La Campiña

Espacios naturales en la Serranía Suroeste

Campiña en la Serranía Suroeste Sevillana

 

Al cerrar los ojos e imaginarnos un paisaje campiñés quizás nos aborden trigales, maizales, olivares o algodonales, como campos que nos rodean y que marcan la línea del horizonte de nuestras miradas. Esta concepción predeterminada que tenemos de la Campiña no está muy alejada de la realidad, pues estos territorios poseen unos marcados usos debido fundamentalmente a sus características topográficas, geológicas, hidrológicas y edáficas. Los campos de Marchena, Arahal, Paradas, La Puebla de Cazalla y Morón de la Frontera, contando estos dos últimos de extensiones campiñesas junto a las primeras estribaciones serranas, son campos de gran fertilidad, con suaves y alomados relieves que atravesados por diferentes cursos fluviales han ofrecido a lo largo de la historia sus atributos agrícolas al aprovechamiento del ser humano.

Estos usos agrícolas determinan en gran medida el paisaje que nos podemos encontrar en un viaje a través de la Campiña Sevillana. En nuestro recorrido nos puede sorprender una gran variabilidad en función de la época del año en que decidamos conocer estas tierras. A finales del invierno y en primavera, nos puede sorprender la viveza y los contrastes cromáticos del paisaje. El verde intenso del trigo en su crecimiento y maduración, campos de cereales en los que a veces perduran algunos ejemplares de chaparros que despuntan a modo de islas rodeados por el denso cultivo. Los tonos marrones-grisáceos del suelo desnudo de los olivares, en los que resalta el verde apagado de sus finas hojas sobre el retorcido tronco que los caracteriza, se acompañan de la exuberancia de las dehesas donde alrededor de los pies de alcornoques y pinos se abre un mar de especies herbáceas y arbustivas en floración que forman una auténtica alfombra de múltiples colores y formas.

 

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Con el verano cambia la visión que nos ofrecen estas llanuras y lomas, que provistas ya de un cereal de tonos pajizos nos recuerda que ya está próxima su siega. Estos campos dorados por el sol son un espectáculo inusual al ser sus tallos mecidos por el viento originando olas sin mar, olas que se expanden sobre las lomas hasta que se funden en la lejanía.

Los campos de girasoles tras un generoso invierno, con la luz y el calor que asolan nuestras tierras, alcanzan su vigor característico ofreciéndonos otro de los paisajes más típicos y bellos con la marcada regularidad de sus esbeltas cañas, sobre las que se engarza los gruesos y redondos almacenes de semillas rodeados de amarillas pinceladas de ese sol que los orienta hacia sí, originando la peculiar estampa de un ejército de girasoles con la firme orientación hacia la luz de Helios.

El viaje por estas tierras además de sorprendernos con su paisaje, de manera subyacente también nos puede desvelar la estrecha relación que se establece entre el “hombre y la naturaleza”, binomio que gira alrededor del uso del territorio en aras de una producción agraria más o menos intensiva. En esta interdependencia se mantiene un frágil equilibrio entre lo que la tierra es capaz de producir y lo que nosotros queremos que produzca, equilibrio que normalmente se desplaza hacia nuestro lado pero que es imposible mantener en ese sentido a largo plazo sin agotar los recursos naturales de los que nos servimos. Por ello es necesario regresar a ese tramo intermedio que permita una producción agraria sostenida en el tiempo, que permita la renovación de los recursos que ella misma utiliza sin sobrecargar el ecosistema natural sobre el que se desarrollan las actividades productivas.

 

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Por ello, la Campiña es compleja en cuanto a la concepción del territorio como espacio natural y en cuanto a los usos que en ellos se realizan, puesto que a pesar de la elevada antropización forma parte de un ecosistema que aunque alterado posee una dinámica propia que es necesario respetar y comprender para mantener esa estrecha relación existente y profundizar en sus características y condicionantes. El descubrir la riqueza ambiental y cultural de estas tierras es comprender los usos que de ellas se han venido realizando a lo largo de la historia del ser humano, los que se siguen realizando y los valores paisajísticos, ambientales y antropológicos que subyacen en ellos.

 

Francisco Conejero Perea es autor de Espacios Naturales en la Serranía Suroeste Sevillana, una edición del Grupo de Desarrollo Rural Serranía Suroeste Sevillana (2006), coordinada por Fernando J. Alcaide. Fotografías de Manuel Gil, Adolfo Garcerán y Enrique Gordillo.

 

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