Mirto, arrayán o murta

Nuestra flora | José Pérez Dávila

Arrayán

 
Familia: Es una planta de la familia Mirtaceas.

Nombre: El mirto, arrayán o murta es el nombre común. Myrtus communis L. el académico.

Su nombre viene del griego myrtos, de myron (perfume); del romano murtus, myrtus, emparejado con el griego myrra: mirra por su aroma. Otro de sus nombres comunes por el que fue conocido en la Edad Media es el de murta, del latín murtus, que a su vez viene del indoeuropeo mort (muerte); también de Morta, el nombre de una de las tres parcas, la encargada de cortar el hilo de la vida. Los judíos españoles, sefardíes, le nombraban como hadas, que también significaban novias.

El género es de Joseph Pitton de Tournefort aunque por motivos legales se atribuye a Linneo.

Origen: Nativa del sudeste de Europa y del norte de África.

Descripción: Arbusto o arbolito de hasta 5 m de altura, aunque lo más normal es que no supere los 1 o 2 metros, siempre verde y con un crecimiento lento. Hojas opuestas, correosas y perennes, oval-lanceoladas muy abundantes. Flores blancas, solitarias sobre pedúnculos, con cinco pétalos y con numerosos estambres, muy olorosas. Frutos azules o negros.

Florece en primavera y verano. Los frutos maduran en noviembre.

Es la única planta de esta familia original del sur de Europa; a ella pertenece también el eucalipto. Toda la planta es aromática, ya que desprende un agradable aroma al frotarla con la mano. Es en lo único que se parece a su pariente el eucalipto.

Existe otra especie, el mirto del Sáhara, aunque algunos botánicos discrepan y no creen que se trate de otra especie sino de una variedad de la misma.

Exigencias: Suele crecer en lugares soleados, a veces en la orilla de los ríos, desde el nivel del mar hasta algo más de 1.000 m. Silvestre, vive en valles y laderas mediterráneas, pero lo más normal es encontrarlo cultivado en jardines. Requiere climas suaves y prefiere los suelos frescos y algo húmedos.

 
Flor de arrayán
 

Usos: Presente desde muy antiguo en los jardines mediterráneos, tanto romanos como hispano-árabes, por lo que su cultivo es a menudo ornamental.

Alonso de Herrera lo recomienda para los jardines y claustros de monasterios.

Las hojas se han usado como sustitutas del té y para aromatizar la ropa de los armarios. Fueron utilizadas como desodorante, aplicándolas en las axilas e ingles para evitar el mal olor. Mezcladas con agua se usaban para lavarse. También las flores y frutos se usaron como desodorante, mezclándolos con cera.

Su madera proporciona una leña y un carbón muy buenos; también se ha usado para fabricar bastones, muebles, marquetería, herramientas y tornería.

De las hojas, corteza y frutos, mediante destilación, se fabrica un aceite llamado “agua de los ángeles”, utilizado en perfumería.

El jugo de sus frutos azules, se utilizaba para teñir de negro el pelo. Su fruto sirvió para la fabricar panes y bollos, como condimento en asados y compotas de frutas.

Las hojas con champú, como tónico capilar.

En el Magreb utilizan las flores y hojas reducidas a polvo como lociones capilares.

Se usa en marroquinería por su propiedad de curtiente. En Rusia y Turquía se preparan cueros con él.

Sus hojas dan un sabor especial al asado de carnes. También se preparaba antiguamente el «vino de arrayán», con propiedades aperitivas. En Córcega se obtiene un aguardiente fermentando y destilando sus frutos al que llaman «myrlei».

En algunas religiones, queman la madera del mirto como incienso. Mezclando hojas, ramas y frutos con ciprés e incienso se quemaba en conjuros.

 

PUBLICIDAD

 

Propiedades medicinales: La infusión de sus hojas se usa en cosméticos para lociones oculares y también como antiséptico y astringente.

Desde muy antiguo se conocen sus propiedades astringentes, desodorantes y anticatarrales y de su esencia balsámica, antiséptica y sedante.

En las antiguas farmacopeas lo recomendaban para cicatrizar heridas, aliviar contusiones, curar llagas y por sus propiedades astringentes, como ya se ha dicho. El fruto aplicado sobre el estómago con clara de huevo curaba el vómito. También se ha empleado en algunas enfermedades venéreas.

En Oriente utilizaban las hojas secas y trituradas en los pañales de los niños pequeños.

La ingesta de sus flores evita el mal aliento.

Dioscórides recomendaba «tomar su simiente a los que escupen sangre o tienen escozor en la vejiga, cocida y mezclada con harina alivia la inflamación de los ojos y contra las fístulas. Para remediar las menstruaciones muy abundantes. Provoca la orina, limpia la caspa y deseca las viruelas».

Andrés de Laguna nos dice que «el mirto tiene partes terrestres y frías que desecan. Que las hojas restriñen y se juntan con aceite en las zonas golpeadas. El jarabe de mirto, que llaman Myrtino sirve para calmar la sangre que sale en la tos».

Se emplea como anticatarral y antiséptico. En las afecciones pulmonares y bronquiales se toma en forma de tisana.

Su aceite esencial es antiséptico, astringente, mucolítico y desodorante. Sus hojas y frutos son estomáquicos y aromáticos.

Hoy se usa para tratar afecciones respiratorias como bronquitis, infecciones urinarias, hemorroides, heridas infectadas, úlceras, eccemas y la leucorrea (flujo vaginal).

Componentes: El mirto contiene tanino, resina y sustancias amargas. Tambien contiene: mirtenol, d-limoneno, linalol, geraniol, nerol, aldehídos, terpenos, mirtucomulonas A y B, miricetina y un glucósido, la miricitrina.

Su esencia, de olor muy agradable, está compuesta de d-a-pineno, hidrocarburo canfénico, cineol, dipenteno y mirtol.

Sus frutos contienen además ácido cítrico y málico, así como abundante tanino.

 

PUBLICIDAD
Ángela Centro de Estética
Fisioterapia Cantarranas 21 en Morón

 

Historia: Las antiguas egipcias adornaban su pelo con flores de mirto, granada y loto para las fiestas.

Los griegos coronaban a los vencedores de algunos juegos con guirnaldas de mirto en vez de laurel y también en los entierros de sus héroes. En Grecia, se coronaba de mirto a los admitidos a los misterios de Eleusis cuando se celebraban los Misterios Mayores.

En 1977 se encontró una corona de oro con forma de mirto en una tumba de Macedonia.

Las novias judías llevaban guirnaldas de mirto el día de su boda, pues era considerado un árbol de buena suerte. Los hebreos construían chozas para la fiesta de los tabernáculos con ramas de mirto y otros árboles.

Era el árbol de los lares, dioses menores protectores de las familias y casas romanas. Ovidio, en sus Fastos, nos cuenta que se utilizaban ramas de mirto para azotar a las mujeres en «las fiestas de Bona» y así aumentar su fertilidad.

Los musulmanes ibéricos fabricaban un jarabe con los frutos u hojas de arrayán, según Huici-Miranda. En el libro de Ibn Al-Awwam (Abu Zacaria, siglo XII) se cuenta como era usado su fruto machacado y mezclado con aceite para tratar el cabello.

En las justas medievales, los caballeros también llevaban flores de mirto.

Bonner nos cuenta la costumbre de los niños mallorquines de consumir sus frutos como golosinas.

Antonio de Jussieu en el siglo XVIII observó cómo, en Cartagena, vendían los frutos del mirto en los mercados, presentándolos en variedades blancas y negras.

En Valencia adornaban con sus ramas las ventanas en las fiestas, siendo uno de los himnos falleros, «l´entrá de la murta».

Es nombrado varias veces en la Biblia: Isaías, 14,19, Zacarías, 1,10-11 Nehemías 8,15.

Hoy está protegido en algunas comunidades autónomas, como en Baleares desde 1992.

 
MYRTUS-COMMUNIS-arayan-Poligono--rancho
 

Leyendas y tradiciones: En el lenguaje de las flores significa amor conyugal y compasión. Sus hojas significan timidez en el amor.

También se le consideró en otros lugares como árbol fúnebre, de muerte, pero más bien como término de una etapa, un cambio a veces traumático; por ello para Graves —aunque el mirto era un árbol de muerte— pasó a simbolizar la colonización, ya que los viajeros que se hacían a la mar llevaban ramas de mirto —como muestra de que su vida anterior había muerto y como ayuda en la navegación— para que Afrodita, diosa marítima, los protegiera.

Como ya se ha citado, para los sefardíes, tenía el mismo nombre que las novias (hadas) y simbolizaba que esas mujeres entraban en una vida nueva y representaba la muerte de la anterior.

Para los griegos era símbolo de honor y autoridad, por lo que era llevado por los jueces cuando actuaban como tales. Los griegos le atribuían muchas propiedades: Dionisos o Baco consiguió que su madre, Sémele, que había muerto por los rayos de Júpiter, volviera del inframundo Tártaro o Hades, pero tuvo que dejar allí un mirto a Perséfone para que la dejara salir.

Fedra observaba enamorada a su hijastro Hipólito, en el templo de Trecén, dedicado a Afrodita, y como se encontraba despechada por ese amor imposible se entretuvo en agujerear con un alfiler las hojas del mirto; por ello presentan puntos claros en sus hojas donde se encuentran sus esencias.

La diosa Palas Atenea mató a la ninfa Myrrsine por haberla vencido en una carrera. Del cuerpo de la ninfa creció el mirto y la diosa, arrepentida, protegió a esta planta.

La diosa Afrodita, encontrándose al sur del Peloponeso, sintió vergüenza por su desnudez al ser observada por sátiros al salir del baño; se ocultó tras un seto de mirto al que consideró desde entonces su planta favorita y le concedió como premio su perfume. Por ello fue utilizado en ritos de magia erótica y era plantado en las puertas de los templos romanos de Venus (Afrodita de los griegos).

Los romanos lo tenían como árbol erótico y por ello estaba prohibido colocar ramas de mirto en algunos lugares, porque su sola presencia —creían que sus hojas exhalaban efluvios excitantes— suponía que incitaba al sexo.

En las fiestas de Mirra, madre de Adonis cuyo padre era Teseo, las mujeres lucían flores de mirto en sus cabezas.

 

PUBLICIDAD
Gran Café Central

 

En la mitología romana la diosa Bona Dea era enemiga del mirto debido a que había sido flagelada con ramas de este árbol por su padre, por haberlo rechazado cuando intentó abusar sexualmente de ella.

Para los persas era una planta dedicada su dios Ahura-Mazda.

Plinio nos cuenta que Rómulo, el fundador de Roma junto a su hermano Remo, plantó dos mirtos, uno para los nobles y otro para los plebeyos, y estos florecían o se marchitaban alternativamente según les fuera políticamente bien o mal a unos u otros. ¡Estaba atribuyendo a estos árboles la capacidad de captar los desánimos o euforias de los romanos!.

En los últimos años, investigaciones de varias universidades —como la de Florencia— por el catedrático Stefano Mancuso; la Universidad de Bonn, en Alemania; Departamento de Ecología Molecular del Instituto Max Planck, en la Universidad Ben-Gurión de Israel y otras de Canadá y Australia están demostrando cómo las plantas son capaces de captar los estados de ánimo de las personas que los rodean.

Se cree que el agua con hojas de mirto es afrodisiaca.

Los primeros cristianos lo consideraron símbolo de pureza y fidelidad, coronando a los nuevos cristianos y representando a la Virgen con una rama por su virginidad.

Según Ramírez, llevando mirto en la mano el caminante se cansa menos.

Alonso de Herrera nos cuenta que «sus hojas con vino blanco evitaban la caída del cabello y que su aceite los hace más largas y negros. Con las hojas en baños, adelgaza las piernas, aprieta las carnes y le dan buen olor».

Se han utilizado para fabricar amuletos y conservar el amor; también fue símbolo de resurrección.

En la Edad Media y hasta el siglo XIX se quemaban ramas de mirto con ciprés en la hoguera y creían que su olor atraía a los espíritus.

Los musulmanes, en su tradición, dicen que el mirto fue uno de los elementos puros traídos por Adán del Jardín del Edén.

Se creía que los vapores de una infusión de mirto curaban la jaqueca si entraban por la boca, debido a que era producida por los demonios que entraban por la boca y se instalaban en el cerebro.

 
Arrayán en La Carrera
 

El poeta inglés John Milton en su obra El Paraíso perdido presenta el Edén con abundantes arbustos de mirto, bajo los cuales gozaban Adán y Eva. Y mientras ésta se entretenía cogiendo flores de mirto se encontró con la serpiente que la invitó a probar el fruto del árbol del bien y del mal.

Nada mejor que acabar este artículo sobre el mirto con su símbolo de final de alguna etapa.

Localización: En Morón tenemos mirtos en casi todos los jardines, por ser un arbusto muy vistoso, aromático y que necesita pocos cuidados.

Es mundialmente conocido el Patio de los Arrayanes de la Alhambra de Granada.

 
José Pérez Dávila.
 

PUBLICIDAD
Soberbio La Puebla de Cazalla

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *