Esencia de las cosas de aquellos años

De frente y de perfil | Eduardo J. Pastor

FOTO-MANUEL-PALMA

Estas navidades de sol y leña en la chimenea han clavado un crespón negro en mi memoria. Estas navidades, que hemos dejado atrás a fuerza de dejar pasar las horas y los días, se me presentan ahora tristes y enfangadas por la pérdida irremediable de un amigo con el que compartí —con el que compartimos— tantas y tantas cosas. Porque se nos fue como el rayo —gracias por prestarme tus palabras Miguel Hernández— Manuel Palma Crespo, con sus cosas del pueblo de campo y sus recuerdos del flamenco.

Por eso hoy, Manolo, quisiera mirar a la esquina aquella y verte en la barra de la Charca entre altramuces —chochos le dicen en Utrera— y arbellanas. Y en el corralón limpiando trigo mientras en el portalón del remolque hacéis con tiza las cuentas de los kilos que caben por fanega.

Quisiera verte, hoy que ya no estás con nosotros, entre los calores flamencos del Festival de Mairena —que entre Mairena y El Viso te llevaste media vida— viendo como Miguel el Funi se partía en tres pegándose la pataíta imposible, La Paquera se atragantaba del compás rotundo de la parzuela y Don Antonio se sacaba con dos dedos el pañuelito de lunares a las claritas del día, mientras el perfil romano e imperial de Juan Peña el Lebrijano se dibujaba tras su dedo mandón en el flamenco de aquellos años.

Y es que quiero volver a verte en la puerta del almacén, sentado, hablando con mi hermano de las cosas del campo y con mi primo del último regate de Alfonso sobre el verde del Benito Villamarín. Y yéndonos juntos a echar abono por la mañana temprano, y labrando por derecho y con gusto. Y en el Rocío con Los Romeros de la Puebla entre sevillanas marismeñas y medias botellas de manzanilla. Y en la caseta de Mi Opá y mi Omá siendo emblema y esencia del albero.

Porque mira por donde, Manolo, se va a hacer cierto lo de aquella noche del décimo de lotería premiado en Arahal con Manuel, Tomás y Pepe: «Los señores es que tienen que marchar para Madrid». Y de Madrid ya se sabe… Al cielo.

 

Eduardo J. Pastor.

 

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