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ENTREVISTA Nº 57

Entrevista 57

Llegaste a Morón en 1978 ¿ya te gustaba el Carnaval?

No había participado directamente, pero sí, me gustaban los carnavales de Cádiz. Aunque entonces más que nada me dedicaba al deporte y al fútbol en particular.

¿Cómo acabas dentro del mundo carnavalero?

Recuerdo haber visto entre el público una actuación de El Ministro y los Rancheros, que salieron en 1981, en un escenario delante del Ayuntamiento, pero la entrada digamos activa fue el año de Los Tartessos y Las Tararas. En el pub El Refugio de la calle Lobato recibí el bautizo carnavalesco: me pintaron la cara con un tapón de corcho quemao y mi padrino fue el Nene, Juan Antonio Gordillo, maquillador de la ocasión.

Después subimos haciendo pasacalles hasta la Peña el Gallo, donde estaba la Tertulia Flamenca entonces, y allí me dio la bienvenida al Carnaval, con un beso que no se me olvidará en la vida, Isabel Mena, la hermana del Moro, que salía con Las Tararas.

¿Cuándo empezaste a salir en agrupaciones y componer?

En 1984, el año que se cayó el Caracabra haciéndose la foto en el escenario con Viejos Quejíos, me propusieron dar el Pregón, que entonces implicaba ser presentador de la actuación de las agrupaciones. En la presentación de agrupaciones venía una murga de Montellano que se llamaban Los Monstruos. En la espera para entrar a actuar, entre bastidores, el bombo se puso a mi vera. Al mirarlo observé que llevaba una máscara monstruosa, y como hacía calor se la levantó. Entonces le dije «quillo si eres más feo sin máscara que con ella», y me contestó «vaya unos presentadores bordes que contratan aquí en Morón».

Después de eso me parece que le pregunté al maestro, Antonio Escobar, si podía salir con ellos. Y mis primeras letras las escribí para Siglo de Oro en 1985, algunos de los cuplés del repertorio. Desde entonces, salvó algún que otro año, no he dejado de participar. Estuve quince años saliendo ininterrumpidamente. Pero ya me ha superado el Peón.

Si tuvieras que elegir entre 2 o 3 agrupaciones…

En comparsas me quedaría con A nuestro Aire, porque fue la más flamenca en la que he participado, y Veinte Años por el homenaje que dábamos a la primera agrupación, Los Revivíos. En chirigota Los Gordos, la primera en la que salí, El escaparate de Los Antoñitos por la originalidad, y Los Espías por la música tan acorde con el tipo. De Cádiz, la chirigota del Selu ha sido siempre genial. En comparsas me ha gustado siempre Villegas, Antonio Martín... Y más que ninguna de las anteriores, la comparsa Los Currelantes de Jesús Bienvenido, que quedó segunda el año pasado en el concurso de Cádiz.

Entrevista 57

¿Estuviste en Cádiz con Siglo de Oro?

Entre Juan Bermúdez y yo formamos el mingo, porque allí iban las agrupaciones por la calle con aires casi militares, en formación perfecta... y nosotros dos íbamos de cachondeo. El Perrequeque, que venía con nosotros, no paró de increparnos todo el tiempo diciendo «¡tipo, tipo!». En aquel tiempo la gente de Cádiz no ponía mucha atención a las agrupaciones de fuera.

¿Cómo eran los pasacalles cuando sólo íbais cuatro?

Entrañables, porque intervenía la clandestinidad. Nos miraban raro, y éramos muy poquita gente. Había quien no estaba por la labor. En el ambiente se palpaban actitudes reacias. Nos asociaban a la marginalidad. De ahí que como entonces sonaba en la radio El Loco de la Colina y yo trabajaba en la Caja de Ahorros, algunos me llamaban el Loco del Monte.

¿Cómo llegaron las dos litronas y una morcilla con roscos al acta de la primera asamblea de la peña El Siguerín?

Las primeras reuniones de lo que luego fue la Peña El Siguerín las hacíamos en mi casa, cuando vivía en la calle Nueva. Entonces existía en Morón la Peña Flamenca, la Bética... y algunos carnavaleros, cuatro o cinco personas, empezamos a fraguar la creación de una peña de Carnaval. Después se hizo una reunión en la Peña Sevillista con más gente y ya se decidió la constitución oficial. Me tocó redactar los estatutos y la tramitación del papeleo. Allí mismo en la Peña Sevillista se hicieron algunos socios. Más tarde, cuando se conformó la Junta directiva de la que fui primer secretario, nombramos presidente al Charli sin darnos cuenta de que no era socio. La numeración de los socios se hizo por sorteo y el número uno le tocó a Consolación Castillo, Consola. En la primera reunión de la directiva en mi casas aparecieron, como por arte de magia, las conocidas litronas y morcillas, lo cual trasladé al acta.

¿En qué puede mejorar el Carnaval de Morón?

Yo pienso que el carnaval de Morón es bastante completo, pues desde que comienzan las presentaciones de agrupaciones hasta los actos en la semana oficial, los actos organizados por las peñas carnavalescas, asociaciones de vecinos y peñas privadas, y la culminación con nuestro gran pasacalles y demás, hay una variedad y diversidad impresionante.

Si en algo puede mejorar es en la organización y en la difusión, y ahí interviene directamente lo que te decía antes, que al frente de la Fundación hubiera personas con capacidad, dedicación y amor por la fiesta.