Festival pro monumento a Enrique de Melchor

Reconocimiento social e institucional a la figura del guitarrista de Marchena

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Cuando se quiere hablar de personajes históricos que han sido relevantes en cualquier materia, —en la filosofía, en las matemáticas, en la física o la lengua, la música y un largo etcétera—, siempre es difícil evaluar el impacto social, cultural y convivencial que estas personalidades han aportado en beneficio de la humanidad.

Es imposible saber con certeza si estas personas verdaderamente soñaron ser grandes personalidades de la historia y si, con su labor, intencionada o no, pretendieron contribuir con su obra a mejorar al ser humano. Seguro es que estas grandes personas se enfrentaron a muchas dificultades que superaron rompiendo sus propias limitaciones. Los que han triunfado sin hacer daño a nadie, con lealtad a sí mismos y hacia los otros, y han disfrutado de la vida respetando a los demás, igual no eran ni conscientes de lo justo y ejemplar de su caminar. Su posible verdad, su legado y la proyección de su obra es un firme reflejo de lo querían transmitir al mundo.

Enrique Jiménez Ramírez, Enrique de Melchor, sin duda cumple con todos los requisitos anteriormente expuestos. Ha sido un artista clave en el mundo del flamenco de tal manera que sin su aportación a la disciplina de la guitarra flamenca ésta no sería hoy la misma.

 

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Desde muy temprana edad, su padre, Melchor de Marchena (mundialmente reconocido tocaor flamenco marchenero) vio en su hijo las cualidades innatas para tocar la guitarra. Melchor, conocedor de los tiempos que tenían que venir para el instrumento —corrían los inicios de los años sesenta— tomó una decisión fundamental que marcó toda la trayectoria artística de Enrique de Melchor: aportarle el conocimiento y los estudios que por aquel entonces ningún guitarrista flamenco poseía. Un profesor del Conservatorio de Música de Madrid iba a la casa de los Melchores, a dar clases de solfeo y de guitarra al niño Enrique que apuntaba a prodigio. Así se configuró su educación musical, su técnica, porte y estilo a la hora de tocar la guitarra, que simultaneaba con su formación en el tablao flamenco Los Canasteros de Manolo Caracol.

Todos estos factores conformaron la personalidad de Enrique, y lo hicieron un guitarrista flamenco único y diferente a todos, con la técnica y la ortodoxia de los guitarristas clásicos y el desparpajo y el corazón genuino de los flamencos.

Su pueblo, Marchena, lo nombró hijo predilecto poco después de su inesperado fallecimiento a los 62 años de edad, y unos años más tarde un grupo de personas admiradoras de su arte propusieron a la corporación local la creación de un espacio público en memoria a su figura y su arte. El espacio elegido está situado al principio de la calle San Francisco, junto al Museo Arqueológico de Marchena, y que pasará a denominarse en breve “Plaza de los Melchores”. En esta plaza se ubicará una escultura con la que rendir honores a la guitarra, al flamenco y a Andalucía.

Para sufragar los gastos de esta obra se ha organizado un Festival Flamenco que se celebrará el viernes 17 de marzo de 2017, a las 21:30 h en la Sala de la Cultura de Marchena, y en el que colaborarán desinteresadamente artistas de primera línea del Flamenco.

 

Juan Manuel Reyes Campos. Director de la Fundación Secretariado Gitano de Andalucía.

 

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