La Sierra Sur

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Conforme nos desplazamos hacia el sur, vemos como aparecen los primeros mantos de corrimiento, las primeras elevaciones testigo mudo de pasados procesos geológicos que nos avanzan que se va ha producir el cambio del suave paisaje campiñés al agreste y a veces anárquico paisaje serrano. Poco a poco estas sierras que destacan entre las cercanas lomas, dejan de estar aisladas y se presentan como un continuo encadenado, una serie coordinada de formaciones serranas, que son a su vez suave preámbulo del resto de formaciones Béticas que muestran su acentuada, robusta y profunda estructura en el hondo horizonte que se aprecia en los días claros.
 
Este trasiego de lo que conocemos como Campiña hacia la Serranía es progresivo. Los usos agrícolas se resisten a desaparecer a pesar de la incipiente pendiente, y aún en nuestro recorrido por la Sierra Sur son los olivares y los campos de cereales mecidos por el viento los que pueden describirse como acompañantes en gran parte de nuestro camino, camino en el que también comienzan a asomar algunos encinares adehesados que tapizan las zonas de mayor elevación mostrando retales de lo que fue anteriormente la vegetación natural que predominaba en esta zona. La pérdida de capacidad agrícola de los suelos va marcando el cambio hacia una mayor abundancia de las formaciones naturales. Formaciones naturales que aún perduran en un mejor estado de conservación en las mayores estructuras serranas de todo el complejo, estructuras que constituyen la Sierra Suroeste Sevillana.
 
Son en estos enclaves donde apreciamos la auténtica belleza de numerosos parajes que aún conservan el encanto de lo agreste, la atracción de lo natural, lugares en los que la frondosidad de la vegetación mediterránea se mezcla con la fría pero artística geología caliza de los puntos más elevados, en contraste con la rica profundidad de los valles excavados por el cristalino discurrir de los ríos; ríos que fluyen serpenteando sus brazos de vida por estos territorios. Gracias a esta fastuosa diversidad geológica, orográfica y por ende paisajística, se generan multitud de hábitats naturales que acogen a numerosas poblaciones y comunidades faunísticas que encuentran lugares apropiados para su supervivencia y desarrollo.
 
En nuestros paseos con la clara luz de la mañana, deleitando nuestra vista sobre cualquier monte o valle de estas sierras, podemos descubrir que el modesto color verde posee una gran gama de matices, escondiéndose tras cada tonalidad o matiz una especie diferente del rico bosque y sotobosque mediterráneos formando un bello tapiz cromático, tapiz que si nos detenemos y miramos con más detalle está a su vez formado de otras muchas tonalidades, muestra de la elevada diversidad vegetal que aún alberga estas sierras.
 
La Sierra Sur Sevillana que nos ocupa, está constituida por los territorios de Morón de la Frontera, La Puebla de Cazalla, Montellano, Coripe y Pruna, municipios de marcado carácter que se funden en la belleza de los territorios donde se enclavan. Es precisamente esa transformación del paisaje llano de la Campiña en el cada vez más acentuado relieve de la serranía, la que conforma la valía del conjunto, enriqueciéndose unos con los otros y dotando de personalidad propia a la suma de ambas unidades.
 
Las sierras de Espartero, San Pablo, Coripe, El Tablón, San Juan, El Pinalejo… y la propia Vía Verde como eje vertebrador de todo el conjunto, constituyen auténticos núcleos donde la diversidad florística y faunística puede conservarse, mantenerse y evolucionar, proporcionando la posibilidad de que gracias a la acción de los cursos fluviales que la surcan (los ríos Guadalete, Guadalmanil, Guadalporcún, Guadaira y Corbones), se interconecten funcionalmente con otros ecosistemas en regresión o ecosistemas degradados evitando o imposibilitando la pérdida de la estructura y funcionamiento ecológicos por completo de estos hábitats que se encuentran sometidos a mayores impactos negativos.
 
Por tanto, entre los múltiples valores naturales, culturales o turísticos que debe tener para nosotros la existencia y conservación de estos enclaves, hemos de ser conscientes de que cumplen una importante función como reductos o reservorios de una biodiversidad bastante diezmada en otras áreas que aunque muy próximas han perdido parte de su valor natural.
 
Es el cambio de altitud del territorio, el que va marcando el abandono de la Campiña y la aproximación a las zonas serranas. Esta progresiva transformación del paisaje se va haciendo patente a partir de una banda que desde el suroeste de la comarca, coincidiendo prácticamente con la mitad sur del término de Montellano, va discurriendo hacia el noreste, atravesando el término municipal de Morón de la Frontera, hasta alcanzar el tercio superior del término de La Puebla de Cazalla donde toma una orientación este. En esta banda, se produce un cambio en la altitud general, que pasa a ser de unos 100-200 metros de media a 200-300 metros siguiendo este ascenso paulatino conforme nos adentramos hacia el sureste.
 
Este aumento de altitud es indicativo de las nuevas formas del relieve que comienzan a aparecer como consecuencia de los plegamientos alpinos que levantaron los orógenos de la subbética cuya datación geológica predominante corresponde al Triásico, y en el que abundan las margas yesíferas junto a otras zonas de margocalizas del terciario con calizas del jurásico ya en áreas más concretas.
 
Los usos que del suelo se realizan, se adaptan a las nuevas condiciones morfológicas y estructurales lo que se traduce en un predominio de los usos forestales y dehesas, fundamentalmente en los términos de Coripe, porción oeste del término municipal de Morón, sur del término de La Puebla de Cazalla, zonas centro y oeste del término de Montellano y las zonas no ocupadas por olivares del término municipal de Pruna. Las áreas en las que se reflejan estos usos se corresponden con sierras de particular interés ecológico y ambiental: Sierra de Esparteros, Sierra de San Juan, Sierra de Montellano, Sierras de Coripe, Vaquera y Zaframagón y la Sierra del Tablón fundamentalmente.
 
Asociadas a la gran variedad de hábitats que generan las formaciones geológicas y vegetales aparecen gran cantidad de poblaciones faunísticas, cuya importancia y distribución se identifica en gran medida con el estado de conservación de los distintos parajes, es decir, con su grado de naturalidad. Por ello no es raro encontrarnos con multitud de tipos de animales: aves, que desde los vistosos abejarucos y abubillas hasta los majestuosos buitres leonados y distintos tipos de águilas pueden acompañarnos en nuestro recorrido. Mamíferos como liebres, cabras montesas, tejones, erizos, conejos, meloncillos o zorros que pueden ser sorprendidos en sus habituales comportamientos antes de que inicien su huida. Al igual que numerosos reptiles como los llamativos lagartos (el ocelado o el lagarto verde), culebras o diversas lagartijas que también podemos avistar con algo de suerte. Sin olvidarnos de la multitud de invertebrados, algunos de los cuales nos asombran por su frágil belleza como las distintas especies de mariposas que podemos encontrarnos.
 
En nuestro paseo, vamos a ir describiendo éstas y otras especies animales, especies que enmarcaremos dentro de los distintos paisajes, de los diversos entornos que por su relevancia vamos a distinguir en nuestro recorrido para facilitarnos nuestra orientación, nuestra visión del conjunto del complejo serrano.

 

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