Mi reino por una croqueta de Casa Paca

Memorias del destierro | Raúl Cortés

Casa Paca Foto de Fidel Meneses

Dicen los calendarios –esos mapas que en vano intentan abarcar el tiempo– que ha pasado un año y medio desde que dejé España, calavera y escapulario. Demasiados meses alejado de esa parroquia donde rezo al dios de los amigos, llamada Casa Paca.

Es sitio tan cervantino que la ventera y el ventero, mientras café y tostada danzan, aún nombran caballeros a la vieja usanza. No en vano, tiene Casa Paca su Alonso, cómo negar que Quijano, que allí hace el primer alto en el camino cada mañana y, sobre una esquina de la barra, dibuja ruedas de molinos que no comulgan con gigantes ni con marianos; mientras en la otra esquina toca las palmas, hechuras de portento, un acordeón flamenco y gregoriano.

 

2016-11-juan-y-paqui-de-casa-paca-foto-de-fidel-meneses

 

Otros días Casa Paca se pone más estupenda y le nace un gesto como de taberna, donde Picalagartos sirve el vino. En esas jornadas, por allí transita un bululú mitad Max Estrella mitad Don Latino, ¡qué esperpento de Don Juan que cuando no me odia, me quiere matar…! Yo, en cambio, le debo una obra, un abrazo y, siempre, mi lealtad.

Y al caer la tarde en ese segundo Café Gijón, gasta tertulia y bondades el Valle Inclán de Morón, un sublime juntaletras que, buscando en las ciénagas, perlas, encontró al que hace camino al andar. ¿Qué tendrá este bohemio que va cosechando logros, que va recogiendo premios y todos son del gordo? Y entre tantos insignes canallas, no podían faltar los editores de El Buey Apis, esa casa de acogida en la atalaya que me ha ofrecido plato, techo, papel y lápiz.

Y en domingos sin misales, un Arquímedes anacoreta cambia los principios por finales y, renegando de los eurekas, vaticina la revolución de los iguales con los números que garabatea en las servilletas. Y aunque hay quien frunce el ceño al escuchar sus teorías, él, sin economía de sueños, ha jurado por su Betis que dice la verdad el tarot de la rebeldía.

 

Casa Paca interior. Fotografía de Fidel Meneses.

 

Y si, además de rojinegra, la tarde es legendaria, aparece un Carlo bien Magno con un huerto en las manos y el olivar a la espalda. Y hasta una prima mía, flor y abeja a un tiempo, por allí se dejará caer con su alegría curalamentos, que no hay sonrisa más bonita para un atardecer, ni para acabar este cuento.

Esta es la gente que habita los mundos de Casa Paca, gente irreal que invita a otra a ilustres fantasmas: Durruti, Julio Vélez, Galeano y alguno más. Todos caben en la trinchera, y mira que es discreto el lugar, que sueñan cada día el ventero y la ventera, libertaria trinidad…

Ya llego compañeros, que no hay destierro que cien años dure ni cuerpo que lo pueda aguantar. Ya llego, la próxima la pago yo. Brindemos porque, a pesar de tanto invierno, aún calienta el sol en la copa de la amistad.

 

Raúl Cortés / Fototografías de Fidel Meneses.

 

One thought on “Mi reino por una croqueta de Casa Paca

  1. La croqueta, delicioso manjar, qué mejor crónica para este lugar. Personajes entre flores y miel, ¡más me gustaría a mí encontrarlos entre la bechamel!

    Un recuerdo y un anhelo muy bien ilustrados.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *