La mirada cercana. El estereotipo flamenco de La Puebla de Cazalla (I)

Al sur del sur | Juan Antonio del Río Cabrera

Fragmento cartel Reunión La Puebla 2002

Este artículo ha sido publicado en el libro La Puebla de Cazalla. Una villa Centenaria, una villa con Historia. V Centenario de la Carta-Puebla (1502-2002). (Cabello Núñez, J. y Gutiérrez Núñez, F. J.). Ediciones El Viso. Madrid, 2010, pp. 441-458. Está basado en la conferencia «La mirada cercana. Fuentes y sugerencias para una investigación antropológica de La Puebla de Cazalla», que leí el 9 de noviembre de 2002 en las I Jornadas de Estudios Locales de La Puebla de Cazalla, organizadas por el Ayuntamiento de La Puebla de Cazalla y el Centro de Profesorado Osuna-Écija.

Cuando Paco Gutiérrez me ofreció dar la conferencia que sirve de base a este artículo tuve sentimientos contradictorios. Me alegré, porque siempre es interesante que cuenten con uno para unas Jornadas de esta envergadura, pero al mismo tiempo me entró un cierto desasosiego, ya que intuí que me iba a tener que enfrentar por fin con un tema tan difícil como resbaladizo, el del flamenco o, si os gusta más como suele suceder en este pueblo, la expresión competidora, el cante jondo. Y esto es precisamente lo que me ha ocurrido.

Visto desde el presente no me parece ahora casualidad que en los años, o décadas, que llevo dedicado a la investigación, no me hubiera ocupado salvo de manera tangencial del flamenco y eso que mi campo más propio, el del folklore andaluz, tratado desde una perspectiva cada vez más conscientemente antropológica, está tan cercano que para muchas personas flamenco y folklore andaluz son sinónimos. Tampoco me parece casualidad que mi primera exploración del tema tuviera lugar hace pocos años en La Puebla, entrevistando a José Menese. Y creo que no es fruto del azar porque ésa es mi forma fundamental de abordar temáticas nuevas. Voy poco a poco esbozando una aproximación mediante lecturas y entrevistas, que al principio están poco relacionadas entre sí, hasta que el rompecabezas que he ido inconscientemente montando adquiere una estructura que se me hace consciente.

Hacienda La Fuenlonguilla
Hacienda de la Fuenlonguilla, lugar de celebración de la Reunión de Cante Jondo.

 

El cante jondo es una de las piezas claves en el rompecabezas en el que estoy ahora metido: abordar por primera vez La Puebla de Cazalla desde una perspectiva antropológica. Y señalo que es la primera vez porque le dije a Paco que iba a hacer lo que José Cabello y él estaban realizando en el ámbito de la Historia, una recopilación inicial de fuentes que sirvan de base para posteriores investigaciones etnológicas. Al final no la voy a hacer, porque me he encontrado, como habíamos comentado Salvador Rodríguez Becerra y yo, con la ausencia de publicaciones directas sobre La Puebla.

Existen, sin embargo, obras que pueden ser útiles para futuros estudios relacionadas, las que no tienen un carácter local, sobre todo con el mundo del flamenco y otras que la rozan de forma marginal. Varias de ellas van a aparecer en estas páginas.

Esta falta de publicaciones de carácter antropológico sobre La Puebla de Cazalla, compartida con muchas otras poblaciones, no es anormal si tenemos en cuenta la relativamente reciente implantación de la Antropología en Andalucía, e incluso en España [1], y me ha empujado a arriesgar bastante más de lo que hubiera podido. Abordo, por lo tanto, este primer estudio de La Puebla de Cazalla basándome sobre todo en mis grabaciones a diversos informantes y desde un tema central para comprender tanto la evolución de esta villa como la percepción de sus habitantes en las últimas décadas, en lugar de dedicarme a otros aspectos más cordiales y mucho menos conflictivos, como el análisis de las muestras de folklore oral que he recogido. Así que, sin olvidar la amabilidad que me han mostrado en este pueblo, voy a entrar en un asunto candente y a procurar además cantar por derecho, para que me entiendan.

 

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Volvemos así a la máxima seña de identidad de La Puebla de Cazalla tanto en el propio municipio como en el exterior, su raigambre flamenca, y en ella me voy a centrar porque creo que es una pieza fundamental en el rompecabezas de los estereotipos moriscos. Lo hago sin dejar de reconocer que no soy un especialista en el mundo del cante jondo y ni siquiera un gran aficionado, siguiendo así una recomendación antropológica tan machaconamente repetida como poco puesta en práctica, la de dejar explícitas las limitaciones y suposiciones del investigador. Por lo tanto, que nadie espere eruditas observaciones sobre las diferencias entre distintos palos del cante ni elaboradas matizaciones sobre la procedencia histórica o geográfica de un estilo concreto. Tampoco voy a continuar las polémicas sobre el origen del cante jondo. Lo que voy a hacer es una cosa muy distinta que, de todas formas, puede servir también para algunos de esos propósitos porque, como espero mostrar, hay otras formas poco exploradas de abordar el flamenco.

Abriendo cualquier guía de viajes en la que aparezca esta población se la describe  básicamente como «tierra de cante» y, a lo sumo, se le añade una referencia a su pasado musulmán. Una publicación muy conocida la describe de esta forma: «Siguiendo por la autovía en dirección a Sevilla se llega a La Puebla de Cazalla, cuna de grandes del cante, como José Meneses (sic) y la Niña de la Puebla. El pueblo conserva restos de la fortaleza musulmana o castillo de Luna» [2].

La mayoría de los informantes consultados también reitera la importancia de esta localidad en el mundo flamenco, ya que no en balde proceden de ella La Niña de la Puebla, Manuel Gerena, Diego Clavel, Miguel Vargas o José Menese, entre otros cantaores. Pero no todas las personas entrevistadas lo hacen de la misma forma y aquí comienzan las contradicciones respecto a la antigüedad y el calado de las aportaciones de La Puebla al flamenco.

 

Del Río Cabrera y  José Menese
José Menese junto al autor de este artículo.

Acompañado por Paco Gutiérrez, le pregunté a dos mujeres mayores a las que entrevisté en la misma sesión por sus recuerdos del flamenco en La Puebla y aludieron  directamente a la Reunión de Cante Jondo, cuya primera edición tuvo lugar en 1967 y se incluye en la fuerte proliferación de festivales flamencos de los años sesenta. Indago después en sus recuerdos anteriores y aseguran que se cantaría en las tabernas y en las fondas, pero que no lo recuerdan. «Eso es ahora», opinan sobre el auge del flamenco en la localidad, exceptuando supuestamente, porque ellas no las vivieron, las fiestas de los gitanos de la Fuente Vieja [3]. Recuerdan, en cambio, con precisión el cante y el baile por sevillanas, incluyendo algunas letras.

Tampoco las Memorias de un zagalillo andaluz, de Antonio Bocio [4], que repiten un género muy propicio para los autodidactas en Andalucía, dibujan un ambiente flamenco en La Puebla de los años veinte y treinta muy distinto al de otros pueblos andaluces, a pesar de la confesada afición al cante de este autor.

Por último, José Menese, el mítico cantaor payo paisano vuestro, me dice que evidentemente aquí no ha habido una tradición jonda excepcional y que él no tuvo, por ejemplo, ninguna relación antes de irse a Madrid en 1962 con vuestra gran cantaora, porque «la Niña de La Puebla no vivió aquí nunca» [5]. Es más, también señala que había mucha diferencia entre lo que aprendía en La Puebla, en la que cantaba con ochos años por Antonio Molina, y lo que asimila posteriormente, sobre todo en Madrid, y que él no sabía lo que quería hasta que hace su primer disco en 1963 [6].

Y, sin embargo, en el libro más importante publicado hasta la fecha sobre este tema, la Biografía jonda del cantaor, escrito por Génesis García Gómez, hay una discusión que ocupa diez páginas sobre la influencia del ambiente flamenco de La Puebla en la forja de José Menese [7] y mis informantes varones, alguno de los cuales también participó en la charla que aparece en esta obra, no dejan de subrayarla.

 

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Pero vayamos por partes. Todos los presentes en la discusión pertenecen de una u otra forma al grupo de amigos moriscos de Menese y Moreno Galván. La reunión se celebra en el Bar Central, un lugar emblemático para el flamenco local, y asisten Pepe Rubio, Rafael Herrera, Salvador Cabello, Pepe Luis Reina, Pepe Bernardo, Martín Valero y Currito Marín.

La mayoría de ellos va desgranando argumentos para apoyar dicha influencia, incluyendo a la autora del libro, que es de Cartagena y tiene una clara tendencia a saltarse la objetividad debida mezclando datos y estereotipos. Así, la supuesta seriedad del pueblo haría que no se cantara por bulerías o que no gustaran los fandangos, y la ortodoxia de los cantaores moriscos tendría que ver con la dureza de los Pregones de Semana Santa, mientras que Moreno Galván ya tendría un antecedente en Gabriel Gallardo, que no sólo traía cantaores importantes a La Puebla sino que, incluso, con palabras de Génesis García, «(…) quería, antes que Francisco, sacar un cantaor puro de La Puebla» [8].

Pepe Rubio y Martín Valero están convencidos en cambio de lo contrario, de que no existe una influencia directa del ambiente flamenco de la localidad en José Menese, y van desmontando las argumentaciones de sus contrincantes. Llega un momento en el que Pepe Rubio afirma:

—«(…) Cuando empezaron las primeras Reuniones de Cante Jondo de La Puebla, la gente salía diciendo barbaridades, porque no les gustaba esa seriedad y esa pureza. Y la formación para saber escuchar lo bueno fue después, por obra de Francisco [Moreno Galván] y de Menese y de las mismas Reuniones (…)».

 

José Menese y Antonio Carrión en una Reunión de Cante Jondo.
José Menese y Antonio Carrión en una Reunión de Cante Jondo.

 

Y le contestan:

—«Es verdad, pero no puedes olvidar que tanto Francisco como Pepe son de aquí» [9].

Esta última intervención es muy significativa, porque lo que me parece que de verdad se está discutiendo es precisamente si Francisco Moreno Galván y José Menese son en realidad de aquí, de La Puebla de Cazalla, o no lo son. O, dicho en términos más técnicos, estamos asistiendo a la defensa de un estereotipo de La Puebla aplicable, como suele ocurrir con los estereotipos, a todos los nacidos en ella.

Según el Diccionario de la Real Academia Española un estereotipo es una «imagen o idea aceptada comúnmente por un grupo o sociedad con carácter inmutable» [10]. Desde un punto de vista antropológico, los estereotipos tienen un indudable atractivo, porque desde los grupos humanos se tiende a imponer visiones estereotipadas de otros grupos. Pensemos, por ejemplo, en la percepción que tienen muchos payos de los gitanos o, en un ejercicio que se suele realizar con muchísima menos frecuencia, en los rasgos que definen a los payos para muchos gitanos. Para estos fines suelen precisamente servir las expresiones folklóricas, si vamos un poco más allá de los eruditos estudios literarios o lingüísticos, condenados con demasiada frecuencia a la erudición por la erudición, que parecen confinarlas en España [11].

Pero los estereotipos no cubren sólo ámbitos étnicos. Tanto los antropólogos extranjeros como los españoles que han realizado investigaciones en Andalucía han escrito con profusión, como hace el primero de todos ellos, Pitt-Rivers, refiriéndose a Grazalema, sobre el «(…) fuerte sentimiento de patriotismo local (…)», basado en una «(…) identidad entre lugar y comunidad (…)» [12]. «(…) Pero no puedes olvidar que tanto Francisco como Pepe son de aquí” no significa sólo que hayan nacido en La Puebla, sino que son parte de ella y, por lo tanto, la representan.

 

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Además, y esto no se llega a decir pero flota en la conversación, Francisco y Pepe no son un Francisco o un Pepe cualquiera. Son Francisco Moreno Galván y Pepe Menese, dos figuras reconocidas fuera de la localidad y por lo tanto son, se quiera o no, más representativos de La Puebla que otros. La reunión del Central se está celebrando precisamente para escribir la biografía de uno de ellos.

Cuando se usan los estereotipos localistas, se imputa a la gente de los pueblos vecinos su flojera, su brutalidad, su desvergüenza o cualquier otro defecto lo bastante gordo y, al menos en apariencia, evidente. Así, como señalan algunos informantes de La Puebla «los de Morón, como son, son», «los de Osuna, ni una aceituna», «tiene más hambre que el marqués de Osuna», «los de Olvera, ni por la vera» o «los de Marchena, culos bajos». Pero, claro, el problema es que la gente de otras localidades también crea estereotipos sobre el pueblo de uno:

«Los de La Puebla de Cazalla son unos canallas» [13].

¿O preferís mejor un estereotipo indulgente creado para consumo interno? También existe, aunque por ahora no es muy popular:

«La Puebla, canela y clavo» [14].

Este cruce de epítetos entre contrincantes de distintos pueblos aún se sigue practicando para conseguir, al menos, picar al vecino. Así, cuando una pareja de novios de pueblos cercanos tenía alguna discusión, le decía el varón:

—«He tenido que ir a La Puebla a echarme novia» [15].

 

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Las expresiones orales mediante las que se manifiestan los estereotipos también pueden servir para insultar directamente al contrario, dependiendo de las relaciones que se tengan con él y del contexto en el que se tire la andanada. Cuando se ponen por escrito, suelen pasar a mayores y tener repercusión pública. Como ejemplo, transcribo íntegramente una noticia, aparecida en La Puebla al día, que se titula «Insultos en el diario ABC»:

“Lamentamos y rechazamos, por no ser objetivos, los datos del texto que publica un suplemento del diario sevillano ABC, que se refiere a los pueblos de la provincia de Sevilla, en el que se dice que los moriscos somos gentes de las que todavía desconfían los pueblos de nuestro entorno (entiéndase los más cercanos de la comarca). Notamos en esta publicación un sentimiento xenófobo, que no se sustenta en base alguna.

Si ya es triste que ABC nos insulte de esta manera, es más indignante que la Diputación Provincial de Sevilla sea colaboradora de dicha publicación, proporcionando al periódico datos de localidades, y permita que se insulte a los habitantes de La Puebla sin fundamento. (Diputación, al menos, debería revisar los contenidos, si no han salido de ella las informaciones publicadas).

Los moriscos somos gentes abiertas y tolerantes. Desde Izquierda Unida, nos atreveríamos a decir que, hasta “noveleros”, que nos ofrecemos y desvivimos por cualquier visitante que se acerca a nuestro pueblo.

Tanto ABC como Diputación Provincial de Sevilla, en su papel de fuente de información, deberían tomar alguna medida para resarcir a los habitantes de nuestro pueblo, de estos insultos, proclamados por toda la provincia, dentro de ese coleccionable titulado: “Sevilla pueblo a pueblo” [16].

He leído artículos como éste contra los estereotipos negativos que provienen de fuera, escritos tanto por organizaciones como por particulares, en otros pueblos.

 

Museo Moreno Galván en La Puebla
Una de las salas de Museo de Arte Contemporáneo José María Moreno Galván.

 

Pero lo realmente interesante del estereotipo estético, popular y flamenco reflejado en “La Puebla, canela y clavo”, reside en el hecho de que es reciente, de las últimas décadas, y se puede deconstruir todavía, porque aún son visibles buena parte de los materiales que incorpora y se puede rastrear su proceso de formación, que me parece similar por cierto al de algunas leyendas folklóricas.

Aunque existe efectivamente un precedente ilustre a la pareja formada por José Menese y Francisco Moreno Galván, ya vimos que la Niña de La Puebla no ha tenido en realidad mucho que ver con este pueblo y, por lo tanto, me voy a centrar en ambos.

Si resumimos sus historias personales relacionándolas con el contexto de los cambios ocurridos en La Puebla de Cazalla, se podrá entender mejor en qué consisten las labores de deconstrucción, usando un galicismo que lleva tiempo de moda. Aunque considero que se ajusta más a la realidad una palabra del castellano, reconstrucción, porque sólo puedo partir de una nube de supuestos y opiniones, con pocos hechos explícitos y aislados, a partir de la cual voy a intentar revisar el conjunto hasta donde pueda.

En el inicio del estereotipo flamenco de La Puebla de Cazalla están las grandes convulsiones sociales y políticas del siglo XX. Durante la Segunda República La Puebla, como tantos otros municipios andaluces, dependía básicamente de los cultivos de secano, con un artesanado, comercio e industria poco destacados. Su alargado término municipal, de unos 188 kilómetros cuadrados y situado entre la sierra y la campiña [17], estaba a primera vista bastante repartido pero, estudiando los catastros de 1931, 1932 y 1935, en los que se listan los propietarios con más de 10 hectáreas de tierra, tan sólo los herederos de Eugenio Benjumea tenían 557,1683 hectáreas [18], más del tres por ciento de un término municipal con muchos baldíos, y no había una representación amplia de la clase media agrícola, los mayetes en la terminología local [19].

Así, según el censo de campesinos del término de La Puebla de Cazalla presentado a comienzos de 1935, había 905 obreros agrícolas y ganaderos sin tierras, que eran a la vez cabezas de familia, 195 arrendatarios de superficies menores a las diez hectáreas y 73 pequeños propietarios o arrendatarios con mayores superficies [20]. Atendiendo, en cambio, a los catastros rústicos de 1931, 1932 y 1935, los propietarios con más de 10 hectáreas eran 23, a veces colectivamente [21].

 

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La Puebla tenía 9.407 habitantes  en 1930 [22], con el alto número de jornaleros señalado, y éstos se veían obligados a pasar, como en muchos otros municipios andaluces, por la situación que describe un destacado militante del P.S.O.E. de aquellos tiempos, Francisco Santos: «En el Cantillo que le llamaban, en la Plaza del Ayuntamiento, ese era el sitio de todos los que queríamos trabajar, claro que eso de todo el tiempo que yo estoy hablando era después de yo casarme, pero antes era igual. A la Plaza del Ayuntamiento, quien quería trabajar, iba allí, y los patronos iban a buscar a los trabajadores, y aquello era una subasta, porque unos daban un precio y otros daban otro. Llegaba uno por la mañana, y decía: “¿quieres segar?” por ejemplo, que era cuando más gente había en la plaza, “voy contigo”, “cuánto se gana”, “tanto”, “bueno”. Detrás llegaba otro y le daba una peseta más por ejemplo y decía “oye tú que voy con otro que gano más”, y aquello era una subasta, clara, clara, y todo los trabajos eran igual.

Los trabajadores se ponían por grupos también. Allí había una clasificación de gente, los principales, los que eran mejores trabajadores. Por ejemplo la faena de la siega, era el trabajo que más se apreciaba, porque claro el hombre que tenía un pegujalito o un sembrado, y resulta que llegaba allí segadores que no sabían segar, se lo dejaban (trigo) allí la mitad en la tierra, se le caían porque no sabían como segar bien. Y había hombres muy preparados para eso, y se juntaban cinco, seis o siete, y se les llamaban los del cinto dorado, eso eran los mejores. Después había otra gente más inferior, y otros que eran del montón.

Y en fin, esa era la forma de sacar el trabajo de allí.  Y después para llegar al campo, estaba uno tonteando (en la plaza) esperando que le dieran más precio, y llegaban las diez de la mañana con toda la calor del verano. Y al mismo tiempo alguno de los patronos, resulta que le hablaba “fulanito, menganito, ya tengo cinco o seis de los mejores, hoy estoy contento con ellos” y les decían “venirse para acá, les voy a echar unas copitas”, y se los llevaba al bar de Pachón para quitarlos de allí para que no llegara otro y se los quitara. Se los llevaban al bar de Pachón, y les echaban unas cuantas copas de aguardiente, se mareaban las criaturas, porque estaban también mal cuidados, y en vez de trabajar con la fresca, que es como se debe trabajar, pues trabajaban con toda la calor, pues llegaban a las 10 o a la 11 de la mañana al tajo, y ya había que aguantar toda la calor» [23].

 

Menese en Olvera.
José Menese asiste en la iglesia del Socorro de Olvera, en 2014, al acto de homenaje que se le rindió en un programa de Canal Sur.

Francisco Santos deja claro a continuación que los patronos eran de La Puebla, porque las culpas suelen echarse a los de fuera.

Podíamos reiterar el grado de miseria, provocada por el paro obrero, los intentos muchas veces frustrados de asociacionismo y también los enfrentamientos, a veces armados [24], entre miembros de las clases sociales radicalizadas, usando el importante trabajo de vaciado del Archivo Municipal que llevaron a cabo los directores de estas Jornadas, José Cabello Núñez y Francisco Javier Gutiérrez Núñez, para el Seminario “II República y Guerra Civil en el sur de Sevilla” celebrado en el año 2001, pero no es ése mi propósito.

 

 

[1] DEL RÍO CABRERA, Juan Antonio, “Colecciones y conjeturas. Recopilaciones de cuentos populares andaluces”, en Demófilo nº 28 (1998), pp. 115-116.

[2] CAMPOS, José María y otros: “Andalucía”, Dos vols., Colección Las Guías Visuales de España 1, Editorial El Mundo, Barcelona 2000, Vol. 1, p. 191. Se hace una descripción más extensa, pero similar, en ARJONA, Rafael y otros, “Itinerarios insólitos por España (mitad sur)”, Colección Touring Club, Editorial Anaya, Madrid 1995, p. 172.

[3] Cinta de La Puebla de Cazalla 1, 1ª cara. 23-VII-2002.

[4] BOCIO VARGAS, Antonio, “Memorias de un zagalillo andaluz”, Colección Vilano, Ayuntamiento de La Puebla de Cazalla 1994.

[5] Cinta de La Puebla de Cazalla 8, 1ª cara. 13-IX-2002.

[6] Cinta de La Puebla de Cazalla 7, 2ª cara. 13-IX-2002.

[7] GARCÍA GÓMEZ, Génesis, “José Menese. Biografía jonda”, Colección Visto y Leído, Editorial El País-Aguilar, Madrid 1996, pp. 62-71.

 

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[8] GARCÍA GÓMEZ, Génesis, “José Menese. Biografía jonda”, Colección Visto y Leído, Editorial El País-Aguilar, Madrid 1996, p. 68.

[9] GARCÍA GÓMEZ, Génesis, “José Menese. Biografía jonda”, Colección Visto y Leído, Editorial El País-Aguilar, Madrid 1996, p. 70.

[10] “Diccionario de la Real Academia Española”, Edición Electrónica, Versión 21.1.0, Editorial Espasa-Calpe 1995, s/l.

[11] DEL RÍO CABRERA, Juan Antonio, “Los cuentos folklóricos en la provincia de Cádiz”, en Demófilo nº 24 (1997), pp. 67-83; DEL RÍO CABRERA, Juan Antonio, “Sammlungen und Vermutungen”, en Fabula nº 39 (1 / 2) (1998), pp. 104-106; DEL RÍO CABRERA, Juan Antonio, “La Metafolklore Idea: el sistema de los géneros más allá de la polaridad etic/emic”, en Revista de Investigaciones Folclóricas  nº 14 (1999), pp. 56-64.

[12] PITT-RIVERS, Julian, “Un pueblo de la sierra: Grazalema”, Colección Alianza Universidad, Editorial Alianza, Madrid 1994 (1954), p. 44.

[13] Cinta de La Puebla de Cazalla 1, 2ª cara. 23-VII-2002.

[14] Cinta de Morón de la Frontera 1, 2ª cara. 23-X-2002. Su procedencia puede estar en una obra de teatro inédita de Salvador Cabello sobre la que no me han proporcionado más referencias. También aparece esta expresión en una letra de Moreno Galván que no por casualidad cierra, junto a un plano de Andalucía y al escudo de La Puebla, uno de los folletos editados para dar publicidad a las Reuniones de Cante Jondo:

 

“La Colegía tiene Osuna

Y Morón, castillo y gallo,

Y La Puebla por ser hembra:

Azúcar, canela y clavo”.

.

[15] Cinta de Morón de la Frontera 1, 2ª cara. 23-X-2002.

[16] Anónimo, “Insultos en el diario ABC”, en La Puebla al día (Febrero de 1999), p. 12, s/n. Transcribo este artículo sin corregirlo, como hago con todos los documentos que cito en esta publicación salvo en los casos de graves errores ortográficos.

[17] “Sistema de información multiterritorial de Andalucía”, Edición Electrónica, Versión 7.2002.103, Instituto de Estadística de Andalucía 2002, s/l,.

[18] Hay que contar aparte las tierras de José y Carmen Benjumea Taravillo, cuya superficie no consta, pero cuyo líquido imponible era muy superior al de todas las tierras de los herederos de Eugenio Benjumea.

 

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[19] Archivo Municipal de La Puebla de Cazalla, Secretaría General, Padrones y Censos. Estadística, leg. nº 92, doc. nº 1. Todas las citas de documentos del Archivo que aparecen en este artículo proceden de  GUTIÉRREZ NÚÑEZ, Francisco Javier y CABELLO NÚÑEZ, José, “Trabajo de documentación. Seminario “II República y Guerra Civil en el sur de Sevilla” (La Puebla de Cazalla)” (inédito) 2001, Dos vols.,  s/p.

[20] Archivo Municipal de La Puebla de Cazalla, Servicios, Agricultura, Expedientes y documentos de Agricultura (1907-1944), leg. nº 217, doc. nº 19.

[21] Archivo Municipal de La Puebla de Cazalla, Secretaría General, Padrones y Censos. Estadística, leg. nº 92, doc. nº 1.

[22] Sistema de información multiterritorial de Andalucía”, Edición Electrónica, Versión 7.2002.103, Instituto de Estadística de Andalucía 2002, s/l.

[23] Entrevista realizada el 20-2-2001 por GUTIÉRREZ NÚÑEZ, Francisco Javier y CABELLO NÚÑEZ, José para el Seminario “II República y Guerra Civil en el sur de Sevilla” (La Puebla de Cazalla)” (inédito), 2001, s/p.

[24] El mismo Ayuntamiento llegó a comprar armas o a venderlas a particulares, a pesar de no estar autorizado para ello. Véase Archivo Municipal de La Puebla de Cazalla, Sección Gobierno, Actas Capitulares, Libro 13 (11-4-1935 a 4-12-1936), Sesión 26-10-1935.

 

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