Morera blanca

Nuestra flora. Por José Pérez Dávila

Morera blanca
Nuestra flora / Pérez Dávila

Familia: Moraceae.

Nombre: Morus alba L. (Morera blanca). Morus era el nombre latino de la morera y la zarzamora, que venía del griego móron, que deriva del indogermánico morom, zarzamora. Alba por su color, blanco. El género es de Tournefort aunque por motivos legales se atribuye hoy a Linneo.

Origen: De la China, donde se cultiva desde la antigüedad.

Descripción: Árbol con tronco pardo-grisáceo con látex, hojas dentadas, a veces lobuladas, flores unisexuales en amentos poco vistosas. Su fruto, la mora, puede ser blanco o de otro color.

Florece en primavera y sus frutos en verano.

A veces se asilvestra.

 

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Morus alba L. (Morera blanca).

 

Exigencias: No soporta el frio por lo que solo habita en zonas de clima templado; soporta bien la sequía y la contaminación.

Usos: Su madera se usó para fabricar instrumentos musicales y muebles, pero su principal utilización es la cría del gusano de seda, por lo que fue cultivada en muchas regiones de España. También es usada como ornamental.

Propiedades medicinales: No existen referencias en la antigüedad simplemente porque no era conocida por griegos y romanos.

Se usó su corteza y raíz contra la nefritis por su poder diurético.

Las moras son vermífugos y emolientes en los catarros de vías respiratorias.

En la actualidad, esta planta ha dejado de usarse como medicinal.

Componentes: Sus hojas contienen carbonato cálcico y tanino.

 

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Hojas de morera. Fotografía del autor.

 

Historia: Su hoja es el alimento del gusano de seda (Bombyx mori), origen de la Ruta de la seda que durante casi mil años fue camino de unión entre China y Europa. Comenzaba en Sian (actual Tailandia), pasando por la India, Pakistán, Afganistán, Turquestán, Kazajistán, Armenia, Irán, Irak, Siria hasta Constantinopla y Venecia. Esta ruta no solo traía seda sino todo tipo de productos y,lo que es más importante, ponía en contacto las civilizaciones de Oriente y de Occidente.

Hablar de la morera es hablar de la seda. Los chinos dominan la fabricación de seda desde hace unos 4.000 años, no en vano el árbol es autóctono de China donde se plantaban moreras salvajes y después se injertaban con las cultivadas.

Una vez formados los capullos eran sumergidos en agua hirviendo y a continuación se iba sacando el hilo de seda, que se teñía y tejía. Los capullos de seda se usaron como moneda de cambio en muchas transacciones a lo largo de la citada ruta.

Plinio el Viejo ya nos hablaba de la morera y la seda, y creía que era producida por el árbol. Séneca y Tiberio, entre otros, condenaban el uso de la seda al considerarlo un lujo más bien femenino. El emperador Divo Aurelio no quiso vestirse con ella por considerar excesivo y desorbitante su alto coste.

El cultivo de la morera se propagó a lo largo de la ruta de la seda. Fue traído a la península ibérica por los árabes junto a la seda, lo que dio origen a una floreciente industria que exportaba por todo el Mediterráneo. La seda se vendía a peso de oro, según Laguna. A partir del siglo XV y el comercio marítimo, tanto franceses como ingleses entraron en la fabricación de la seda, propagándose así aún más el cultivo de la morera. Más tarde, los Estados Unidos también entraron en la propagación de la morera con el mismo propósito.

 

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Leyendas y tradiciones Se cuenta que ante la prohibición por los chinos de sacar de allí el secreto de la seda, la novia del rey de Jotán escondió en su pelo varios gusanos y semillas de la morera, saliendo así de la China.

Se dice que fue el emperador Shennong quien enseñó a los chinos a cultivar la morera y cuidar los gusanos de seda, recomendando que se les protegiera de hombres sucios o que llevaran vino.

Cuenta una leyenda romana que en época lejana, las bayas púrpuras de la morera eran blancas. El cambio de color tuvo origen en un suceso triste: la muerte de dos jóvenes amantes, Píramo y Tisbe, dos jóvenes babilonios que se amaban pese a la prohibición de sus padres. Se comunicaban por una grieta en el muro que separaba sus casas. Así pudieron concertar una cita. Una noche quedaron en reunirse junto a una morera que había junto a una fuente para fugarse juntos. Tisbe llega la primera, pero una leona que volvía de cazar se acercó a beber de la fuente, la atemoriza y hace huir, cayéndosele el velo. La leona juguetea con el velo, manchándolo de sangre. Al llegar, Píramo descubre el velo manchado de sangre y, creyendo que la leona había matado a Tisbe, se suicida clavándose una espada. Tisbe, atemorizada, salió de su escondite y cuando llegó al lugar, descubriendo a su novio agonizante, lo abrazó y, a su vez, se suicidó. De su sangre viene el color púrpura o rojizo de las moras, según Ovidio.

Se cuenta que san Francisco de Asís descansó en Sangüesa (Navarra), golpeó con su báculo una roca del lugar y acto seguido creció allí un moral milagroso que curó muchas enfermedades, y a los niños de espanto (miedo) colgándoles un trozo de su madera al cuello. Hoy solo queda de ella un tronco seco muy mutilado por la continua acción de los fieles que quieren llevarse un trozo de ella.

 

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Bar El Moral en Morón de la Frontera. Fotografía del autor.

 

Localización: En Morón, además del monumental y singular moral del Bar el Moral, existen ejemplares en el campo de fútbol de la Alameda, pero desgraciadamente en el último mes se han talado 4 de las 10 moreras colocadas tras la portería norte del mismo, aunque esta vez parece ser que ha sido por responsables del deporte de Morón.

 

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