales se establecen entre personajes y no entre personas. Como decía Castilla del Pino: «entre un yo que no soy yo y un tú que no eres tú». Más bien nos entendemos y ese entendimiento nos parece suficiente, nos basta para mantener una relación. En realidad somos nosotros mismos los que nos lo impedimos, nuestra adaptación al sistema para sobrevivir hace que seamos partícipes de este tipo de relaciones, y supongo que esa es la única forma de ser consciente de ello.

 

¿Es posible deshacernos de nuestra máscara social?

En mi opinión, las máscaras sociales son creadas por nosotros a través del lenguaje. Me explico. Nosotros, a través del lenguaje verbal, otorgamos una serie de valores a un objeto que él por naturaleza no tiene. Por ejemplo, un vestido es feo, bonito, elegante… Cuando poseemos ese objeto creemos que todos esos valores que nosotros le hemos otorgado pasan ahora a ser valores nuestros por lo que si yo tengo ese vestido soy elegante, si tengo una propiedad soy propietario… De este modo se generan estatus y roles sociales que debemos desempeñar dependiendo del lugar y la persona con quien estemos. Para poder deshacernos de las máscaras sociales quizá deberíamos deshacernos del lenguaje, y aunque yo lo critique mucho es un instrumento muy eficaz para nosotros.

 

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La simbología árabe es un aspecto utilizado en sus obras, ¿ha percibido rechazo al acercamiento de esta cultura?

En absoluto. En mi trabajo no existe posicionamiento ni crítica alguna hacia esta cultura, simplemente muchos de sus símbolos o elementos característicos me sirven para representar lo que quiero transmitir con mi obra. Más bien es un medio. Siempre me ha interesado esta cultura y he viajado y conocido a mucha gente con la que he podido compartir y cambiar opiniones, siempre desde el respeto e incluso la fascinación por algo tan diferente a lo que habitualmente estoy acostumbrada a ver en mi cultura.

 

Sus mujeres con velos de colores nos acerca a la intimidad de sus hogares, pero ¿constituye una crítica a un estilo de vida de forma subliminal?

Ninguno de los elementos que utilizo en mis trabajos supone una crítica a esta cultura. Los uso siempre como símbolos o metáforas de la incomunicación. Desde Occidente, tenemos la costumbre de ver un velo y asociarlo directamente al extremismo y a la opresión y soy consciente de ello, incluso puede que así se entienda mejor el estado de incomunicación que quiero transmitir pero, en ningún caso, mi trabajo se basa en realizar críticas a esta cultura ni tiene contenidos políticos. El velo, en concreto, actúa como una máscara que, por un lado, muestra y revela el estado de incomunicación y, por otro, oculta y protege nuestra parte más interna, nuestra intimidad. El halo de misterio que genera este simple trozo de tela, que sólo deja ver el rostro o la mirada, me transmite una profunda emoción que intento transferir a mis trabajos. Puede que me sienta identificada por el hecho de interponer un obstáculo entre el interior y el exterior. Pero hay muchas formas de velar,
los símbolos inscritos sobre algunas de mis esculturas también pueden interpretarse como un velo, o la maraña de letras ilegibles que cubren los rostros hasta ahogarlos.

Siempre me preguntan por qué elijo la cultura árabe para expresarme, y supongo que será por el encanto y atractivo que encuentro en ella lo que, de hecho, me ha llevado a realizar mis estudios en Granada o Sevilla, con mucha influencia árabe, o a realizar varios viajes a Marruecos.

 

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Como artista, ¿qué trabas encuentra en el desarrollo de su carrera profesional?

Pues creo que la mayor dificultad es la financiación. Aunque me gustaría, aún no puedo vivir de mi trabajo artístico. Tengo que compaginarlo con otros trabajos lo que me impide dedicarme de lleno y por completo a él. Además, al realizar una exposición, muchas instituciones no corren con todos los gastos, tenemos que asumirlos nosotros, y acabas perdiendo un dinero que no tienes. Espero seguir avanzando e ir superando esas trabas para poder dedicarme totalmente a lo que me gusta y para lo que me he formado durante mucho tiempo.

 

Creadora audiovisual, pintora, muralista y escultora. ¿En qué disciplina ha sentido que su mensaje ha sido más impactante? 

No creo que haya una disciplina en la que mi mensaje se vea más claramente o sea más impactante. En todas ellas me interesa generar un impacto visual en el espectador ya sea a través de la imagen en movimiento, el sonido, la pintura y el gesto o la escultura. Sí que es verdad que puede que las intervenciones murales hayan causado, en alguna ocasión, mayor impacto, supongo que por el tamaño, y también las últimas esculturas que he ido realizando. Pero lo que en realidad importa es el contenido, no el continente.

 

«Lo que me une a este territorio son las ganas de hacer cosas y de promocionar el arte y la cultura»

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Sabemos que ha expuesto en el Museo de Arte Contemporáneo José María Moreno Galván de La Puebla de Cazalla y que hizo pintura en directo —como colectivo MVLA— en la Casa de la Cultura Fernando Villalón, en un aniversario de Agenda Atalaya. ¿Qué relación tiene con este territorio, la Campiña y Sierra Sur de Sevilla?

Como dije antes, estudié Bellas Artes en la Universidad de Granada y realicé un máster de investigación en Sevilla. Durante un tiempo, además, trabajé como Colectivo MVLA junto al artista ursaonés Murdo Ortiz, lo que me llevó a conocer todo este territorio, a realizar intervenciones murales por diversas ruinas de la Sierra Sur de Sevilla y a participar en diferentes proyectos por los pueblos de esta zona, como fue el caso de la pintura en directo con motivo de vuestro aniversario. También conocí a Patricio Hidalgo y Miguel Ángel Rivero, artista y Concejal de Cultura respectivamente, ambos de La Puebla de Cazalla, lo que me permitió participar en el Festival de las Letras o exponer en el Museo de Arte Contemporáneo José María Moreno Galván. En definitiva creo que lo que me une a este territorio son las ganas de hacer cosas y de promocionar el arte y la cultura.

 

Las doce breves.

Un lugar. El bosque de los diplomáticos.
Un libro. La insoportable levedad del ser. Milan Kundera.
Un plato. Un buen chuletón de mi tierra.
Un defecto. Muchos.
Una película. Piedras, de Ramón Salazar (2002).
Una afición. Escuchar música.
Una canción. Last day on Earth.
Un deseo. Demasiados.
Una bebida. Coca Cola.
Un recuerdo. En Assilah.
Un verso o cita. De Manuel Altolaguirre.
Era mi dolor tan alto / que la puerta de la casa
de donde salí llorando / me llegaba a la cintura.
Un sueño. Tanzania.

 

www.laurapintado.com

 

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