La mirada cercana. El estereotipo flamenco de La Puebla de Cazalla (II)

Al sur del sur | Juan Antonio del Río Cabrera

La mirada cercana. El estereotipo flamenco de La Puebla de Cazalla (II)
Al sur del sur | Juan Antonio del Río Cabrera

Este artículo, con una primera parte publicada anteriormente aquí, está recogido en el libro La Puebla de Cazalla. Una villa Centenaria, una villa con Historia. V Centenario de la Carta-Puebla (1502-2002). (Cabello Núñez, J. y Gutiérrez Núñez, F. J.). Ediciones El Viso. Madrid, 2010, pp. 441-458. Está basado en la conferencia «La mirada cercana. Fuentes y sugerencias para una investigación antropológica de La Puebla de Cazalla», que leí el 9 de noviembre de 2002 en las I Jornadas de Estudios Locales de La Puebla de Cazalla, organizadas por el Ayuntamiento de La Puebla de Cazalla y el Centro de Profesorado Osuna-Écija.

 

Los acontecimientos fueron aún mucho peores durante la Guerra Civil y se pueden resumir para La Puebla de Cazalla, según fuentes orales y escritas, en la quema de edificios eclesiásticos, el encierro de la gente de derechas en la cárcel —que fue salvada por la mediación del alcalde— y la posterior represión de los republicanos con la reiterada cifra de más de doscientos muertos, sin contar por supuesto con las posteriores secuelas, como el hambre, la cárcel o la depuración de funcionarios [1].

Lo que me ha interesado mostrar con todo esto es el complicadísimo ambiente en el que nacieron o vivieron su adolescencia los amigos de José Menese y Moreno Galván, que no fueron en su mayor parte combatientes debido a su corta edad —porque nacieron entre los años veinte y los cuarenta— pero se hicieron hombres en la dura postguerra transformando en vivencias personales y grupales el desastre.

 

La Puebla de Cazalla

 

Uno de los más jóvenes, por ejemplo, recordaba sus juegos infantiles junto a la Cruz de los Caídos de la Plaza de la Iglesia y, «claro, yo aquello no lo viví, pero mis primos sí lo vivieron. Vivieron por ejemplo el Frente de Juventudes. Y entonces, en el Frente de Juventudes desfilaban con mosquetones de palo y aquellos mosquetones de palo todos los heredamos nosotros… Pero cuando nosotros jugábamos nos decían las mujeres:

—Niños, que estáis anunciando cosas malas.

Yo me acuerdo estupendamente de aquello y de mujeres vestidas de negro con los mantoncitos en la cara. Y yo me acuerdo:

—Niños, que esto es una ruina. Dejad de jugar» [2].

En ese ambiente de rebeldía oprimida se salvaba el fútbol. José Montesinos Lobo cuenta en una entrevista que conoció a José María Moreno Galván «(…) cuando terminó la Guerra, entonces por medio del fútbol conocí yo a José. Veníamos aquí gente que, podíamos decir, habíamos combatido en los dos bandos, como José Contreras que estuvo aquí el otro día en la misa suya. Éramos amigos todos y como aquí no se trataba de nada, pues, sino de pelota y eso, fue presidente del equipo que teníamos» [3].

De todas formas, los dos equipos de fútbol de La Puebla reflejaban las diferencias sociales hasta en sus propios nombres populares, los Cigarrones y los Papochas [4], como lo hacían a otro nivel los dos casinos, el Independiente y el de Artesanos.

 

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Pero las que controlaban realmente la vida del pueblo eran las organizaciones del Movimiento, a las que varios componentes del grupo de Menese y Moreno Galván pertenecieron, aunque no por ello dejaban de mostrarse incluso en su seno las contradicciones. Así, los flechas sacaron a la calle a finales de los años treinta y principios de los cuarenta un grupo de campanilleros y en su repertorio, entre canciones tradicionales e himnos patrióticos, se colaban piezas como ésta:

 

«¿Si no fuera por las habas dónde estaríamos ya?

Camino del cementerio con las manitas cruzás.

Habas puse el lunes, habas puse el martes,

El Miércoles habas y el Jueves guisantes» [5].

 

Pues bien, con tantas personas viviendo del campo y en el campo —porque la población estaba mucho más dispersa que ahora— los integrantes del grupo de amigos de Menese y Moreno Galván, que proceden en general de comerciantes, obreros cualificados y pequeños artesanos, eran de pueblo. Los pocos, además, que tienen relación directa con la agricultura descienden de mayetes y no de jornaleros. Su comportamiento en aquellas fechas era similar al de las llamadas personas de orden y estaban muy integrados en la vida social y política de La Puebla, con los condicionantes ya señalados. Para ilustrarlo, tanto los padres como algunos tíos de José Menese y de Moreno Galván fueron falangistas, aunque no precisamente camisas viejas, con el añadido de que Juan Meneses Águila, el padre de José Menese, provenía de Izquierda Republicana [6].

 

Algunos informantes aún recuerdan a los hermanos Moreno Galván haciendo pintadas contra Azaña en los muros [7].

 

Central en La Puebla de Cazalla
Tertulia en el Bar Central. Fotografía de Manuel Páez en el libro «La Puebla de Cazalla. Siete décadas en imágenes (1927 – 1997)», de José Cabello.

 

Varios de ellos consiguieron, con más o menos dificultades económicas, tener un título universitario en una época tan dura y, en una sociedad con una segregación sexual tan fuerte como era por entonces la andaluza, todos eran varones. Cuando aparece una mujer en las conversaciones o comentarios ocupa un segundo plano, su relación es de parentela o noviazgo, y hace de intermediaria en los conflictos entre los amigos.

O sea, estamos hablando de un amplio espectro de la pequeña y mediana burguesía local y no de jornaleros, a pesar de la defensa posterior de estos últimos, llevada a cabo en discos, artículos y declaraciones públicas, que parece identificar a sus autores con dicho segmento social.

Es más, varios componentes de este grupo intentan proletarizar a posteriori aún más su vida en aquellos años, describiendo por ejemplo al padre de Menese como un «zapatero, pero zapatero de esos remendones que su taller era más pequeño que mi salita» [8], obviando que era un buen artesano capaz de fabricar enteramente unas botas o unos zapatos para su venta directa en zapaterías [9]. Desde esta perspectiva, las conocidas estrecheces económicas de la familia de Menese en los años de la postguerra no provendrían básicamente de su extracción social, sino del elevado número de hermanos, porque sobrevivieron nueve hijos de los once partos que tuvo su madre y este hecho los obligó a desempeñar múltiples actividades, incluidas las agrícolas, para subsistir.

Aún queda un largo trayecto para que un grupo de niños y adolescentes de la postguerra con estas características se llegue a transformar, hasta el punto de convertir el flamenco progresista y el arte comprometido en bandera estereotípica de La Puebla.

 

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El germen está en José María Moreno Galván, posteriormente crítico de arte de la prestigiosa revista Triunfo pero, en aquel tiempo, inquieto meritorio del Ayuntamiento de La Puebla de Cazalla, que se queda supuestamente sin trabajo «(…) a raíz de una disposición que adjudicó esas plazas para excombatientes (…)» [10]. Tras este suceso se traslada a Sevilla en 1942, según unos en busca de trabajo y según otros becado para estudiar por el Ayuntamiento franquista, y comienza a frecuentar los círculos artísticos. Entre 1944 y 1946 hace la mili en Madrid y consolida su vocación por el mundo del arte. Su hermano Francisco, sólo un par de años menor, le va pronto a la zaga con una beca del Ayuntamiento, y ambos terminan instalando en Madrid a toda su familia. Sus padres se colocan como porteros en la embajada de Colombia [11].

Adelantándose a los acontecimientos, los Moreno Galván parecen presagiar la diáspora que terminará en los años cincuenta y sesenta con muchos habitantes de La Puebla trabajando fuera de ella, en una serie de etapas escalonadas comunes en la emigración andaluza. A grandes rasgos, comienzan a irse a países europeos más desarrollados de forma temporal. Después, se produce un aluvión de asentamientos definitivos, sobre todo en localidades cercanas a Barcelona para los moriscos y, como último paso aún visible, se da una emigración golondrina durante unos meses al año, sobre todo a la hostelería, con una clara preferencia por Ibiza [12].

 

Los dos hermanos se adelantan también a las convulsiones de los últimos años del franquismo en su conversión desde posturas falangistas a otras progresistas. Cuando Menese comienza a militar en 1969 en el Partido Comunista, los Moreno Galván ya llevan tiempo afiliados [13].

 

discos de José Menese
Primeros discos de José Menese (1963 – 1965).

 

Recordemos, además, que en el primer disco de Menese, de 1963, ya aparece la que va a ser con el tiempo su canción más conocida, un mirabrás con letra de Francisco Moreno Galván, que alude a un cruel suceso local de la postguerra protagonizado por Diego Benjumea Vázquez, también falangista. Resumiéndolo, Benjumea les quema a sus propios braceros las chozas que han construido para echarlos de sus tierras:

 

“Qué bien jumea

de Diego Vázquez, la chimenea.

De otro es la leña,

que quien quema lo suyo

a nadie empeña” [14].

 

¿Qué llevó tan relativamente pronto a los Moreno Galván a posiciones ideológicas tan alejadas de las de sus orígenes? Para mostrar la distancia recorrida he escogido esta letra del más pequeño:

 

“La cizaña perdió al trigo.

Así acabó la pelea,

que empezó sin un motivo

como quien troncha una flor

por dar a una flor castigo.

Y España fue dividida

por donde más le ha dolido

en justos y pecadores:

una mitad de vencidos

y otra de vencedores” [15].

 

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Probablemente tuvieron mucho que ver sus relaciones, en el ambiente cosmopolita de ciudades como Madrid, con intelectuales destacados como Caballero Bonald o Fernando Quiñones, pero también las injusticias que observaban en un pueblo al que nunca dejaron de volver y circunstancias mucho más íntimas. Respecto a estas últimas, a algunos amigos les llegó a comentar varias veces José María:

— «Tengo que explicaros a ustedes, cuando estemos todos, en una de las veces que yo vaya a La Puebla, os diré por qué he cambiado y por qué soy lo que soy» [16], pero no hay constancia escrita de que llegara a hacerlo.

Uno de los motivos pudo ser puramente personal. Según me comentó un informante, su mujer era hija de un médico republicano que había sido fusilado en el frente de Málaga [17].

Respecto a su hermano, también parece haber motivos directos. José Rubio Angorilla comenta en el libro de Génesis lo siguiente:

— «Francisco nunca olvidó que su padre, maestro de obras que trabajaba para Diego Benjumea, pidió a éste un adelanto de dinero para mandarlo a estudiar a Sevilla, porque era muy bueno Francisco con el dibujo, desde la escuela, y su madre quería que perfeccionara esas cualidades. Benjumea le dijo que qué se pensaba, que estaba equivocado, que sus hijos tenían que aprender el mismo oficio que el padre, ser albañiles (…). “Tú está equivocao —le decía—. Luego tus hijos no te servirán ni para una cosa ni para otra”. Y hubo que buscar otros medios» [18].

 

José Menese. Fotografía de Fidel Meneses.
José Menese. Fotografía de Fidel Meneses.

 

Por lo tanto, hubo una influencia tremenda de los vaivenes sociales y políticos de La Puebla comentados en la formación personal de Francisco Moreno Galván y José Menese, pero no ocurre ni mucho menos así con la faceta artística.

Cuando llega José Menese a Madrid, comenzando los años sesenta, ya tiene unas facultades portentosas, pero le falta mucho por aprender y aún más por pulir, como él mismo reconoce:

— «Yo aprendo en Madrid, aparte de lo poquito que sabía de aquí» [19].

Su grupo de acogida en la ciudad está formado por intelectuales comprometidos, algunos de los cuales son, además, grandes especialistas en flamenco, como el propio Moreno Galván o Caballero Bonald. Recordemos que este último dirigió, junto a Ramón Segura, uno de los dos  únicos trabajos de campo llevados a cabo sobre el cante jondo, el Archivo del Cante Flamenco de Vergara, aparecido en 1969.

También hay que señalar que tanto Menese como Moreno Galván, sin intentar menoscabar un ápice sus grandes cualidades, estuvieron en el sitio justo en el momento adecuado, porque en los años sesenta tuvo lugar una fuerte revalorización del flamenco, tanto a niveles intelectuales —con una gran proliferación de estudios y su entrada en la Universidad [20]— como en el terreno del público, con la popularización de las grabaciones en discos y la apoteosis de los festivales, algunos de los cuales aún perviven.

 

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Pues bien, en el seno de este grupo de intelectuales, conocido desde la perspectiva literaria como Generación de los Cincuenta o del Medio Siglo, que está formado por gente mayor que él, un joven inquieto como José Menese, dirigido por Francisco Moreno Galván, aprendió mucho desde el punto de vista técnico y amplió extraordinariamente sus contactos y expectativas culturales. Menese, que es una persona agradecida, lo reconoce expresamente. Asegura que los componentes de este grupo intelectual comentaban «queremos que Pepe cante, pero que no sea flamenco» y comenta que «Moreno Galván fue un cantaor frustrado y, pues al no cantar él quería, digamos, reencarnar un cantaor a su forma» [21].

El impacto de los primeros discos de Menese fue muy grande en el ambiente flamenco:

«Junto a las antologías generales, una serie de nuevos intérpretes comenzaron a utilizar el disco como lanzadera y como complemento a sus actuaciones públicas. José Menese publicó su primer disco de cuatro canciones en 1963, con letras de Francisco Moreno Galván, en una colaboración inaudita y colosal dentro del mundo flamenco. Al año siguiente editó dos más, pero la época demandaba discos más largos, los de larga duración, donde se podía apreciar la trayectoria del artista. El primero lo publicó Menese en 1965, con el título de Cantes de José Menese, y enseguida fue acogido como una obra maestra. La Cátedra de Flamencología lo premió inmediatamente, en lo que fue el inicio de una serie de reconocimientos exquisitos» [22].

 

Discografía temprana de José Menese (1965 - 1967).
Discografía temprana de José Menese (1965 – 1967).

 

Y en La Puebla, según Menese, se notó intensamente su popularidad nacional:

«Claro, cuando yo me voy a Madrid, el hijo del Rubio Meneses, pues entonces cuando una vez sale el primer disco y todo eso, pues se forma un poco el guirigay en el pueblo, claro. De hecho yo llegaba aquí en las primeras ferias y estaban los discos míos puestos en los chismes y tal. Entonces me daba una hartá de vergüenza. Pero, bueno, y efectivamente sí, pues la gente del pueblo cuando empezó José Menese a destacar y que se dieron perfectamente cuenta pues se sintieron felices y se sintieron pues eso… ¡Coño!, que tenemos alguien importante en La Puebla» [23].

Fijaos, «(…) alguien importante en La Puebla». Porque la popularidad de Menese va poniendo a este pueblo en el mapa para que lo conozcan los forasteros. No hay que olvidar que, de las cinco localidades que rodean a La Puebla con sus términos municipales, las tres de la campiña —Morón, Marchena [24] y Osuna, que son las más cercanas y relacionadas con ella— están mucho más pobladas, tienen una extensión territorial mucho mayor [25], han sido históricamente más importantes y en el caso de Morón cuenta, además, con una tradición flamenca reconocida muy anterior. Las otras dos localidades, Pruna y Villanueva de San Juan, no reúnen ninguna de estas características, porque son pequeñas poblaciones serranas, están más alejadas y no pueden competir con La Puebla.

 

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El grupo morisco de amigos se vuelca con Moreno Galván y Menese y lo arropa en sus primeros años, actuación tras actuación, llegando a ir en coches a París.

 

Los Moreno Galván y Menese —que han tenido siempre a gala seguir en contacto con su pueblo— llegan a casarse con paisanas (como este último), compran casas en La Puebla y hacen todo lo que pueden para que no se vuelva a confundir a ésta con otra localidad tradicionalmente más conocida, uno de los pueblos del anís, Cazalla de la Sierra [26].

Y los amigos, algunos ya relacionados anteriormente con los ambientes artísticos locales, como Salvador Cabello, ayudan como una eficiente correa de transmisión, aportando además lo que pueden.

Todo esto no se queda por lo demás en deseo o en mera teoría, porque las visitas de intelectuales reputados y de lo más granado del flamenco son efectivamente frecuentes a La Puebla, el Museo de Arte Contemporáneo no existiría sin José María Moreno Galván, su hermano se convierte en el responsable máximo de la nueva imagen del pueblo, diseñando desde carteles y bares hasta plazas y, sobre todo, Menese y Francisco Moreno crean la Reunión de Cante Jondo de La Puebla en 1967, que tiene desde entonces fama de festival modélico más allá de las fronteras andaluzas.

 

Por lo tanto, el estereotipo estético de La Puebla se ha ido refinando durante más de treinta años y, como ocurre con algunas leyendas, ha comenzado a expandirse hacia el pasado reinterpretándolo.

 

Reunión de Cante Jondo en La Puebla. Pintura de Patricio Hidalgo.
Reunión de Cante Jondo en La Puebla. Pintura de Patricio Hidalgo.

 

Así, aunque el primer cantaor realmente importante de La Puebla es Menese y su primer disco tiene poco más de cuarenta años, los moriscos y algunos forasteros rastrean hasta los más mínimos ancestros que puedan dar razón del supuesto carácter artístico de este pueblo y no sólo en el flamenco, sino también en la pintura y en otras artes. O buscan las raíces de la seriedad y la pureza del cante de Menese y los sucesivos cantaores reconocidos de La Puebla, como hacía Génesis García, en el supuesto carácter de este pueblo, cuando ya vimos que los cantes que gustaban eran otros y que el público salía de las primeras Reuniones muy desorientado.

Las características más destacadas de los cantaores moriscos —apadrinados en su mayor parte por Moreno Galván—, de las letras de éste e incluso, si me apuran, de la escenografía de Menese y del enfoque de la Reunión son:

1. La preocupación social,

2. El afán ético en la presentación de problemas de la realidad cercana,

3. La tradición realista,

4. El cuidado estilístico,

5. La búsqueda del objetivismo y cierta llaneza popular que, de todas formas, huye de lo hortera [27].

 

Estas características son las mismas, y no es precisamente una mera coincidencia, que mantenía la Generación de los Cincuenta o del Medio Siglo, a la que pertenecían parte de los amigos intelectuales de Moreno Galván. Es más, incluso la forma pura y dura de cantar de José Menese proviene directamente de su adscripción a la escuela mairenista, a la que no debemos olvidar que también pertenecen Caballero Bonald y otros flamencólogos de la Generación del Medio Siglo.

 

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Posteriormente, como sucede con ciertas leyendas, el estereotipo flamenco y artístico de La Puebla de Cazalla que se ha ido creando sobre bases, como vemos, muy sólidas, se retroalimenta a sí mismo. Y lo que han sido características de un grupo de intelectuales al que Moreno Galván y Menese, cada uno a su forma, pertenecieron, provienen en el imaginario popular de un supuesto carácter morisco.

 

¿Por qué señalo que las bases eran muy sólidas? Porque considero que la genialidad de Francisco Moreno Galván y José Menese ha consistido básicamente en transformar las circunstancias de la Guerra Civil y la postguerra en La Puebla de Cazalla en un producto artístico singular.

 

Más si tenemos en cuenta que estas circunstancias eran comunes a muchos pueblos de toda España, y no digamos de Andalucía. ¿En qué pueblo andaluz de cierto tamaño no ha habido un Benjumea, no ha existido el rebusco o algunos miembros de la Guardia Civil no hacían de las suyas?

Pero el estereotipo flamenco y artístico de La Puebla de Cazalla no sólo ha servido para poner a esta localidad en el  mapa, incluyendo en él las rutas turísticas, o para poder competir mediante un rasgo destacado con los municipios cercanos, sino que se ha ido convirtiendo también en un reflejo idealizado del pueblo para su consumo interior y actúa como un sedante —imaginario pero hasta cierto punto efectivo— sobre los propios conflictos.

 

Diego Clavel y Manolo Franco en una Reunión de Cante de La Puebla.
Diego Clavel y Manolo Franco en una Reunión de Cante de La Puebla.

 

Así, los cantaores más reconocidos de La Puebla son payos, en una localidad donde hay una población gitana con la que han existido problemas [28], pero estos cantaores son mairenistas y gitanistas. El fantasma de la Guerra Civil se resuelve achacando lo malo a los forasteros o, más aún, confrontando un pueblo de jornaleros solidarios con los señoritos o caciques, personificados en un solo personaje, Diego Benjumea Vázquez.

Esta resolución ficticia proviene de miembros relativamente cultivados de la pequeña burguesía local, como mínimo, que estuvieron en buena parte al principio del lado de los vencedores, incluyendo entre ellos al propio Benjumea.

 

Por último, para redondear la explicación, algunos intentan estigmatizar a este personaje [29], como si no fuera miembro de la comunidad de La Puebla de Cazalla, sino un enemigo exterior a ella, y se dice que toda su familia era de Sevilla [30], pero todos los datos conocidos avalan que procedían de aquí [31]. Es más, no sólo eran de aquí, sino que en la controversia sobre la procedencia del gentilicio de la gente de La Puebla, morisco, en la que no voy a entrar, lo único que hay seguro es que uno de los escasos apellidos realmente “moriscos”, o sea, de procedencia árabe, junto a Cazalla y a Raya, es precisamente Benjumea [32].

De todas formas, aunque he realizado este ejercicio de análisis y reconstrucción del estereotipo —por el que puedo afirmar que está en buena parte construido sobre una idealización que falsea la realidad— he de reconocer que ha ayudado mucho a cambiar la imagen de La Puebla, tanto en el interior como en el exterior. Aún más y para terminar. Si, como parece, los seres humanos vamos a seguir necesitando construir estereotipos y, a la vez, deseamos acercarnos a los otros con una mirada más cercana y tolerante, que todos los estereotipos que elaboremos se parezcan algo a éste.

 

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El cuarto artículo se desplaza a la advocación de Nuestra Señora de Caños Santos, muy influyente durante siglos en el antiguo ducado de Osuna y las comarcas aledañas como muestra, entre otros factores, el análisis de su libro de milagros que aparecerá al final de la publicación.

[1] Pueden consultarse mis grabaciones y la entrevista realizada el 20-2-2001 a Francisco Santos por GUTIÉRREZ NÚÑEZ, Francisco Javier y CABELLO NÚÑEZ, José para el Seminario “II República y Guerra Civil en el sur de Sevilla” (La Puebla de Cazalla)” (inédito) 2001, s/p; también NÚÑEZ, Miguel, “Nuestro pequeño homenaje. José María Moreno Galván”, en El Morisco nº 2, pp. 8-12, s/f; HERMANA MARÍA DOLORES CABELLO COBO, “Cien años al servicio de la educación en Puebla de Cazalla. Hermanas franciscanas del rebaño de María 1894-1994” (inédito), en GUTIÉRREZ NÚÑEZ, Francisco Javier y CABELLO NÚÑEZ, José, “Trabajo de documentación. Seminario “II República y Guerra Civil en el sur de Sevilla” (La Puebla de Cazalla)” (inédito) 2001, s/p; Archivo Municipal de La Puebla de Cazalla, Secretaría General, Registro Correspondencia de Salida, libros nº 43 (1936-1937) y 44 (1937-1938); Idem, leg. nº 98, Expediente varios (1876-1943), nº 137, Expedientes y documentos de excombatientes (1942-1975), leg. 146, Expedientes de personal (1922-1972).

[2] Cinta de La Puebla de Cazalla 3, 2ª cara. 23-VII-2002.

[3] NÚÑEZ, Miguel, “Nuestro pequeño homenaje. José María Moreno Galván”, en “El Morisco” nº 2, p. 9, s/f.

[4] Cinta de La Puebla de Cazalla 2, 2ª cara. 23-VII-2002. Cigarrones, un sinónimo de saltamontes en buena parte de Andalucía, hace referencia a la delgadez de los jugadores y papocha, en La Puebla pan mojado en aceite, hace referencia al aspecto lustroso de los miembros del equipo contrario.

[5] Cinta de La Puebla de Cazalla 4, 2ª cara. 8-VIII-2002.

[6] Archivo Histórico Municipal de La Puebla de Cazalla, Varios, leg. nº 402, Expedientes y documentos del Consejo Local del Movimiento y de Falange Española (1941-1975).

 

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[7] Cinta de La Puebla de Cazalla 2, 2ª cara. 23-VII-2002.

[8] Cinta de La Puebla de Cazalla 2, 1ª cara. 23-VII-2002.

[9] GARCÍA GÓMEZ, Génesis, “José Menese. Biografía jonda”, Colección Visto y leído, Editorial El País-Aguilar, Madrid 1996, pp. 27 y 87.

[10] NÚÑEZ, Miguel, “Nuestro pequeño homenaje. José María Moreno Galván”, en El Morisco  nº 2, p. 9, s/f.

[11] GARCÍA GÓMEZ, Génesis, “José Menese. Biografía jonda”, Colección Visto y leído, Editorial El País-Aguilar, Madrid 1996, p. 61.

[12] Este resumen está basado en mis propias entrevistas, la prensa local y las páginas de la localidad disponibles en Internet.

[13] GARCÍA GÓMEZ, Génesis, “José Menese. Biografía jonda”, Colección Visto y leído, Editorial El País-Aguilar, Madrid 1996, pp. 136-137.

[14] MENESE, José, RCA, 1963; “Letras flamencas de Francisco Moreno Galván”, Universidad Autónoma de Madrid, Madrid 1993, p. 181.

[15] “Letras flamencas de Francisco Moreno Galván”, Universidad Autónoma de Madrid, Madrid 1993, p. 136.

 

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[16] NÚÑEZ, Miguel, “Nuestro pequeño homenaje. José María Moreno Galván”, en El Morisco  nº 2, p. 12, s/f.

[17] Cinta de La Puebla de Cazalla 2, 2ª cara. 23-VII-2002.

[18] GARCÍA GÓMEZ, Génesis, “José Menese. Biografía jonda”, Colección Visto y leído, Editorial El País-Aguilar, Madrid 1996, p. 46.

[19] Cinta de La Puebla de Cazalla 7, 1ª cara. 13-IX-2002.

[20] LÓPEZ, J. M., “Flamenco (Música)”, en “Enciclopedia Universal Multimedia Micronet” 1999/2000, s/l,. Otras publicaciones consultadas describen esta etapa del flamenco de forma similar.

[21] Cintas de La Puebla de Cazalla 6 y 7. 8-VIII-2002. Moreno Galván ya lo había intentado con cantaores moriscos anteriores.

[22] LÓPEZ, J. M., “Flamenco (Música)”, en “Enciclopedia Universal Multimedia Micronet” 1999/2000, s/l,. Distintas publicaciones recogen de parecida forma esta repercusión.

[23] Cinta de La Puebla de Cazalla 7, 1ª cara. 13-IX-2002.

[24] El término de Marchena limita directamente con el casco urbano de La Puebla de Cazalla, lo que dio lugar a intentos de ampliación a su costa desde el Ayuntamiento morisco. Véase Archivo Municipal de La Puebla de Cazalla, Actas Capitulares, Libro 10 (20-6-1929 al 5-10-1931), Sesión 30-6-191, fols. 62-64.

 

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[25] “Sistema de información multiterritorial de Andalucía”, Edición Electrónica, Versión 7.2002.103, Instituto de Estadística de Andalucía 2002, s/l.

[26] Cinta de La Puebla de Cazalla 1, 1ª cara. 23-VII-2002, y 7, 1ª cara. 13-IX-2002.

[27] FERNÁNDEZ SAN EMETERIO, G., “Generación del Medio Siglo”, en “Enciclopedia Universal Multimedia Micronet”, s/l, 1999/2000. Características muy similares en otras obras consultadas.

[28] No cito con detalle mis grabaciones, porque la problemática con los gitanos aparece reiteradamente en ellas. Las constantes alusiones orales no tienen correspondencia en la relativamente abundante bibliografía local, salvo para algún aspecto relacionado con el flamenco, lo que refuerza la impresión de minoría marginada.

[29] Una de las formas más corriente de hacerlo es asegurar que ni él ni su familia hicieron nunca nada por el pueblo, comparándolos con otros potentados que supuestamente eran mucho más generosos con los vecinos, como el torero Antonio Fuentes. Buscando sólo la mayor objetividad y sin entrometerme en los orígenes de la mala fama de Diego Benjumea Vázquez, este tema es mucho más complejo de lo que muestran las visiones unilaterales porque, por ejemplo, por un lado parecen olvidar que el hijo del torero, Ángel Fuentes, fue el falangista más importante de los que “liberaron” La Puebla, con las consecuencias ya descritas, y por otro tampoco recuerdan que uno de los Benjumea dejó un cuantioso legado de 20.000 pesetas para construir una escuela (Archivo Municipal de La Puebla de Cazalla, Intervención, Libro nº 350, Libro de Inventario y Balances (1930), doc. nº 1; Actas Capitulares, Libro 10 (20-6-1929 al 5-10-1931, Sesión 9-4-1932), entre otras donaciones de esta familia que me han detallado oralmente. Parte de esta animadversión puede también tener que ver con un hecho insoslayable. Los Benjumea eran los mayores contribuyentes de La Puebla de Cazalla tanto de la propiedad rústica como de la urbana (Archivo Municipal de La Puebla de Cazalla, Sección Gobierno, Actas Capitulares, Libro 13 (11-4-1935 a 4-12-1936, Sesión 7-9-1935), lo que da evidentemente pie a que un informante me indique que eran “los únicos que manejaban todo esto” (cinta de La Puebla de Cazalla 5, 2ª cara. 8-VIII-2002).

[30] Cinta de La Puebla de Cazalla 3, 1ª cara. 23-VII-2002. No es el caso de José Menese, para el que Benjumea procede, y lo manifiesta reiteradamente, de La Puebla de Cazalla.

[31] Aunque sería conveniente un estudio genealógico, el apellido Benjumea aparece con frecuencia desde 1552 en el Archivo Histórico Municipal de La Puebla de Cazalla, Fondo microfilmado procedente del Archivo Histórico Nacional (Toledo), Sección Nobleza, Casa de Osuna (documentación: José Cabello Núñez; 25-VII-2002). Además, los Benjumea han estado efectivamente afincados en esta población durante varias generaciones, como ya se ha ido mostrando en este artículo. No en balde en 1994 se le otorgó a Javier Benjumea Puigcerver el título de Marqués de la Puebla de Cazalla.

[32] ESPINAR GUTIÉRREZ, Inmaculada, “Moriscos en La Puebla”, Cuadernillos de Historia Local, nº 5, Ediciones Municipales, Ayuntamiento de La Puebla de Cazalla, La Puebla de Cazalla, 1998, p. 24.

 

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