Mis primeras lecturas fueron en un patio soleado

Peccata mundi | José A. Illanes

Limonero-de-Ignacio-Muñoz

De pequeño siempre oí decir en casa que el día de mi nacimiento sonaron las campanas. El 17 de mayo de 1962, justo cuando yo nacía, la romería de san Isidro Labrador se estrenaba en mi pueblo.

Campanas, alegría, peregrinación, palmas, oraciones… Los augurios eran favorables, parecían vaticinar la propensión del recién nacido por las fiestas, los campanarios, los caminos, las oraciones… Nada, puros vaticinios.

Nací además con el saco amniótico intacto, o sea, enmantillado, un caso entre cien mil, según los peritos en partos. Más buenos augurios. De haber nacido en otra época y lugar hoy sería hechicero de tribu, juez de aldea o incluso jefe de clan, y no escritor, que en España es una profesión muy mal pagada.

 

Illanes-de-niño

 

Es creencia nuestra que los niños nacidos así «nunca morirán ahogados ni por bala», que diría Bargés, y con razón, pues a mi edad ni sé nadar ni disparar. Ni admito que me disparen. Jamás he subido a un barco ni subiré, y soy un pacifista radical. Si hay una guerra no cuenten conmigo, aunque me guste escribir sobre ellas.

En cambio, rehúyo las escandaleras y los saraos pero si se tercia seré el último en salir. Soy más de vagabundear por el silencio, que es la frontera entre lo real y lo imaginario.

Antes que en un restaurante fino comería a la sombra de una higuera: un trozo de queso viejo, una hogaza de pan blanco, una bota de vino, un cigarro, un revuelo de tordos que batan las alas allá en la lejanía, en la frontera del tiempo.

 

Cooperativa-Montellano

 

Soy un tanto rústico, lo confieso, y mi territorio es corto; más allá de las lindes de mi pueblo, para mí todo es mundo, todo es gente, todo es nación, de lo que pueden colegir que me sobran las banderas, las fronteras, los himnos y todas las gilipolleces que se han inventado para echarnos a pelear.

Esta llaneza de costumbres me viene de la infancia, pueden estar seguros. Yo crecí sin figura paterna. Me criaron mi madre, cuatro tías solteras y mi abuela, en una casa de pueblo, grande, con paredones de piedra y cal, vigas de madera y solería verde mar.

Mis primeras lecturas fueron en un patio soleado, a la sombra de un limonero y de un níspero donde los gorriones entonaban guirigais vespertinos, entre arrayanes, aspidistras, jazmines…

Y mujeres que me trataban con cariño, jaleaban mi imaginación y me adoctrinaban en las simplezas de la felicidad. Por la noche subía a la azotea a ver las estrellas, les ponía nombres inventados y con alguna llegué a entablar una amistad sincera que aún perdura. Igual que con algunas personas.

 

José Antonio Illanes.

Imagen de cabecera: Ignacio Muñoz Cano (1974, Murcia).

 

Casa-Viñita-800

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *