Los Caleros

Una tradición artesanal

calero

 

La comarca y en concreta la zona correspondiente a la Sierra, se caracteriza por una importante tradición en el oficio de caleros. Se tiene constancia de hornos de cal en varias localidades como Montellano (caleras en la carretera de la Sierra) y Arahal pero la única localidad que aún conserva su actividad “viva” es Morón de la Frontera y en concreto en “las caleras de la Sierra de Montegil”, puesto que en “las Caleras del Prado” situadas en la carretera de Marchena-Morón y en la carretera de la Sierra de Montellano, donde también existe caleras, esta actividad ya ha desaparecido.

Por su tradición artesanal, la cal y el oficio de calero forman parte de las señas de identidad y de los elementos simbólicos recurrentes en los discursos de identificación local. Un referente patrimonial de indudable valor material e inmaterial no solo para Morón sino para toda nuestra cultura andaluza puesto que ha sido empleada tanto para blanquear o encalar nuestras edificaciones sobre todo para las fiestas y darles su característica policromía como por motivos de higiene y para cubrir materiales pobres.

Históricamente, la cal de Morón de la Frontera, ha sido una de más prestigiosas en la comarca, tanto por la cantidad elaborada como su gran calidad; consecuentemente para la población, la actividad de calero ha sido una de la más importantes. Así lo indica Madoz en su Diccionario “… las canteras de cal y yeso son tan comunes, que casi todo el terreno corresponde a esta formación… de ella se extrae la mejor cal que hay sin duda en toda España” 85 y así lo manifiesta también la existencia de un poblado en “las caleras de la Sierra” con un importante número de viviendas donde residían en 1950 hasta 1924 personas.

 

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La cal es el resultado de la cocción de la piedra caliza a una elevada temperatura y para ello se necesita un horno y unos maestros artesanos que hayan adquirido la cultura y los saberes necesarios para ello,generalmente, por transmisión familiar. El conjunto de hornos se sitúa en la falda de la sierra y orientados en dirección a los vientos dominantes de la zona. Se aprovecha un desnivel de alguna loma para situar el horno o puerta por donde se introduce el combustible en la parte inferior, y las “volcaneras” o zonas por las que se introduce la piedra para el armado del horno, en la parte superior.

Para conocer el proceso de elaboración presentamos a continuación las técnicas del trabajo y los procedimientos empleados que desde el pasado han permanecido hasta la actualidad con un carácter netamente artesanal.

La extracción de la piedra caliza de las canteras de la Sierra de Espartero o Montegil. Se utilizan técnicas muy tradicionales como la escalada por la pared de caliza y hacer palanca con la “barra” de hierro para que salte la piedra una vez descarnada de la veta de la cantera. En el pasado, las piedras extraídas se recogían en una espuerta para ser transportadas a un carro tirado por mulos -en la actualidad, vehículo de tracción mecánica- y de éste se trasladaba al horno que solía estar situado junto a la cantera para facilitar el transporte de la piedra.

El armado del horno y los preparativos para la cocción. Consiste en colocar las piedras calizas de una forma determinada dentro de la estructura del horno. La construcción de la cúpula de piedra que soporta el peso de toda la carga de piedra es una labor muy importante y de la que dependerá todo el proceso. El calero va colocando cada piedra “a hueso” es decir sin cemento asentando una sobre otra de manera que evite el hundimiento de la estructura. Se comienza por las más grandes y se colocan sobre el “poyo” (resalte del interior de las paredes del horno a tres o cuatro metros del suelo); posteriormente, y por aproximación de hiladas, se termina con las restantes.

Como material de fijación de las piedras se cubre el horno con barro y agua para que actúe como cemento y así evitar la pérdida de calor. Para todo este proceso se emplean como herramientas el rastrillo, la pala, el azadón, la espuerta y el martillo.
La cocción. La caldera se sitúa por debajo del poyo y debe de estar limpia. Se introduce en él la leña o cualquier combustible y se deja cocer. El período de cocción era el verano por el buen tiempo y por la disponibilidad de tiempo ante la parada de la actividad agrícola.

El desmonte del horno para recoger la cal elaborada se hace una vez frío, es decir, pasadas al menos veinticuatro horas y sigue un proceso inverso al armado del horno. Las piedras se van extrayendo con las espuertas, un calero dentro llevando y otro fuera sacando la carga. Utilizan guantes de cuero en esta operación y se pueden turnar en el interior del horno para poder sobrellevar el calor y las emanaciones de gases producidos por la combustión.

En el pasado, el transporte de la cal hacia los puntos de venta se realizaba con asnos y mulos, para vender la cal en los pueblos. La que se almacenaba se guardaba en bidones y se tapaba para que la cal no perdiera propiedades.

En la actualidad, es un oficio en claro proceso de desaparición, en vías de extinción si no se actúa desde iniciativas privadas o públicas.

 

Fuente: Patrimonio Etnológico y Actividades Tradicionales en la Serranía Suroeste Sevillana. (Ed. Asociación Serranía Suroeste Sevillana, Grupo de Desarrollo Rural).

Texto de María Luisa Melero Melero. Fotografía Tres Fotógrafos.

 

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