"LO QUE NO SE COMUNICA NO EXISTE"
Gabriel García Márquez

Jarcha

Los micromonólogos de la boquita prestada | Antonio M. Morales

 
Encontrándome yo malenconiosa por los valles del hombre transitando me dio por construir un puente que uniese mi canción a la posteridad, para que no quedase la voz de la mujer que soy, ajada y rota, en el lodo del mundo extraviada.

Y me puse a cantar, tirando mis versos al aire como una piedra al azogue cauteloso del lago, sin saber que la onda fuese a llegar tan largo que hasta los oídos de vosotros, tristes menesterosos de la red en el siglo XXI, se han hecho eco de mi deseo.

Así, para calar el tuétano secular de los días, nació mi voz —femenina y anónima— en la lengua mozárabe, esa que hablaban en al–Ándalus cristianos y muladíes. Una pasión alfajorada me hizo buscar incansable a mi habib, guerrero tumultuoso con boquita de collar dulce como la miel. Cuando marchaba a la guerra yo me quería morir: enfermaron mis ojos de tanto amar, amigo, de tanto amar. Y en el fondo pienso que merecía la pena verlo marchar, porque su espalda en el horizonte provocaba un eclipse, y del mundo todo lo malo quedaba fuera.
 

 
Igualito que ahora.

¿Pensáis que las señoras de los legionarios tienen ganas de verlos aparecer por la puerta, con sus arrobas a cuestas y arreándole munición a la pobre cabra reclutada? Me asomé a vuestro balcón y el olor del almizcle dio paso a la preponderancia horrenda de la axila. Así que decidí volverme a mis moaxajas, en el principio de todo, donde era lícito aún esperar al amante tras la puerta
para perderse en el lodo de sus batallas.

Igualito que ahora.

¿Qué guerra pretenden ganar con sus insultos hueros?

La cabra, la cabra, la puta de la cabra.

Mi corazón se va de mí.

A mí no me quedarían ganas de decirle nada bonito a alguien que me canta una copla tan fea:

Yo prefiero tener un perro
a tener una mujer.
Porque el perro ladra, ladra,
y la mujer ladrona es.

 

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Eso cantan algunos guerreros de vuestro tiempo, que ya no es el mío, aunque por curiosidad me asome a él desde mi voz cruzada. Sí. Vuestra tradición comenzó con cantores mestizos. ¿Acaso lo ignorabais? ¿Qué batallas vais a ganar con la pureza impostada de vuestra sangre? ¿Con quién vais a retozar tras el portón? ¿Acaso con la cabra?

Conmigo ya os digo que no. Anda y que os zurzan.

Porque no pienso contagiarme de vuestros ritmos marciales, anodinos e innobles. Y esperaré a un guerrero de los de verdad tras la puerta, de esos que hunden su lanza en tierra fértil para que nazcan hombres buenos; de esos que saben que yo también soy una guerrera en el lecho que compartimos. Y si no viene pronto iré a por él, porque me sobran arrestos y ganas.

Pero me parece que ya escucho sus pasos.

Y no dormiré madre.
Al rayar la mañana
Viene Abu-l- Qasim con su faz de aurora.

 
Antonio M. Morales.

 

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