José Tambora canta en «La milonga del destierro»

Morales Montoro es el autor de las letras ex profeso

La milonga del destierro

En estos días, el texto dramático La milonga del destierro y los días azules se presenta en un mismo volumen junto a Epifanía de la marabunta, y se inserta en la Tetralogía de la frontera  junto a La ciénaga —editada también por Ediciones Irreverentes— y Nicanor y la Belladona, obra aún inédita.

En La milonga del destierro, Antonio Miguel Morales se sitúa en la historia cercana para reflexionar sobre el drama de las personas que buscan refugio. Esta vez, la historia concreta del exilio de la familia Machado y la muerte del poeta en Colliure sirven al autor para dar fe de una historia que se repite cruentamente.

Con una dramaturgia que se construye mediante el paralelismo, no es difícil que el lector se encuentre de pronto inmerso dentro de un juego de espejos, donde el Madrid asediado por las tropas de Franco en 1937 puede ser el Alepo contemporáneo, y la historia de la familia Machado puede reflejar la de cualquier familia siria atrapada en la frontera.

Las letras de los cantes flamencos, interpretados por el morisco José Tambora, que Morales Montoro incorpora en el texto son:

 

Petenera

La milonga del destierro

se canta de corazón,

pa que to el mundo se entere

lo que cuesta una traición.

 

La milonga del destierro:

te dicen que volverás.

Pero a veces las promesas

son migajitas de pan.

 

Tan lejos de tu apellido,

del abrazo acogedor.

Tan lejos y tan perdido

como un almendro sin flor.

 

Me voy lejos de mi tierra.

No digas que volveré.

La milonga del destierro

no me la voy a creer.

 

Toná

¿Cómo viniste a robar

con tu mísera calaña

en el árbol de mi hogar

las raíces de mi alma?

 

 Tú secaste mi jardín

con las campanas del alba.

Yo con lágrimas regué

las rosas que tú cortabas.

 

Que en mis manos podrás ver

el dolor de la distancia;

que con ellas construiré

otros muros de otras casas.

 

Soleá apolá

Yo me voy por los caminos

y cuando vuelva a Triana

me pagarás con olvido.

 

Guadalquivir milenario:

con el puente sobre el río,

testigo de mi calvario.

 

Guadalquivir milenario:

con la tierra de tu orilla

me prenderé un relicario.

 

Y si vuelvo por Triana,

seguro que doblarán

por mi vuelta las campanas.

 

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