Madroño

Nuestra flora | Por José Pérez Dávila

Madroño
Nuestra flora, una sección de José Pérez Dávila

Familia: Ericáceas.

Nombre: Arbutus unedo L. (Madroño). Arbutus significa arbolillo, también áspero y nudos; viene del latín «arbor» y del céltico «arbois» que significa fruto granuloso —por la superficie de su fruto—, y «Unedo» de comer uno, «comer solo uno», por su fama de emborrachar —sobre todo cuando los frutos están maduros— por el alcohol que contiene.

Origen: Mediterráneo.

Descripción: Arbusto de hasta 3 m, con ramas jóvenes rojiza y peluda. Hojas alternas de color verde brillante, de contorno oval lanceolado y con el borde dentado. Flores en racimos blancas con el extremo verde-amarillento. Los frutos son gruesas bayas esféricas y colgantes que pasan del anaranjado al rojo.

Florece en otoño e invierno y fructifica en la misma época de las flores del año anterior.

 

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Fruto del madroño.

 

Exigencias: Tolera bien la cal y prefiere los sitios cálidos, soleados o en penumbra. Son difíciles de trasplantar, por ello se recomienda su cultivo por semillas; éstas se recogen entre septiembre y diciembre. Son muy sensibles a las heladas.

Usos: Sus frutos son muy buenos de comer, pero si están muy maduros sus azúcares fermentan convirtiéndose en alcohol, pues puede contener más de un 20 % de alcohol, de ahí su fama de emborrachar y producir dolor de cabeza. Es una planta melífera o sea que es buscada por las abejas debido a la gran cantidad de azúcares que contiene.

En tiempos se obtenía azúcar de esta planta.

Sus hojas y cortezas contienen taninos y se emplean para curtir pieles.

Con sus frutos se han fabricado vinagres y aguardientes así como mermeladas y dulces.

Su madera es un buen combustible y produce un carbón de buena calidad.

La madera es pesada, fuerte, de grano fino, elástica y fácil para ser elaborada; es  apta para tornear pero no es muy duradera, se utiliza en marquetería y ebanistería.

Se emplea en mangos de herramientas y postes. En los Estados Unidos se fabrican arcos con ella.

Los antiguos griegos elaboraban flautas con su madera.

Con sus ramas se han fabricado cestas.

Con sus frutos fermentados se prepara el vino de madroño y licores de frutas como el Don Hilarión.

En Argelia, Córcega y otros lugares se fabrica un brandy de madroño.

También se preparan algunos jarabes refrescantes.

En Libia utilizan sus raíces para teñir de rojo las pieles.

En Portugal es popular preparar de forma casera aguardiente de madroño.

Hoy se usa en parques y jardines como ornamental.

En Alicante se fabrica el «licor de madroño».

Propiedades medicinales: sus hojas cocidas actúan como diurético y antiséptico de las vías urinarias.

Sus hojas, frutos y cortezas tienen propiedades hipoglucemiantes, hipocolesteremiantes, depurativas de la sangre y anti infecciosas.

La corteza se ha utilizado en medicina natural como  astringente y diurético renal.

En grandes dosis puede provocar efectos narcóticos, vómitos y diarreas.

Se ha usado para combatir la disentería, prostatitis, incontinencia urinaria, cistitis, gonorrea y leucorrea.

Tónico y estimulante.

Según el doctor Andrés de Laguna, «el fruto del madroño hincha de ventosidades el vientre y produce gran dolor de cabeza».

Según Dioscórides, su fruto se puede comparar con las cortesanas de Roma, que presentan una apariencia muy bella exteriormente y después, en su interior, contienen el mal francés (sífilis).

 

 

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Madroño en el Hospital de Morón.

 

Componentes: Su corteza contiene hasta un 45 % de tanino.

Su fruto un 20 % de azucares por lo que fue llamado como el árbol del azúcar, ácido málico y pectina.

Sus hojas contienen un glucósido llamado unedósido, también droquinona y sacarosa, etc.

Principios activos: Arbusterina, ácido gálico y gaulterina.

Las semillas tienen elevadas concentraciones de aceite graso.

 

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Historia: Los romanos lo consideraban un árbol sagrado y colocaban sus ramas sobre los ataúdes.

En la antigua Roma los plantaban en sus jardines. Horacio lo alababa por su sombra y Ovidio por sus frutos. Virgilio recomendaba la fabricación de cestos con sus ramas.

Según Umdat al-tabib, «con sus frutos se fabrica un vinagre fuerte de color rojo en los reinos cristianos del norte».

En el siglo XVIII los pajareros utilizaban sus semillas como gomas para atrapar pájaros.

En otros tiempos se obtenía azúcar de sus frutos, por lo que en algunas regiones se le llamó el árbol del azúcar.

Está presente en el escudo de Madrid junto al oso, pero no se encuentra en esa zona de forma espontánea por lo que no está muy claro por qué figura en el escudo.

En el siglo XIII, Alfonso VIII concedió a los madrileños un fuero que les permitía disfrutar de las tierras de su vecindad y al mismo tiempo comenzó un litigio entre el Cabildo y el Consejo por la posesión de ciertas tierras, pies de árboles, etc. Tras veinte años de pleitos, en 1222 se acordó que a la Iglesia correspondían las tierras y al Consejo los árboles, por lo que se representó en el escudo un oso apoyado sobre un madroño indicando la posesión de los arboles por la ciudad.

Leyendas y tradiciones: En el lenguaje de las flores significa fama.

Los romanos lo tenían dedicado a la ninfa Cardea o Carna, amante de Jano Bifronte, que protegía el umbral de la casa.

En el norte de África lo usan para alejar a los demonios, y utilizan las ramas del madroño en rituales de exorcismo.

Según una leyenda, el madroño nació de la sangre del gigante Gerión, que fue vencido por Heracles.

En algunos países islámicos le cuelgan trapos para quitarle a su dueño las enfermedades y maldiciones y así pasárselas al árbol. Son los llamados árboles santos o morabitos.

Sus hojas se consideraron antaño un remedio eficaz contra la peste. El agua destilada de las hojas, mezcladas con polvos del hueso del corazón del ciervo, se daba a beber a los apestados y sanaban.

Antonio Mingote en su libro Historia de Madrid dice: «el oso, primitivo habitante del país, abrazado a un árbol para impedir que venga un concejal y lo corte».

 

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Madroño en los Jardines de la Carrera, Morón.

 

Localización: En los Jardines de la Carrera, en Morón, existían dos madroños. Cuando se realizaron las obras de estos jardines se secó uno de ellos, por lo que en la actualidad solo queda un solitario madroño esperando a su compañero.

 

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