La ciénaga, de Antonio M. Morales

No les llames refugiados si no les das refugio

© fidel meneses

 

Teatro para que el espectador tome partido, se involucre y actúe. Poesía para tomar distancia. Y símbolos para encender el mundo. Todo junto suma La ciénaga, una obra escrita por Antonio Miguel Morales y dirigida por Alonso Amaya para Almazara Teatro que retrata el drama de las migraciones y la hipocresía con que la sociedad —y sobre todo los gobernantes— aborda los derechos humanos.

«La vieja Europa se ha mostrado insolidaria», afirma Morales en una entrevista con La Marea: «Homero y Kavafis no escribirían hoy de un lugar donde regresar, sino de un lugar donde no volver nunca. La única Ítaca que nos espera es la que debemos construir».

La ciénaga es una metáfora del Mar Mediterráneo, donde la muerte, a fuerza de ser cotidiana, se ha convertido en invisible. En la era de la globalización los cadáveres han perdido visibilidad. La globalización era una trampa para universalizar las fronteras y estigmatizar a los que logran cruzarla, negándoles la ciudadanía. Al mismo tiempo esta obra pretende denunciar la invisibilidad de la tortura, la explotación y la muerte en todos los terrenos fronterizos.

 

Migra y Hurón en La ciénaga, de Antonio M. Morales. Almazara Teatro. Fotografía de Fidel Meneses.
Migra y Hurón en La ciénaga, de Antonio M. Morales. Almazara Teatro. Fotografía de Fidel Meneses.

 

El recurso a un lenguaje poético pretende la observación del drama desde una perspectiva no mediática, y por tanto no mediatizada.

Almazara Teatro ha elegido este texto para su vuelta a las tablas siguiendo uno de los dictados fundacionales de la compañía: generar acción ciudadana desde la acción dramática. Para lograr su objetivo ha intentado convertir su puesta en escena en un umbral desde el que acceder a la solidaridad, a la empatía y al encuentro con el otro.

Una verbena con noria acontece mientras los extranjeros se ahogan en la ciénaga.

Un feriante nos invita a contemplar el mundo desde arriba:

– ¡Bienvenidos a la noria de Hurón! ¡Suban todos a la noria de Hurón!

 

Un extranjero se arrastra por la orilla:

Vengo buscando la hoguera

del apátrida aterido.

Que de un vientre yo he nacido,

no me parió una bandera.

Vengo buscando una hoguera

porque cuando llega el frío,

moro, cristiano o judío

con las llamas se calienta,

y se moja en la tormenta

cristiano, moro o judío.

 

Su agonía no perturba el disfrute de Occidente, donde la fiesta persiste con bullicio de norias, buñuelos y algodones de azúcar.

Si quieren tomar partido, pasen y vean.

 

Almazara Teatro. Fotografías de Fidel Meneses.

 

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