La esperanza cruza fronteras

Memorias del destierro. Raúl Cortés

FITI-2016

 

Hace catorce años, los mexicanos Amanda Quezadas y Ricardo Andrade (El Teatrito) amasaron un sueño: suturar las distancias del continente iberoamericano por medio del teatro. Una especie de internacional teatral que, desde la independencia y la autogestión, reuniese a grupos y compañías que buscasen en el teatro la forma de mitigar soledades y perseguir la belleza que, tan bien, oculta el siglo. Y llamaron a aquella quijotada Festival Independiente de Teatro Íntimo-Encuentro Internacional (FITI).

Aquel grito en el desierto pronto encontró eco en otros dos grupos, de parejo romanticismo y utopía, radicados en Argentina: El Galpón de las Artes, en Mar del Plata; y La Vorágine, en Tucumán. Los tres trazaron un itinerario en el aire, repleto de promesas y brazos abiertos, que es como se construye la esperanza. Que el camino no ha sido fácil lo atestiguan las muchas cicatrices y algunas heridas aún abiertas. Pero que el movimiento ha sido incontenible y las ganas desbordantes lo demuestra el XIV FITI, que acaba de clausurarse en Buenos Aires, a finales de abril.

 

FITI-2016-b

 

Este FITI ha exhibido una programación intensa y heterogénea, capaz de reunir a grupos de Argentina (Tucumán, Mar del Plata y Buenos Aires), de México (Mérida y México D.F.) y de España (Trasto Teatro, de Morón). En la cartelera destacan dos espectáculos: La fantástica fuga de Asdrúbal Huracán y Estrellita Pocaluz, de El Teatrito; y Cuando la arena cubrió el galpón, de El Galpón de las Artes. Dos conmovedoras propuestas que resignifican el teatro documento. Valientes y poéticos, ambos montajes subliman el dato histórico, el mero acontecimiento, para transformarlos en material sensible, vecino de los sueños y el misterio.

Un lugar no menos destacado merece De carne y trapo, la pieza imperecedera que tan artesanalmente escribió Pablo Gigena y con tanta maestría representa La Vorágine. La sombra de los ausentes, un trabajo inquietante de la compañía Musa Híbrida, cuyo vigor e impacto es indiscutible, en la senda del teatro de imágenes. Y las dos piezas presentadas por Icono Teatral: Prometea y Anverso o la misma carne; en ambas sobresale el trabajo actoral de tres mujeres arrojadas: Silvia Piccioli, esa gran dama del teatro, Carolina Graff y María Paula Compañy. Las tres jugando textos de Gabriel Penner, un poeta extraviado en los oficios de la dramaturgia, para salud del teatro.
 

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Una humilde pero contundente reivindicación del teatro independiente. El permanente recuerdo de que arte y compromiso no solo pueden entenderse, sino que se buscan, se abrazan, se necesitan.

 

Raúl Cortés.

 

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