«Lo que no se comunica no existe»
Gabriel García Márquez

Máster

Los micromonólogos de la boquita prestada | Antonio M. Morales

 

Guzmán de Alfarache soy, iletrado y cerril. Con afilada lengua pretendo desquitarme del martirio que me dieron aquellos que juzgaban mi pendencia desde el balcón pretencioso de su fingida sabiduría: necios de rancio abolengo con más impostura que papeles. Díganme ustedes qué pecado es no saber: qué delito cometí por tener que procurarme el bodigo diario y no encontrar tiempo para aprender a juntar una letra con la otra.

Riéronse mucho el alguacil y el escribano cuando les conté que un editor del futuro nos encargó a los personajes más importantes de la literatura que opinásemos sobre la actualidad del siglo XXI. No daban crédito y pensaron incluso hacerme una sangría para arreglar los pájaros de mi cabeza, pero al fin mi insistencia les hizo marchar por donde habían venido y me dejaron continuar escribiendo con este grosero estilo: porque no olviden que he comenzado diciendo que este que escribe es iletrado, y no pasa vergüenza alguna por confesar sus faltas.

Y ese es el tema que me ocupa: los ruines políticos que mienten amparados por bonete y jubón de terciopelo con el semblante ufano y la panza abultada de tanto ser bendecida con los públicos maravedíes con que agrandan el hambre del pobre.

¿Hace falta que le repita que soy un iletrado, Señor Casado? ¿Hace falta que se lo recuerde a usted, Señora Montón? ¿Quiere usted oírmelo decir de propia boca, Señora Cifuentes? Pues no he de escatimar una sola ocasión para repetirlo: soy un iletrado. Y no me ha sido preciso fingirme una eminencia para sentirme dueño de la mayor de las titulaciones posibles: la honradez.

¿Acaso desconocen el infierno de aquellos estudiantes que a fuerza de pegarse patadas en el culo en las barras inmundas de la noche _ donde ebrios de vanidad ustedes hacen vasto el universo de su palabrería_ consiguen pagar con el sudor de su frente la soldada impuesta por las mismas universidades públicas donde a ustedes os regalaron los títulos? ¿Qué bulas os fueron concedidas, políticos infames, para salir indemnes  tras escupir en la cara de nuestros jóvenes? ¿Qué poder os otorga ese púlpito desde el que os dirigís a la masa sin que se os caiga al suelo la cara de vergüenza, miserables?

He de deciros algo más: bien conocidas son mis andanzas, y aunque es público y notorio que el hambre del pasado me ha dejado el pellejo pegado al esqueleto, hoy os puedo contar que en mi mesa no faltan longanizas y que no preciso ni jamás precisé vuestras migajas. ¿Y sabéis cómo lo he conseguido? Pues os lo voy a decir yo: con el sudor de mi frente y con estas manos encalladas que hoy os señalan, compradores de másteres, mercaderes de infamias, con más palomino en los calzones que verdad en el currículum.

 

Antonio M. Morales.

 

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