Manuel Cortés o la excelencia detrás de la barra

De frente y de perfil | Eduardo J. Pastor

Manolo Cortés o la excelencia detrás de la barra.

En mi casa siempre he escuchado su nombre entre la admiración y el cariño. La Cafetería de Manolo, se decía, y el rato se llenaba de excelencia y calidad premium, que se diría hoy.

Era escuchar su nombre y los días de fiesta de mi infancia se deslizan entre la sala de prensa del Casino y las sillas de colores junto a la Plaza de los Patos.

Y es que Manuel Cortés Galindo supo poner al servicio del cliente la excelencia de la barra y la cocina. Bajo su ordeno y mando todo fluía de forma natural: la tapa de mechada, la media ración de calamares, la cerveza bien tirada, el café supremo, la conversación precisa, el dulce de nata, el batido helado con el remate justo, la copa exacta en el vaso transparente y el hielo perfecto.

Sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, Manolo se arremangó y se fue a Alemania a buscarse los cuartos. Y se agenció un camión y de él vivió su tiempo, llevando y trayendo encargos, comiéndose los kilómetros, teniendo parada en el Altillo de Arahal junto a la taberna de El Gordo.

 

Casino de Paradas

 

Porque Manolo fue un adelantado a su tiempo. Adelantado porque le dio la vuelta como a un calcetín a la barra del Casino de Paradas, que lo cogió cuando las calles del pueblo empezaban ya a desperezarse de los años de la posguerra, y cambió el cuarteño de vino por el vaso de whisky. Y abrió la Cafetería, referente de cualquier bar de copas que se preciase en toda la campiña y sancta sanctorum del cubata bien servido y mejor atendido. La moqueta, la música de calidad, la caoba de la barra, el ambiente culto…

Manolo, de cuyas manos salieron mis primeras copas y mis primeras cañas domingueras, fue un adelantado porque supo unir lo clásico y lo moderno, lo añejo y lo que estaba por venir, la experiencia de lo sufrido y el ojalá de lo bueno que tiene que venir. Un adelantado que sigue perfectamente vigente pues de sus formas y sus modos bebieron y comieron el Zabuco, el Manicomio y la nueva Cafetería Loren´s, que empieza ahora una andadura nueva con las enseñanzas del eterno Manolo en la memoria.

 

Eduardo J. Pastor.

 

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Gran Café Central

 

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