"LO QUE NO SE COMUNICA NO EXISTE"
Gabriel García Márquez

Entrevista con Nöel González ‘Vanderkrul’, filólogo e ilustrador morisco

«La ilustración reúne mis dos pasiones: el lenguaje y lo visual»


 

¿Quién es Noël González (La Puebla de Cazalla, 1992)?

No lo sé ni yo mismo aún, voy muy perdido en la vida.

¿Quién es Vanderkrul?

Vanderkrul es Noël González, o sea, está igual de perdido, solo que se llama así para poder firmar sus trabajos de artes plásticas e ilustración de forma semianónima.

Graduado en Lengua y literatura alemanas por la Universidad de Sevilla.

Siempre me han gustado mucho los idiomas y especialmente los germánicos, pero lo cierto es que entré en la carrera de rebote. Mi objetivo era Bellas Artes desde que tenía uso de razón, pero un traspiés en la nota de corte de Selectividad me obligó a trazar un plan B rápido. Hoy me alegro enormemente. Estudiar esta filología me ha dado mucho: entre otras cosas, dos idiomas más.

 



 

Hace un año, la publicación de una versión andaluza de El Principito generó un agrio debate sobre la escritura en andalú. ¿Cuál es tu posición como filólogo?

Voy a muerte en defensa de todo lo que reivindique una realidad lingüística, más aún si esta realidad es desprestigiada por los medios y sus mismos hablantes día a día; y más si esa realidad conforma mi lengua materna. Tengo muy claro que el andaluz escrito, por la evolución natural del lenguaje, tarde o temprano será una necesidad real, siempre que nos atrevamos a defender nuestras hablas. El problema viene cuando maestros de primaria regañan a los niños por formar participios sin «d» intervocálica o por decir que tienes «jambre», como hicieron conmigo. Se forma así, desde pequeño, un concepto peyorativo del andaluz cuando es una de las realidades lingüísticas más complejas del mundo.

 

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Se celebra ahora una nueva edición del Festival de las Letras en La Puebla de Cazalla. La de 2016, dedicada a Miguel de Cervantes, llevó como imagen principal una ilustración tuya. ¿Cómo abordaste estos encargos?

El famoso Cervantes mutante. La idea me vino de noche, porque yo ejecuto los encargos serios siempre de noche, después de haber llenado un cuaderno de bocetos con motivos del Quijote (porque cuando te dicen «Cervantes», tu cerebro piensa antes en El Quijote que en el propio Cervantes) y tenerlos que desechar porque la ilustración se había de centrar en el autor, que por supuesto tiene más obras aparte de esta. Recurrí entonces a El caballero de la mano en el pecho del Greco, y empecé a realizar bocetos sobre esa figura. Al final, decidí mezclar al Greco con una de las figuras que suelo dibujar de forma libre, basada en seres mitológicos japoneses (Yôkai), y salió eso.

En cuanto al Festival de las Letras, me parece muy acertado reivindicar la palabra en una sociedad donde la imagen lo fagocita prácticamente todo. Y eso que yo me dedico a la imagen.

 



 

Actualmente estudias Ilustración en la Escuela de Arte de Granada.

No haber estudiado Bellas Artes en su día me creó cierta frustración, por así decir. Tarde o temprano tenía que hacer estudios relacionados con el arte, y la ilustración es el punto perfecto entre mis dos pasiones: el lenguaje y lo visual. A Granada me fui a la aventura, Sevilla no ofrece ilustración en su Escuela de Artes y Oficios. Pero me alegro de haber salido de mi zona de confort para enfrentarme a un compendio de novedades: ciudad, gente, estudios, etc.

¿Hay espacios comunes en lo artístico y lo lingüístico sobre los que quieras intervenir?

Sí, la ilustración, precisamente. Se tiene una concepción errónea de que la ilustración es un arte per se, cuando en ilustración el arte es una herramienta y no un fin. La ilustración ha de complementar una información que en la mayoría de los casos está escrita.

 

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Quizá la bandera oficial de La Puebla de Cazalla, una creación tuya, pueda ser uno de esos hallazgos, por lo que reúne de diseño gráfico y simbólico.

Me leí y releí las bases del concurso, hice una lista con aquello que se podía representar en el diseño y finalmente me decidí por el paisaje y la historia de La Puebla. Acto seguido me fui a la calle a hacer fotos: casas, tejados, zócalos de azulejos, el campo, los olivares… De cada grupo de fotos saqué un color. También escogí la forma de la estrella de ocho puntas, un patrón muy repetido en Andalucía que nos retrotrae a nuestro pasado andalusí. Consideré oportuno representarla dado que nuestro gentilicio es morisco. Además, la estrella es un símbolo usado en esta zona —incluso antes de la llegada de los romanos—, con el significado de sol. De esta forma, basé el diseño de la bandera en la abstracción del paisaje, donde el color de la arcilla representa la tierra sobre la que descansa el verde de los olivares; al fondo el blanco de nuestras casas, y encima el sol representado mediante una estrella de ocho puntas.

 



 

En 2016 centrabas tu obra plástica en temáticas de naturaleza, espiritualidad, paganismo y mitología.

He ampliado un poco las miras, pero esos temas siguen siendo un eje central en mi búsqueda personal dentro de lo artístico. No obstante, como ilustrador realizo encargos de aquello que me pidan. Por esta razón creo oportuno señalar la importancia de distinguir el arte y la ilustración como diferentes: el arte es una búsqueda personal en la que los límites los pone su creador; en la ilustración los límites los pone el cliente. El creador hace uso de sus habilidades técnicas, sin necesidad a priori de involucrarse personalmente, aunque a veces resulte inevitable.

¿Qué referencias artísticas universales te han servido para construir tu lenguaje plástico?

Gema Atoche fue mi primera maestra. Con ella vi por primera vez el dibujo y la pintura de la forma en que los veo hoy. Algo que no se me olvidará nunca es que me enseñara a dibujar el aire. Lo que no se ve también ha de ser representado. A partir de ahí, hoy me siguen influenciando cosas nuevas casi a diario. En lo que hago no cabe encajonarse en lo primero que te haya marcado. En Granada descubrí a José Guerrero, y recientemente me ha resultado fascinante el proceso de creación de James Jean o el uso de técnicas mixtas de Alexandra Levasseur. Lo cierto es que me cuesta mucho citar a unos artistas por encima de otros, porque tengo infinidad de referentes que me han marcado de una u otra forma.

 

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¿Qué te atrae del modernismo y, especialmente, de la Sezessionsstil?

El Sezessionsstil lo descubrí inevitablemente mientras hacía filología alemana. Ya conocía el modernismo a grandes rasgos y me fascinaba por la relación que guardaba con las temáticas que siempre me han atraído y de las que hemos hablado antes, pero el hecho de que existiera una corriente dentro de este movimiento readaptada desde el punto de vista germánico me marcó muchísimo, al contener prácticamente todo lo que por aquél entonces buscaba o me interesaba en el arte.

Firmas muchas de tus obras de un modo parecido a como lo hacía Egon Schiele.

Siempre me ha parecido que la firma estropea la obra. Hay muchos trabajos estupendos que luego acaban destrozados porque les colocan su firma de DNI en una esquina y rompen la composición, la línea y todo. Yo mismo lo sufrí personalmente al acabar un dibujo, plantarle mi firma y ver cómo se iba al garete. Por ello se me ocurrió que la mejor forma de firmar un trabajo era hacer de la propia firma un elemento más dentro del cuadro. A mi parecer no ha de estar siempre en la esquina inferior derecha, sino allá donde no rompa la distribución y el ritmo de las figuras, y ha de ser geométrica y limpia. Al ver la forma maestra en la que Schiele resolvía este problema decidí imitarlo, por no decir copiarlo descaradamente.  Pero el arte, al menos mientras estás aprendiendo, va de eso, de copiar.

 



 

El arte japonés del período Edo es otro de tus intereses. ¿Sigue siéndolo también la búsqueda de lo exótico y lo desconocido en Occidente?

Sin duda. Me gusta la forma en la que la estética japonesa resuelve todo lo gráfico: el color plano, la línea, la composición, la perspectiva… De hecho estoy iniciándome en el grabado con el objetivo de acabar aprendiendo estampa japonesa porque es algo que me fascina y de donde se puede extraer muchísimo.

El punk es un género sustentando por una filosofía. ¿Hay algo de esa ética original en tu producción artística, más allá de la estética punk que en ocasiones reflejan algunas de tus obras?

Creo que se trata más de una coincidencia que de una influencia de la cual sea consciente. Supongo que mis inquietudes e intereses me han hecho llegar a las mismas conclusiones y formas de resolver la estética de manera paralela.

 

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¿Qué es «Menese çapatero, 2017. Murá pa la XLIX Reunyon de Cante Jondo»?

Menese çapatero no es más que un homenaje a la vida y obra de José Menese. Decidí poner el título en una «ortografía andaluza» que diseñé previamente porque consideraba oportuno y necesario representarlo de la forma más cercana a nuestra habla que pude. A pesar de que desde la organización me recomendaron usar el castellano en la letra flamenca que aparece en un lateral de la intervención, tuvo buena acogida y después nadie cuestionó ni reprochó el que usara entonces —y continúe usando— una ortografía propia, con lo cual supongo que se captó el mensaje.

 



 

Recientemente has trabajado en un mural del Hostal Los Ángeles, en La Puebla de Cazalla. Háblanos de él. 

Es la intervención mural más grande que he hecho hasta la fecha. Fue un encargo en el que estuve dos semanas trabajando sobre una superficie de 80 m2. Disfruté muchísimo porque pocas veces puedes expresarte en un formato tan enorme y con la libertad creativa que me otorgaron. Ojalá tuviera encargos así cada mes.

 



 

¿En qué estás trabajando, cuáles son tus proyectos actuales?

Aunque los estudios no me otorgan mucha holgura, mis proyectos más inmediatos son dos exposiciones en Granada. Una, de pinturas al óleo, está en proceso de realización en la cafetería de la Escuela de Arte, y la otra, principalmente de dibujos, está proyectada para finales de abril o comienzos de mayo en una cafetería llamada La Qarmita.

 

Un lugar cercano y otro de cualquier parte.
La Romera en invierno y el Darro en primavera.

Un libro.
Historia de cronopios y de famas, de Julio Cortázar.

Un plato.
La Shakshuka.

Un defecto.
Inseguridad.

Una película u obra de teatro.
Macbeth.

Una afición.
Tocar la gaita en el monte.

Una canción.
El cant dels ocells, de Pau Casals.

 

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Un deseo.

¡Ser rico! Por no estresarme con deudas más que por ostentar cosas.

Un olor.
Madera y musgo.

Una obra plástica.
Cualquier autorretrato de Léon Spilliaert.

Un recuerdo.
La primera vez que mis abuelos me llevaron a ver un castillo de verdad.

Una cita.
Cualquier chiste de Carrero Blanco.

Un sueño.
Caminar por la Galería Umberto I de Nápoles llena de olivos centenarios que brotaban del suelo.

 

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