Mila Guerrero escribe sobre la presentación de «La ciénaga» de Antonio M. Morales

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Un Teatro Oriente abarrotado de caras amigas acogió con alegría y abrazos la vuelta de Almazara Teatro, de la mano de la obra de Antonio Morales, «La ciénaga» (Ediciones Irreverentes, 2015).

Nos preparó Isabel Zamudio, con su dulzura, el camino a recorrer, sin olvidar el que en otros tiempos anduvimos, con el Teatro Oriente como sueño, y la palabra como su mejor bandera.

Nos recordó José María Mármol que sin la palabra hecha obra de Antonio aún seguiría sumido en los abismos del silencio.

 

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Isabel Zamudio, Antonio M. Morales y José Mª Mármol.

 

Y llegó Antonio para decirnos que solo no se recorre el camino, que Isidoro Albarreal sigue vivo en nuestra memoria, igual que no ha muerto la lucha de ser alma de teatro. Que todos podemos ser, que todos somos, ciudadanos del aire que respiramos, y que la tierra que tenemos bajo las suelas no es de nadie sino nuestra.

Y luego, para nuestra emoción y deleite, la palabra de Antonio se hizo Teatro en las tablas del Oriente. Nos arrancó el odio José María Mármol, ese odio rancio malsano contra el que odia, contra el tirano, contra la incomprensión, y nos acunó Mercedes Gil con su nana; y nos vimos en los ojos del otro con la magnífica actuación de Jacobo Vega.

 

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Isabel Zamudio, Antonio M. Morales, José Mª Mármol, Jacobo Vega y Alonso Amaya.

 

Vinieron también las voces de Antonio mismo, y de Alonso Amaya, a ayudar a que no estemos nunca huecos, sino que en nuestros corazones palpiten siempre las voces de los olvidados, como latidos eternos.

Un libro valiente y bello de Antonio Morales, que veremos hacerse alto y hermoso de la mano de Almazara, y en las tablas del Teatro Oriente.

Parece, por fin, que con los años, también cumplimos sueños.

 

Mila Guerrero. Fotografías de Gabriel Giráldez.

 

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